Nunca más dudes: lo que la Ley de Bienestar Animal dice sobre entrar con tu perro a un bar o restaurante

La Ley 7/2023 deja en manos del hostelero permitir o no el acceso a animales de compañía, pero exige un distintivo visible y condiciones higiénicas. Si dejas al perro atado en la puerta, la multa puede llegar a 10.000 euros.

Has planeado un vermú con amigos, el día acompaña y tu perro te mira con esos ojos que lo dicen todo. Pero en la puerta del bar, la duda: ¿puede pasar? ¿Me van a echar? ¿Y si me multan? La respuesta, como casi todo en esta vida, depende. Y la Ley de Bienestar Animal (Ley 7/2023) tiene bastante que decir al respecto. No eres el único: en España convivimos con cerca de 30 millones de mascotas, de las cuales 7,5 millones son perros. Cada vez más dueños los incluyen en sus planes de ocio, y la normativa sobre perros en bares la ley intenta poner orden a un vacío que antes dependía de cada comunidad autónoma.

El secreto del éxito

  • El bar decide, no la ley. Los establecimientos pueden facilitar el acceso a animales de compañía, pero no están obligados. Si no quieren perros, deben colocar un cartel visible desde el exterior. Si no hay señal, no pueden echarte (salvo que el animal cause problemas).
  • Los perros de asistencia, siempre. Acompañantes de personas invidentes, de las Fuerzas Armadas o de seguridad… la ley les da paso franco. Ni el bar más quisquilloso puede negarles la entrada.
  • Tu responsabilidad es total. Tú garantizas la higiene, el control y el buen comportamiento del animal. Si es un PPP (perro potencialmente peligroso), el bozal es obligatorio. Y nada de dejar atado al perro en la puerta: es maltrato y conlleva multas.

Ingredientes

  • Correa (y bozal si tu perro lo requiere)
  • Bolsa para excrementos (por si acaso)
  • Cartilla sanitaria actualizada (nunca se sabe)
  • Agua y un cuenco plegable (muchos bares ya los ofrecen, pero por si las moscas)
  • Sentido común y buena educación

Con los ‘ingredientes’ listos, el siguiente paso es elegir local. Fíjate en si tiene un cartel en la entrada. La ley obliga al hostelero a señalizar de forma visible si prohíbe el acceso. Si no ves nada, puedes asumir que entras sin problema. Ahora bien, eso no significa que puedas pasear por la cocina. Los animales no pueden pisar la zona de manipulación de alimentos, almacenes ni vestuarios del personal. Si el bar tiene cocina abierta, el dueño decidirá si la distribución permite garantizar la seguridad. Por eso, aunque te reciban con un cuenco de agua, mejor quédate en la terraza o en la barra lejos de los fogones.

Una vez dentro, la responsabilidad es toda tuya. El perro debe estar limpio, sano y bajo control. La ley prohíbe expresamente que el animal perturbe la convivencia con otros clientes o suponga un riesgo. Y aquí viene el punto crítico: olvídate de atarlo a la farola. Si el local no admite mascotas, dejarlo en la calle mientras tomas algo se considera abandono y maltrato. La multa puede oscilar entre 500 y 10.000 euros, según la gravedad. Más te vale buscar otro bar.

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Dejar al perro atado en la puerta ya no es una opción: la ley lo tipifica como maltrato y la multa puede arruinarte el vermú.

Pero ojo, que hay más. La normativa también contempla sanciones para quienes incumplen otras obligaciones: llevar al animal sin microchip, dejarlo sin supervisión más de 24 horas o, en casos muy graves, organizar peleas o usarlo para consumo humano (sí, existe esa barbaridad). Las multas graves llegan hasta 50.000 euros y las muy graves hasta 200.000, además de posibles consecuencias penales.

Variaciones y maridaje

¿Y si el bar no admite perros? No pasa nada: cada vez más locales son ‘dog friendly’ y lo anuncian en sus redes o en la misma puerta. Puedes consultar aplicaciones y guías especializadas o, simplemente, llamar antes para preguntar. Otra opción es buscar terrazas al aire libre, donde la flexibilidad suele ser mayor. Eso sí, si llevas un gato, la mayoría de bares ni se lo plantean; la ley no distingue entre especies, pero el sentido común y el respeto a otros comensales mandan.

Un caso especial son los perros de asistencia. Como decíamos, su acceso es incondicional, y cualquier empleado que les cierre el paso puede enfrentarse a una denuncia. Así que si tienes un perro guía o de servicio, cuentas con todas las de la ley.