La producción defensa India se dispara un 15% hasta récord de 21.000 millones

El ministro de Defensa Rajnath Singh cifra la producción récord en 21.000 millones de dólares, impulsada por el programa 'Make in India'. La autosuficiencia en munición ya alcanza el 90%, aunque el país sigue siendo el segundo mayor importador de armas del mundo.

La producción de defensa de la India ha batido todos los récords en el año fiscal 2025‑26, que finalizó el pasado mes de marzo. El ministro de Defensa, Rajnath Singh, ha confirmado que alcanzó los 21.000 millones de dólares, lo que supone un incremento del 15% respecto a los 18.000 millones del ejercicio anterior. La noticia, adelantada por el ministro en la red social X, corona una década de apuesta por la autosuficiencia bajo el paraguas del programa Make in India.

El salto de una industria que ha duplicado su valor en cuatro años

Singh ha calificado la cifra como ‘un salto gigantesco’ si se compara con los 8.940 millones de 2020‑21 y con los 4.620 millones que registraba el sector en 2013‑14. En ese lapso, la producción india de munición ha pasado de cubrir apenas un 32% de la demanda nacional en 2014 a producir el 90% de manera doméstica en 2026. Detrás de esta transformación se encuentra un ecosistema que integra nueve empresas públicas, más de 430 compañías privadas con licencia y miles de pymes.

El programa Make in India ha sido el motor político y financiero. Nueva Delhi ha destinado 14.700 millones de dólares del presupuesto de defensa del actual ejercicio fiscal —el 15% del gasto federal total— exclusivamente a adquisiciones a la industria local. El objetivo declarado es reducir la dependencia de importaciones y, al mismo tiempo, convertir al país en un exportador de armamento.

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Sin embargo, la India sigue siendo el segundo mayor importador de armas del planeta. Según datos del SIPRI, en 2025 destinó 92.100 millones de dólares a gasto militar, que la sitúan como quinta potencia mundial. Rusia, Francia e Israel continúan siendo sus tres principales suministradores. El auge de la producción autóctona no ha eliminado los enormes volúmenes de compra externa, pero está empezando a cambiar la ecuación.

Para el miembro del Quad y socio preferente de Washington, la apuesta por la autonomía industrial es también una declaración geopolítica. Contar con una base industrial propia —capaz de fabricar munición, misiles, blindados o sistemas navales— le permite negociar desde una posición de mayor fortaleza con los bloques tradicionales de suministro.

India ya no quiere ser el segundo mayor importador de armas del mundo; aspira a colocarse como exportador en el tablero global.

El equilibrio de poder en juego

La transformación de la India afecta directamente al eje Washington-Moscú-Bruselas. La Casa Blanca ve con buenos ojos que un aliado estratégico en el Indo-Pacífico reduzca su dependencia de la industria rusa —Moscú sigue siendo el primer suministrador histórico— y, al mismo tiempo, aumente su gasto militar. La administración Trump, que exige a todos los socios de las alianzas que alcancen el 5% del PIB en defensa, encontrará en estas cifras un argumento para presionar a otras capitales. La India, con un gasto cercano al 2,5% de su PIB, no está en la diana del Pentágono, pero sí se convierte en un modelo de ‘hazlo tú mismo’ que Washington quiere exportar.

Para la Unión Europea, el ascenso industrial indio abre una ventana de cooperación. Bruselas busca socios fiables para contrapesar la influencia china en la cadena de suministro de defensa y ya explora acuerdos de investigación conjunta con Nueva Delhi. El reciente interés de la India por integrar componentes europeos en sus nuevos programas navales y aéreos apunta a un reequilibrio de sus alianzas históricas, que hasta ahora privilegiaban los sistemas rusos y franceses.

Sobre España, el impacto es menos directo pero no irrelevante. Las grandes contratistas nacionales —Navantia, Indra o Airbus Defence and Space— han empezado a posicionarse en el mercado indio con capacidades en sistemas de combate, electrónica y diseño naval. Si la India acelera la sustitución de plataformas rusas, las oportunidades para la industria española podrían multiplicarse, siempre que las barreras regulatorias y la competencia de actores como Corea del Sur o Francia no lo impidan. La lectura para Moncloa es clara: el Ministerio de Defensa y la Secretaría de Estado de Comercio deben reforzar la diplomacia industrial con Nueva Delhi si no quieren quedarse fuera de un mercado que, en esta década, va a mover miles de millones de dólares en licitaciones.

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En el horizonte de cinco a diez años, cabe esperar que la India complete el ciclo de sustitución de importaciones en sectores clave —munición, misiles tácticos y algunos sistemas terrestres—, pero siga dependiendo de la tecnología extranjera para los programas de aviones de combate de quinta generación, submarinos nucleares o sistemas antimisiles balísticos. Lo que está en juego no es solo el mercado de defensa; es la aspiración de Nueva Delhi de ejercer como potencia autónoma en un mundo que se fragmenta.