EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Parlamento iraní debate una ley para prohibir el paso de buques de Estados Unidos e Israel por el estrecho de Ormuz e imponer tasas de hasta el 7% a otras banderas.
- ¿Quién está detrás? El Majlis (Parlamento iraní) impulsa la medida con el respaldo del gobierno de Teherán. Washington ya ha advertido que la vía es internacional y que no aceptará peajes.
- ¿Qué impacto tiene? La amenaza podría disparar el precio del petróleo a escala global. España, que importa entre un 10% y un 15% de su crudo por esta ruta, vería un encarecimiento directo de la energía.
El Parlamento iraní ha puesto este jueves sobre la mesa una ley que podría estrangular una de las arterias energéticas más importantes del mundo. La propuesta, difundida por la agencia estatal iraní, busca prohibir el tránsito de buques con bandera de Estados Unidos e Israel por el estrecho de Ormuz, e imponer a las demás banderas una tasa de hasta el 7% del valor de su carga.
El proyecto de ley no solo apunta a los dos países considerados ‘hostiles’ por Teherán. También prevé una multa del 20% del valor de la carga para cualquier naviera que incumpla las nuevas reglas. La medida, según la televisión estatal iraní, se mantendría vigente hasta que Irán reciba compensaciones por los daños sufridos durante los conflictos bélicos de las últimas décadas.
El proyecto de ley: prohibición y tasas al tránsito
Los detalles legislativos aún se están discutiendo en el Majlis, pero el borrador deja clara la intención: condicionar el paso por Ormuz al pago de un peaje y, en el caso de EE. UU. e Israel, vetarlo por completo. Irán argumenta que los costes de las guerras y las sanciones internacionales le dan derecho a controlar el estrecho, una interpretación que choca frontalmente con el derecho marítimo internacional.
De forma paralela, Teherán anunció ayer que está cerca de cerrar un acuerdo con Omán para que sus propios buques puedan transitar por rutas aprobadas dentro del estrecho. La jugada parece diseñada para blindar sus exportaciones mientras se reserva la potestad de cobrar a los demás. Desde Washington, sin embargo, el mensaje es tajante: ningún acuerdo bilateral puede limitar un paso que, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, es una vía de tránsito internacional.
La respuesta de Washington: ‘El estrecho es internacional’
Un alto funcionario de la administración Trump, citado por la radio pública NPR, fue contundente: «El estrecho de Ormuz es una vía marítima internacional. Ningún barco que utilice rutas de tránsito temporales puede estar sujeto a peajes u otros gravámenes». La declaración no deja espacio para el matiz y anticipa una respuesta enérgica si Teherán intenta imponer la ley.
No es la primera vez que Washington saca músculo en el Golfo Pérsico para defender la libre navegación. Durante la guerra entre Irán e Irak, en los años 80, la marina estadounidense escoltó a petroleros kuwaitíes en la Operación Earnest Will. Aquel despliegue sentó un precedente que hoy vuelve a cobrar actualidad: para Estados Unidos, el flujo ininterrumpido de crudo a través de Ormuz no es solo una cuestión económica, sino un pilar de su propia doctrina de seguridad nacional.
La libre navegación por Ormuz no es negociable para Washington: mantener el estrecho abierto es una línea roja que afecta a la estabilidad de todo el mercado energético global.
La Lógica de Washington
Cada día, cerca de 21 millones de barriles de petróleo cruzan el estrecho de Ormuz, aproximadamente una quinta parte del consumo mundial. Cualquier disrupción, por pequeña que sea, tiene un efecto inmediato en los precios y en la confianza de los mercados. Washington lo sabe y, por eso, ha mantenido una presencia naval constante en la región desde hace décadas. La doctrina es clara: nadie puede cerrar ese grifo sin pagar un coste muy alto.
Desde el Despacho Oval, la lectura va más allá del petróleo. Aceptar que Irán cobre un peaje o prohíba el paso a determinadas banderas sentaría un precedente peligroso que otros países podrían imitar en el canal de Suez, el estrecho de Malaca o el mar del Sur de China. Por eso, la administración Trump ha reaccionado antes incluso de que el proyecto de ley se vote: quiere dejar claro que no habrá negociación posible sobre un derecho de paso que considera inalienable.
Para España, las implicaciones son directas. Según datos del sector energético, entre un 10% y un 15% del crudo que importa el país transita por Ormuz. Una subida repentina del precio del petroleo —provocada por la mera incertidumbre— encarecería la factura energética nacional y añadiría presión inflacionista sobre una economía que aún intenta consolidar la recuperación. Las empresas españolas con intereses en el transporte marítimo, como las navieras que operan rutas con Oriente Medio, verían también un aumento inmediato de las primas de seguro y del coste de los fletes.
En Bruselas, la postura está alineada con Washington. La UE defiende la libertad de navegación y, de hecho, mantiene su propia misión naval en la zona (EMASoH) para proteger el tráfico mercante. Lo que aún no está claro es cómo reaccionaría Madrid si la crisis escala: el gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido tradicionalmente un perfil dialogante con Teherán, pero una medida que ponga en riesgo el suministro energético obligaría a tomar partido sin ambages.
Ficha del Caso
- El caso: El Parlamento iraní estudia una ley que prohibiría el paso de buques de EE. UU. e Israel por el estrecho de Ormuz e impondría tasas de hasta el 7% del valor de la carga a las demás banderas, hasta que Irán reciba compensaciones por daños de guerra.
- Datos clave: El estrecho canaliza unos 21 millones de barriles diarios, una quinta parte del crudo mundial. El proyecto incluye multas del 20% para quien incumpla y se complementa con un acuerdo con Omán para proteger los barcos iraníes.
- Para España: La escalada de tensión encarecería el crudo que llega por esta vía —entre el 10% y el 15% de las importaciones españolas— y dispararía los costes de fletes y seguros. Madrid y Bruselas deberán alinearse con Washington si la amenaza se materializa.

