La publicación de un nuevo libro de los periodistas del New York Times Maggie Haberman y Jonathan Swan ha destapado una conversación telefónica en la que Donald Trump amenazó a Benjamin Netanyahu con un ‘divorcio’ entre Estados Unidos e Israel. Según los extractos adelantados este martes, el expresidente afirmó que ‘todos los judíos están hartos’ del primer ministro israelí, en un diálogo que pone de relieve la tensión acumulada en los últimos meses de la guerra contra Irán.
El libro que sacude la alianza Trump‑Netanyahu
Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump no es solo una crónica de la Casa Blanca: es un inventario de las presiones que el líder republicano ejerció sobre sus aliados más estrechos. La conversación de septiembre de 2025, cuando Trump aún impulsaba un plan de paz para Gaza, aparece como uno de los momentos más duros de la relación bilateral. Netanyahu, que había sido un socio preferente durante la primera fase del conflicto con Teherán, pasó a ser objeto de insultos y advertencias en cuanto la guerra se estancó.
El libro, citado por medios como The Independent y The Times of Israel, describe un diálogo en el que Trump espetó: ‘Todo el mundo está harto de ti, Bibi. Todos los judíos están hartos de ti. Incluso los dos judíos en esta llamada están hartos de ti’. Acto seguido, amenazó con romper la alianza que ha definido el equilibrio de Oriente Próximo desde 1948. No era una advertencia diplomática: era un ultimátum en toda regla.
La llamada que destapó la fractura
La conversación se produjo en presencia de Steve Witkoff, enviado presidencial, y de Jared Kushner, yerno de Trump. Ambos intentaron moderar el tono, pero el presidente estadounidense no rebajó la presión: ‘Todo el mundo te odia, y yo te he apoyado’, le dijo a Netanyahu, vinculando directamente la negativa israelí a aceptar su plan para Gaza con una posible ruptura.
El detonante de la llamada fue la obstinación de Israel en continuar las operaciones en Líbano, justo cuando Irán amenazaba con retirarse de las negociaciones. Trump, según los autores, acusó a Netanyahu de tener ‘un juicio de mierda’ y le llamó ‘jodidamente loco’. La crudeza verbal era inédita incluso para un mandatario conocido por su estilo transaccional.
La retórica del ‘divorcio’ convierte una alianza de setenta años en una relación de conveniencia, donde la lealtad se mide por la utilidad inmediata.
Los hechos que rodean la publicación del libro se entrelazan con la firma, la semana pasada, de un acuerdo interino entre Washington y Teherán. Ese pacto, duramente criticado en Israel, no ha logrado acallar las voces que ven en Netanyahu un obstáculo para una paz duradera. Según el Washington Post, agencias de inteligencia estadounidenses advirtieron a Trump de que es ‘probable’ que el primer ministro israelí intente boicotear cualquier esfuerzo diplomático con Irán.

Equilibrio de Poder
La revelación de Haberman y Swan no es una simple anécdota de pasillo. Redefine el eje Washington‑Tel Aviv en un momento de máxima fragilidad para la seguridad global. Trump ha demostrado que su apoyo a Israel es condicional y que la Casa Blanca no tolerará discrepancias cuando están en juego sus propios intereses políticos —en este caso, el acuerdo con Irán que necesita como legado.
Para Israel, la humillación pública de Netanyahu acelera un debate interno sobre la dependencia de la protección estadounidense. El primer ministro ya arrastraba críticas por la gestión de la guerra; ahora ve cómo el aliado fundamental le trata como a un socio molesto. La pregunta es si el ‘divorcio’ verbal anticipa un distanciamiento real, con consecuencias directas sobre el suministro de armamento y la cobertura del Iron Dome.
Europa, y en particular España, observan con inquietud. El acuerdo interino con Irán alivia la presión sobre los precios de la energía y reduce el riesgo de un cierre del estrecho de Ormuz, pero introduce una nueva fuente de tensión si Israel decide actuar unilateralmente. Moncloa, que mantiene relaciones diplomáticas con Teherán y apuesta por la vía multilateral, podría verse arrastrada a un escenario de ruptura entre Washington y Tel Aviv que complique las misiones de la OTAN en el Mediterráneo.
Desde el Kremlin, el espectáculo de un Trump que insulta y amenaza a su principal aliado en Oriente Próximo se lee como una confirmación de que la hegemonía estadounidense es cada vez más voluble. Moscú ya ha tendido puentes a Irán y podría aprovechar cualquier vacío para afianzar su influencia en la región. La fractura entre EE.UU. e Israel abre, de facto, una ventana de oportunidad para la alianza ruso‑iraní.
El precedente de la crisis de Suez en 1956, cuando Washington forzó la retirada de Londres y París, muestra que la presión estadounidense puede doblegar a sus aliados históricos. Ahora, sin embargo, el tablero incluye actores nucleares y una guerra todavía caliente. Un error de cálculo por parte de Netanyahu —empujado por el ala más dura de su gobierno— podría incendiar una región que Europa no está preparada para contener.
Seguiremos muy de cerca la reacción de la Administración Trump ante la publicación del libro y la próxima cumbre del G7, donde la cuestión iraní volverá al primer plano. El ‘divorcio’ quizá no se consume, pero el matrimonio de conveniencia ha dejado de ser indisoluble.
