EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El presidente polaco Karol Nawrocki retiró este viernes la Orden del Águila Blanca a Volodimir Zelenski en respuesta al nombramiento de una unidad militar ucraniana con el nombre de la UPA, grupo que ejecutó una limpieza étnica contra polacos en Volinia entre 1943 y 1945.
- ¿Quién está detrás? El presidente polaco, de línea nacionalista, en un contexto de tensiones históricas y migratorias. El gobierno de Donald Tusk, de centro-derecha, intenta contener el daño diplomático.
- ¿Qué impacto tiene? La ruptura pone en riesgo la alianza clave frente a Rusia, desestabiliza el flanco oriental de la OTAN y reabre heridas históricas en plena negociación de la adhesión de Ucrania a la UE.
El presidente polaco Karol Nawrocki revocó ayer, viernes 19 de junio, la Orden del Águila Blanca, máxima condecoración del país, al mandatario ucraniano Volodimir Zelenski. El gesto, sin precedentes en los tres siglos de historia de la distinción, responde a la decisión de Kiev de bautizar una unidad de operaciones especiales con el nombre de «Héroes de la UPA», el Ejército Insurgente Ucraniano que masacró a decenas de miles de polacos en la región de Volinia entre 1943 y 1945.
La revocación de la Orden del Águila Blanca: un gesto sin precedentes
Nawrocki, historiador especializado en crímenes nazis y soviéticos contra Polonia, justificó la medida asegurando que «no debemos traicionar los sacrificios de nuestros antepasados con el silencio». Insistió en que su decisión no altera la política estratégica de Varsovia en la guerra, pero subrayó que poner el nombre de los criminales de la UPA a una unidad militar «tiene un significado que va mucho más allá de los asuntos internos de Ucrania».
La UPA es recordada en Ucrania como una fuerza que combatió tanto a nazis como a soviéticos por un Estado independiente, pero en Polonia evoca la limpieza étnica de Volinia, donde entre 40.000 y 100.000 polacos fueron asesinados con extrema violencia. La herida, nunca cerrada, se reabrió cuando Zelenski firmó en mayo el decreto que creaba la unidad «Héroes de la UPA», un gesto que hizo caer la imagen del líder ucraniano entre los polacos: un 51,9 % declaró en una encuesta de SW Research que su opinión sobre Ucrania había empeorado tras la polémica.
Kiev responde y la política interna polaca calienta el conflicto
El ministro de Exteriores ucraniano, Andriy Sybiha, calificó la retirada de la medalla como «un error estratégico del que solo se beneficia Moscú». En Bruselas, durante una reunión con el primer ministro polaco, Donald Tusk, Zelenski evitó referirse directamente al choque histórico y prefirió destacar la fortaleza de la relación bilateral: «Agradezco a Polonia por apoyar a Ucrania desde el primer día de la invasión rusa».
Tusk, rival político de Nawrocki, ha intentado contener la escalada. Advirtió de que «el conflicto sirve a los intereses de Moscú» y pidió un encuentro entre ambos presidentes para limar asperezas. La disputa ha caldeado también el debate interno: el viceministro Andrzej Szeptycki, de ascendencia polaco-ucraniana, fue acusado de «traición nacional» por diputados del opositor PiS tras comparar a la UPA con los guerrilleros anticomunistas polacos de posguerra.
La decisión de Varsovia no es un gesto aislado: es la señal de que la memoria histórica puede pesar más que la urgencia geopolítica en el flanco oriental de Europa.
El Eje del Poder Europeo
La retirada de la Orden del Águila Blanca va más allá de un rifirrafe diplomático. Golpea uno de los pilares de la alianza antirrusa: Polonia ha sido desde 2022 la principal plataforma logística para el envío de armas a Ucrania y el país que más refugiados ha acogido, cerca de 1,5 millones. Cualquier grieta entre Varsovia y Kiev resuena inmediatamente en la OTAN y en la UE, donde la unidad frente a Moscú es la prioridad estratégica.
Para España, el envite tiene lecturas prácticas inmediatas. Madrid mantiene un contingente de 350 militares en Letonia dentro de la misión de disuasión aliada y depende de un flanco oriental estable para que la tensión no se desplace al Báltico. Además, las negociaciones de adhesión de Ucrania a la UE —que España ha apoyado con entusiasmo— exigen que todos los Estados miembros estén alineados, y Varsovia ha dejado claro que las disputas históricas no resueltas pueden bloquear el proceso tanto como los asuntos agrícolas o migratorios.
La fractura se produce en un momento delicado: la campaña electoral polaca del próximo año empuja al presidente Nawrocki y al PiS a marcar perfil nacionalista, mientras Tusk intenta preservar el consenso europeísta heredado de su predecesor. El riesgo no es menor: si la memoria de Volinia se convierte en munición política, el verdadero ganador será el Kremlin, que sigue apostando por la división en el seno de la Unión. La próxima visita de Zelenski a Polonia, aún sin fecha confirmada, será la primera prueba de fuego para ver si la diplomacia puede apagar un fuego que la historia mantiene encendido.
