La línea de transmisión NECEC, que debía traer hidroelectricidad de Quebec a Nueva Inglaterra, ha empezado con mal pie: 27 días de inactividad en sus primeros seis meses y un flujo neto de energía renovable apenas superior al que ya llegaba por la infraestructura antigua, lo que pone en duda su aportación real a la descarbonización de la región.
Una obra faraónica con una promesa de 9,55 TWh al año
El proyecto New England Clean Energy Connect (NECEC) nació de una ley de Massachusetts de 2016 que obligaba al estado a adquirir 1,2 gigavatios adicionales de energía renovable. La apuesta fue clara: contratar con la compañía pública canadiense Hydro-Québec para aprovechar sus abundantes recursos hidroeléctricos y construir una nueva línea de transmisión de 145 millas a través de Maine. El contrato firmado prevé 9,55 teravatios-hora (TWh) al año, el equivalente a cerca del 20% de la demanda eléctrica anual de Massachusetts.
Las obras, paralizadas en 2021 por un referéndum y retomadas en 2023 tras un fallo judicial, culminaron en enero de 2026 con la puesta en marcha del cable. Las autoridades demócratas y los grupos ecologistas lo celebraron como un hito para los objetivos renovables del estado y una vía para abaratar las facturas eléctricas de los hogares.
La realidad de los primeros seis meses: apagones y sequía
Los datos operativos cuentan otra historia. A finales de abril, Hydro-Québec había exportado por el NECEC unos 2,4 TWh, un ritmo que, de mantenerse, apenas alcanzaría la mitad de lo comprometido para el año completo. Además, el cable ha estado completamente inactivo durante 27 días en ese lapso, con parones que van desde medio día hasta casi dos semanas continuas a finales de mayo y principios de junio. La compañía atribuye los cortes a “dificultades técnicas” y asegura que es normal un periodo de ajuste en infraestructuras nuevas.
Pero el problema de fondo no es solo técnico. Quebec arrastra varios años de sequía, lo que ha mermado la capacidad de sus embalses. Como la primera obligación de Hydro-Québec es abastecer el mercado doméstico canadiense, los excedentes exportables se han reducido drásticamente. De hecho, las exportaciones por la línea antigua (Phase 2) han caído a mínimos históricos: en los primeros cuatro meses de 2026 apenas superaron el medio teravatio-hora, frente a los más de 12 TWh que llegaron a circular en 2019.
El resultado neto es desalentador. Según Dan Dolan, presidente de la Asociación de Generadores de Nueva Inglaterra, “no estamos viendo mucho flujo neto nuevo procedente de nuestros vecinos”. Las importaciones totales desde Quebec apenas superan las de 2025, que ya fueron las más bajas jamás registradas. Peor aún: en ese mismo periodo, Nueva Inglaterra ha llegado a exportar más de 500 gigavatios-hora hacia Canadá por la línea Phase 2, una anomalía que antes de 2025 era excepcional.
El NECEC no está añadiendo energía renovable al sistema, solo está cambiando la carretera por la que viaja la misma cantidad de electricidad.
Esa electricidad que sale hacia el norte se genera en gran medida con gas natural, la fuente dominante en Nueva Inglaterra. Es decir, mientras la región recibe hidroelectricidad, sigue quemando combustibles fósiles para enviar energía a Quebec, lo que neutraliza buena parte del beneficio climático esperado.
La letra pequeña del contrato: los consumidores, a salvo (de momento)
El contrato entre Massachusetts e Hydro-Québec incluye cláusulas de penalización: si la empresa canadiense no entrega la energía comprometida, debe compensar económicamente a las distribuidoras por el coste de la electricidad de sustitución. Joseph LaRusso, del grupo climático Acadia Center, confirma que los consumidores no deberían sufrir un impacto financiero directo a corto plazo.
Sin embargo, esa red de seguridad no resuelve el problema de fondo: la región necesita reducir sus emisiones, y el NECEC no está aportando la potencia renovable extra que se le suponía. La reciente entrada en funcionamiento de otra línea, el Champlain Hudson Power Express —que empezó a llevar electricidad de Quebec a Nueva York este mismo mes— añade más presión sobre unos recursos hídricos ya mermados y podría agravar la escasez de excedentes hidroeléctricos para Nueva Inglaterra.
¿Un futuro más húmedo o una apuesta demasiado arriesgada?
Los defensores del proyecto confían en que la sequía actual es coyuntural. Gilbert Bennett, asesor de WaterPower Canada, recuerda que los modelos climáticos apuntan a condiciones más húmedas en Quebec a largo plazo gracias al cambio climático, y que la provincia está invirtiendo en más capacidad hidroeléctrica y eólica terrestre. “A largo plazo, vemos un futuro brillante”, asegura.
Pero la historia reciente de la hidroelectricidad canadiense ya ha dado varios sustos a sus clientes del sur. Los embalses que deberían amortiguar los periodos secos han estado bajo mínimos durante tres años consecutivos, y la creciente electrificación del transporte y la calefacción en ambos lados de la frontera disparará la demanda. Apostarlo todo a un solo recurso sujeto a la variabilidad climática puede resultar una estrategia frágil, sobre todo cuando el cronómetro de la descarbonización aprieta.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Hasta abril de 2026, el NECEC ha transportado 2,4 TWh, lejos de los 9,55 TWh/año contratados, y no ha incrementado significativamente el suministro renovable neto de Nueva Inglaterra.
- Modelo que cambia: La dependencia de una única fuente hidroeléctrica sometida a sequías recurrentes cuestiona la viabilidad de los grandes contratos bilaterales como pilar de la transición energética.
- Para las próximas generaciones: La región necesitará diversificar con más solar, eólica marina y almacenamiento si quiere cumplir sus objetivos climáticos sin exponerse a la incertidumbre hídrica.

