Washington ha decidido que la defensa de Europa ya no es su prioridad inmediata, y los aliados europeos han empezado a mover ficha. La OTAN confirmó ayer que los países del Viejo Continente asumirán la mayoría de los activos estadounidenses —aviones de combate, drones, buques y submarinos— que la administración Trump retira del teatro europeo. Un movimiento que, según fuentes de la Alianza, obligará a España a duplicar su presupuesto de defensa para no quedarse atrás en el reparto de cargas.
50.000 millones en activos que Europa debe reemplazar de inmediato
La salida, filtrada por Reuters a partir de un mando militar anónimo, afecta a un tercio de los F-15, la quinta parte de los aviones cisterna KC-135 y KC-46, la mitad de los drones Reaper y de los bombarderos estratégicos, además de la mitad de los portaviones y destructores que la US Navy mantenía asignados a la defensa colectiva. El valor conjunto de esos medios, según la estimación que maneja la Alianza, oscila entre 40.000 y 50.000 millones de dólares.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aseguró ayer en Bruselas que los aliados europeos “ya tienen o tendrán en el futuro próximo la mayoría de las capacidades que los Estados Unidos dejan de ofrecer”. No se trata de un llamamiento: es un hecho consumado. La doctrina America First cumple su cuarta vuelta de tuerca y traslada al contribuyente europeo la factura de un paraguas militar que hasta ahora financiaba Washington.
El repliegue estadounidense no es total ni improvisado. A mediados de mayo, el Pentágono ya había anunciado la retirada de un equipo de combate de brigada —más de 4.000 soldados— de Europa, aunque Trump matizó el gesto desplegando 5.000 efectivos adicionales en Polonia tras la elección del presidente Karol Nawrocki. La señal es clara: la relación con los aliados dependerá cada vez más del alineamiento político con la Casa Blanca.
El fin de la co-dependencia malsana con las fuerzas de Estados Unidos ya no es una advertencia; es la nueva arquitectura de seguridad que Europa tendrá que pagar.
¿Qué significa para España duplicar el gasto militar?
Los nuevos objetivos de capacidad que prepara la OTAN bajo la iniciativa NATO 3.0 —avalada por Trump y el secretario de Defensa Pete Hegseth— apuntan a que los socios europeos alcancen un suelo de gasto muy por encima del 2% del PIB que se fijó en 2014. Para España, que en 2025 destinó a defensa el 1,28% del PIB, el salto supone duplicar la partida en un plazo de tres ejercicios. Sobre el papel, eso significa pasar de unos 14.000 millones de euros actuales a más de 28.000 millones, un esfuerzo fiscal que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha presupuestado en ningún escenario.
Las implicaciones van más allá del número. Empresas como Navantia, Indra, ITP Aero o Expal podrían acelerar sus programas de I+D militar si el gasto se canaliza hacia la industria nacional, pero el coste de oportunidad en otras partidas es evidente. El dilema español no es ya si invertir en defensa, sino qué recortar para cuadrar las cuentas.
La Lógica de Washington
Desde la óptica del Ala Oeste, el repliegue tiene una coherencia estratégica inobjetable. El presidente Trump y su equipo —con el general Alexus Grynkewich, comandante del Comando Europeo de EE.UU., como portavoz— consideran que la defensa de Europa es una carga fiscal que ya no pueden sostener mientras el desafío chino en el Pacífico reclama todos los recursos navales y aéreos disponibles. “La posible realidad de un conflicto simultáneo lo exige”, ha repetido Grynkewich.
Esa lógica tiene un precedente exacto: en 1984, el presidente Reagan impuso aranceles al acero japonés y alemán porque consideraba que la seguridad económica de Estados Unidos no podía depender de la producción extranjera. Cuarenta años después, el argumento se traslada a la defensa: la seguridad militar no puede depender de un contribuyente americano que paga el 70% del presupuesto de la Alianza. La diferencia es que ahora se espera que los europeos produzcan su propia disuasión, no que la compren en Kansas.
La jugada, además, está bien calculada políticamente. La base electoral de Trump —golpeada por la inflación y ajena a la geopolítica europea— celebra que los aliados paguen por fin. Y en el Congreso, incluso demócratas pragmáticos admiten que el reparto debía corregirse, aunque discrepen de la velocidad. Para Washington, la operación es un dos por uno: músculo para el Pacífico y alivio fiscal.
Ficha del Caso
- El caso: La OTAN confirma que los aliados europeos reemplazarán la mayoría de los activos estadounidenses que Trump retira del teatro europeo, valorados en unos 50.000 millones de dólares. El movimiento fuerza a España a duplicar su gasto militar para cumplir los nuevos objetivos de la Alianza.
- Datos clave: Se repliegan un tercio de los F-15, la mitad de los drones Reaper, la mitad de los bombarderos estratégicos y casi la mitad de destructores y submarinos. El gasto militar español, del 1,28% del PIB, debería alcanzar más del 2,5% en tres años, lo que exigiría un esfuerzo fiscal de unos 14.000 millones de euros adicionales.
- Para España: El Gobierno de Sánchez deberá encajar una factura que equivale a casi un punto del PIB en un escenario de déficit ajustado. Los sectores de la industria de defensa se beneficiarán, pero la decisión abrirá un debate presupuestario sin precedentes en el Congreso de los Diputados.

