El Ibex 35 alcanza los 19.000 puntos por primera vez tras el acuerdo EEUU-Irán y el petróleo se desploma

La reapertura del Estrecho de Ormuz hunde el crudo más de un 4% y desata una ola de compras en la bolsa española. Banca, aerolíneas y construcción se disparan mientras las energéticas caen con fuerza.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Ibex 35 ha superado por primera vez los 19.000 puntos, su máximo histórico, tras el anuncio del acuerdo entre Estados Unidos e Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz. El crudo se desploma más de un 4%.
  • ¿Quién está detrás? Los inversores, con los valores turísticos (IAG), bancarios (Santander, BBVA) y de construcción al frente de las subidas. Repsol y las energéticas sufren el correctivo del petróleo.
  • ¿Qué impacto tiene? La caída del crudo alivia las presiones inflacionistas y podría suavizar el discurso de la Reserva Federal y del BCE. Para España, el desplome beneficia al turismo y a los sectores intensivos en energía.

El Ibex 35 ha cruzado este lunes la barrera de los 19.000 puntos por primera vez en su historia. El detonante ha sido el acuerdo entre Washington y Teherán para desbloquear el Estrecho de Ormuz, arteria por la que transita una quinta parte del petróleo mundial. La noticia, largamente esperada por los mercados, ha provocado un desplome superior al 4% en el barril de Brent, que ha vuelto a situarse en 83 dólares, niveles que no se veían desde antes del estallido del conflicto en Irán.

El pacto, que se rubricará el próximo viernes 19 de junio, disipa los temores a una escasez de suministro que había llevado el crudo a máximos de 126 dólares durante lo más duro de la crisis. El alivio es inmediato para las economías europeas, que ven cómo se aleja uno de los principales focos de tensión inflacionista justo cuando los bancos centrales calibran sus próximos movimientos.

El pacto que desbloquea Ormuz y hunde el petróleo

Donald Trump ha anunciado la reapertura inmediata del Estrecho de Ormuz, despejando una negociación que llevaba meses encallada. El Brent reacciona con un desplome que lo devuelve a la cota de 83 dólares, muy lejos de los 126 que alcanzó en los peores momentos de la guerra. Para la Eurozona, la caída del crudo supone un balón de oxígeno: la energía deja de ser el principal motor de la inflación y permite al BCE encarar su próxima reunión con menos presión para endurecer la política monetaria.

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En paralelo, los futuros de Wall Street avanzan con fuerza, con el Nasdaq apuntando a subidas cercanas al 2% en la apertura, mientras que las bolsas asiáticas —el Nikkei y el Kospi— han rebotado cerca del 5% en la madrugada. El optimismo es global y se extiende a la deuda: el bund alemán, referencia europea, vuelve a cotizar por debajo del 3%, y el bono español a diez años se relaja hasta el entorno del 3,40%.

Los grandes ganadores en el parqué español

El Ibex no solo ha superado los 19.000 puntos, sino que ha llegado a marcar 19.152 puntos en el intradía. Los sectores más sensibles a los costes energéticos se han disparado. IAG se ha convertido en el valor más alcista de la sesión, volando hacia los 5,2 euros por acción, liberada del lastre del combustible. Aena y Amadeus han seguido la estela alcista del turismo.

El sector financiero, el de mayor peso en el selectivo, ha sido determinante. Santander y BBVA han liderado las compras en un entorno de menores riesgos inflacionistas y tipos de interés más bajos. Las constructoras y concesionarias —Sacyr, Ferrovial, ACS— también han registrado avances destacados, beneficiadas por la perspectiva de un menor coste de la energía y de unos tipos que podrían moderarse antes de lo previsto.

La caída del crudo no solo despeja el horizonte para las aerolíneas: redefine las expectativas de inflación que el BCE observa con atención en Fráncfort.

En el lado opuesto, Repsol ha encajado un correctivo que replica el desplome del petróleo, y la presión se ha extendido a Enagás, Naturgy y Endesa. La jornada ha sido de rotación sectorial desde los valores energéticos hacia los cíclicos y financieros.

El Eje del Poder Europeo

La firma del acuerdo entre Estados Unidos e Irán es un terremoto geopolítico con claras repercusiones en el tablero europeo. La reapertura de Ormuz devuelve el foco a la crisis energética que vivió la UE en 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó los precios del gas y del petróleo. Aquel episodio forzó a la Comisión a lanzar el plan REPowerEU y aceleró la transición hacia las renovables. Ahora, la vuelta a la normalidad en el tránsito marítimo relaja los temores de suministro, pero reabre una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la resiliencia energética europea depende de terceros actores?

Para España, el desplome del crudo es una noticia doblemente positiva. Por un lado, el turismo —principal motor de la economía— recibe un espaldarazo, con IAG a la cabeza. Por otro, la reducción de las presiones inflacionistas da margen al Gobierno para negociar la siguiente fase del despliegue de los fondos Next Generation sin el apremio de unos precios desbocados. El precio del petróleo en niveles de hace dos años también alivia la factura energética de los hogares y de la industria, justo cuando Bruselas aprieta con la nueva regla de gasto.

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El BCE, que desde Fráncfort sigue de cerca cualquier indicio de inflación importada, podría encontrar en este movimiento un argumento adicional para pausar las subidas de tipos. Sin embargo, la lectura estratégica no es unívoca: un petróleo barato puede alimentar el consumo y reavivar presiones de demanda en unos meses. De momento, la reunión de la Reserva Federal del miércoles y la posterior reunión del Consejo de Gobierno del BCE a finales de mes serán los termómetros para calibrar el impacto real de este giro en Oriente Medio.

La geopolítica, una vez más, se impone a la pura técnica monetaria. Las capitales europeas observan el acuerdo con alivio, pero también con la cautela que exige un Estrecho que, durante meses, fue un polvorín. La próxima cumbre del Consejo Europeo, en la que el suministro energético figurará en la agenda, servirá para comprobar hasta qué punto las potencias comunitarias quieren capitalizar la nueva calma o prefieren acelerar la autonomía estratégica ante la volatilidad global.