Los retos de las Hogueras de Alicante: masificación, crisis climática y financiación ante el centenario

La masificación turística, el calor extremo y la escasez de fondos públicos tensionan la fiesta alicantina en la víspera de la Cremà. El Ayuntamiento y la Federación de Hogueras buscan soluciones ante un centenario que asoma con más incógnitas que certezas.

Alicante apenas superaba los 70.000 habitantes en 1928, cuando nacieron las Fogueres de Sant Joan. Este 23 de junio, víspera de la Cremà (la quema de los monumentos), la ciudad encara la fiesta con más de 366.000 empadronados y tres retos que pesan más que la pólvora: la masificación turística, el calor extremo y una financiación pública cada vez más ajustada.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La segunda jornada de la Ofrenda de Flores se retrasó 45 minutos por la ola de calor, y la Policía limitó el acceso a la plaza de Luceros media hora antes de la mascletà para controlar las aglomeraciones.
  • ¿Quién está detrás? La Federación de Hogueras, el Ayuntamiento de Alicante y la Conselleria de Emergencias, que ayer activó el nivel amarillo por temperaturas extremas.
  • ¿Qué impacto tiene? Por primera vez se restringe el paso a los portales cercanos a la mascletà y los servicios de limpieza se ven claramente desbordados; la organización admite que el programa de actos deberá revisarse de cara al próximo año.

Masificación y seguridad: cuando la fiesta colapsa la ciudad

Las Hogueras de Alicante nacieron con una vocación promocional. José María Py, un gaditano que había vivido en València, adaptó la tradición de las hogueras de San Juan a un formato de monumentos de cartón-piedra muy similar al de las Fallas. La intención era clara: convertir la ciudad en un destino turístico. Casi un siglo después, aquel propósito se ha cumplido con creces, y la masificación se ha vuelto uno de los mayores quebraderos de cabeza de los organizadores.

Este año, la plaza de Luceros —donde se dispara la mascletà diaria a las dos de la tarde— ha visto por primera vez cómo la Policía corta el paso a los vecinos de los portales media hora antes del inicio para evitar avalanchas. Los límites de aforo se han convertido en una necesidad, y la imagen de la plaza desbordada es ya una constante. El dispositivo de seguridad se ha tensado porque el espacio no da más de sí, y la afluencia masiva complica también la limpieza: en la mañana del lunes, los racós—los recintos festeros—amanecieron llenos de residuos y con un olor inconfundible a orines.

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La suciedad ha estado a punto de convertirse en un problema mayor. Según fuentes municipales, el Ayuntamiento negoció in extremis para evitar una huelga de los trabajadores de la limpieza que habría paralizado la ciudad. El pulso se salvó, pero la amenaza no desaparece: sin un refuerzo estructural, la imagen de las calles tras una noche de fiesta seguirá siendo la postal menos deseada.

El calor que obliga a reescribir el programa

La Conselleria de Emergencias de la Generalitat Valenciana activó ayer el nivel amarillo por calor,, y la Federación de Hogueras tomó una decisión inédita: retrasar 45 minutos el inicio de la segunda jornada de la Ofrenda de Flores, que pasó de las seis a las seis y cuarenta y cinco de la tarde. El termómetro ya no es solo un dato meteorológico, es un factor de programación que obliga a reconsiderar los horarios de los actos más multitudinarios.

La mascletà de las dos de la tarde, sin embargo, es inamovible. Para proteger al público, se reparten sombreros y abanicos de forma gratuita, y la megafonía instalada insiste en la hidratación constante. Pero hay quien ya lucha en los juzgados para que el espectáculo pirotécnico se traslade de la plaza de Luceros a otro lugar, alegando daños en la fuente de Bañuls. El Ayuntamiento defiende que no hay mejor emplazamiento, aunque las imágenes de la plaza atestada, con el sol cayendo a plomo, cuentan otra historia.

Lo que nació como una estrategia de promoción turística se enfrenta hoy a su propio éxito: la ciudad que inventó las Hogueras para atraer visitantes se ve ahora desbordada por ellos.

Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) muestran que los episodios de calor extremo se acumulan en los últimos años, y Alicante no es ajena a una tendencia que afecta a toda la fachada mediterránea. Las fiestas de calle, tal y como fueron concebidas, chocan con un clima que ya no admite discusión.

El Escenario Valenciano

Las finanzas son el tercer vértice de la presión. Las quejas por la tardanza de las subvenciones han protagonizado las jornadas previas, y los problemas de costes se han colado incluso en los monumentos, donde no faltan las sátiras políticas que denuncian la escasez de recursos. Se pide más dinero para los premios de las mascletaes, para los fuegos artificiales y para la construcción de los monumentos. Los racós se llenan de anuncios publicitarios, una fórmula que, aunque suene mercantilista, no se aleja del propósito original de los fundadores: ver en las Fogueres una herramienta de promoción y prosperidad para la ciudad.

En el plano político, la financiación de la fiesta implica a varias administraciones. El Ayuntamiento de Alicante, gobernado por el PP, y la Generalitat Valenciana, en manos del pacto PP-Vox, comparten responsabilidades presupuestarias. Las demandas de la Federación chocan con unos recursos públicos limitados y una planificación que, a menudo, llega tarde. La próxima negociación de las ayudas para 2027 será una prueba de fuego.

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La dimensión nacional no es menor: el debate sobre la masificación turística y la adaptación de las fiestas al cambio climático trasciende a Alicante. Ciudades como Barcelona, Palma o Málaga viven dilemas similares, y las Hogueras se convierten en un laboratorio de cómo una celebración de Interés Turístico Internacional puede reequilibrar la afluencia de visitantes con la vida cotidiana. El Gobierno central aún no ha movido ficha en lo que respecta a estándares de seguridad y sostenibilidad para eventos masivos, pero el centenario de 2028 podría acelerar el debate.

La proyección es clara: cuando en 2027 se diseñe el programa del próximo año, la Federación y el consistorio deberán sentarse con un plan que integre horarios más flexibles, refuerzos de limpieza y un modelo de financiación más estable. El centenario asoma con la promesa de una celebración única, pero también con la exigencia de que la fiesta no colapse antes de llegar a la cita.

Ficha del Caso

  • El caso: Las Hogueras de San Juan de Alicante, en su edición de 2026, evidencian tres tensiones estructurales: masificación turística, impacto del calor extremo y necesidad de más financiación pública, a dos años de su centenario.
  • Datos importantes: 366.000 habitantes empadronados (1928: 70.000); límite de aforo en plaza de Luceros y retenes policiales; activación de nivel amarillo por calor el 22 de junio; retraso de 45 minutos en la Ofrenda; amenaza de huelga de limpieza.
  • Resumen: La fiesta que nació como imán turístico se ve hoy desbordada por su propio éxito y por un clima que obliga a repensar horarios y espacios. La negociación de las subvenciones y la planificación del centenario de 2028 marcarán el futuro de las Fogueres.