Vox mantiene sin fecha la elección de su candidato a la Generalitat Valenciana. Una decisión que, según fuentes del partido consultadas por este diario, se tomará ‘en el último momento’ y que refleja una estrategia consolidada: primar el proyecto colectivo sobre el perfil del aspirante.
Mientras el PP valenciano vive un intenso debate interno tras la no confirmación de Juanfran Pérez Llorca como candidato —con el síndic Nando Pastor defendiendo que ‘cada día que pasa es más presidente’—, en Vox la calma es absoluta. El síndic del grupo parlamentario de Vox en las Corts, José María Llanos, lo explicó ayer con claridad: ‘Siempre, y no está previsto que cambiemos, hemos elegido nuestros candidatos a todas las instituciones en el último momento’.
La estrategia de Vox: el candidato no define al proyecto
La dirección valenciana insiste en que el retraso no es desinterés, sino ‘coherencia y convicción’. En palabras de uno de los aspirantes a encabezar la lista, lo relevante es ‘formar parte de un proyecto y defender un mensaje’ que cualquier candidato en cualquier lugar defenderá por igual. La marca Vox y, en última instancia, la figura de Santiago Abascal, son el verdadero activo electoral.
Esta filosofía se sostiene sobre una estructura férrea. Las decisiones se toman a cientos de kilómetros de Valencia, en la sede nacional, y la disciplina interna impide la contestación. Los ejemplos de Madrid y Murcia, donde las voces críticas quedaron rápidamente neutralizadas, demuestran que la dirección no tolera disidencias. Con la cúpula controlando los tiempos, cualquier debate prematuro queda descartado.
Posibles nombres y el escenario valenciano
Aunque el partido no tenga prisa, el tablero valenciano ya dibuja favoritos. La presidenta de las Corts, Llanos Massó, es la apuesta más sólida por su proximidad al núcleo duro de Abascal. El propio José María Llanos podría ser una alternativa natural, mientras que el exvicepresidente del Consell, Vicente Barrera, sopesa si repetir en una futura viceprecidente o aspirar a la Alcaldía de València.
En un partido donde prevalece la disciplina y la marca sobre las personas, la identidad del candidato se diluye. La única certeza es que la decisión final se tomará en Madrid.
Barrera, que ya ocupó la vicepresidencia con Carlos Mazón, sabe que un eventual triunfo de las derechas le devolvería un puesto en el Consell con mayor visibilidad que una candidatura municipal. Además, un sorpaso de Vox a la alcaldesa María José Catalá se antoja hoy improbable, lo que refuerza la vía autonómica para el extorero. La incógnita, por tanto, no es señal de desorganización, sino de cálculo.
Mientras, el resto de formaciones lidian con tensiones internas. En Compromís, la ratificación de Mónica Oltra ha abierto un debate sobre la política de alianzas; en el PSPV se teme un escenario postelectoral complejo que obliga a todos los sectores a marcar posición. Sólo Vox parece ajeno a esos temblores. El PP, además, arrastra dudas tras la visita de Alberto Núñez Feijóo a Sueca, pese a que Nando Pastor insista en que el tiempo corre a favor de Pérez Llorca.
Lectura estratégica: la calma calculada de Vox
La estrategia de Vox presenta ventajas nítidas. Al no designar un candidato con antelación, evita el desgaste prematuro, mantiene la cohesión interna y conserva la flexibilidad para adaptarse a las circunstancias. En un contexto en el que la suma de PP y Vox se perfila como mayoría, el partido de Abascal puede negociar desde la fortaleza de una marca unificada y sin fisuras, sin exponer a un líder territorial que pueda ser objeto de ataques. La decisión centralizada desde Bambú garantiza, además, que el mensaje autonómico se alinee con el discurso nacional.
Se trata de una táctica ya ensayada en otras comunidades, como Cataluña o Andalucía, donde Vox retrasó la elección de sus cabezas de cartel y logró después un notable rendimiento electoral. En una derecha fragmentada, el partido refuerza su perfil de fuerza cohesionada frente a las guerras internas de sus adversarios. La incógnita, pues, se mantendrá hasta el último instante. Pero, como recuerdan en la dirección valenciana, el candidato es lo de menos.
