Cada pocos metros en el paseo marítimo de Málaga, alguien detiene a Francisco de la Torre. Un consultor le agradece la llegada de extranjeros. Una británica le dice que la hace sentir como en casa. Una mujer de 75 años rompe a llorar al ver al alcalde que ha gobernado la ciudad durante los últimos 26 años. “Tendrán que pasar muchos años antes de que volvamos a tener un alcalde como este”, le dijo Mercedes Martín, una vecina.
Esa escena, casi cinematográfica, abre el retrato que el New York Times acaba de dedicar a la transformación de Málaga. El reportaje, difundido por todo el mundo a través de su edición internacional, pone el foco en el legado de Francisco de la Torre y en la pregunta que ya resuena en toda Europa: ¿puede una ciudad apostar al mismo tiempo por la cultura de primer nivel, la atracción de gigantes tecnológicos y el turismo masivo sin perder su identidad?
El ‘milagro’ que retrata el NYT
Francisco de la Torre, conocido como «Abuelo Paco», ha liderado la transformación de su ciudad desde el año 2000. En ese periodo, Málaga ha pasado de ser un puerto industrial en declive a convertirse en un polo de innovación y cultura. El Parque Tecnológico de Andalucía emplea ya a unos 28.000 trabajadores en más de 700 empresas que generan casi el 35% del producto económico de la ciudad, según datos recogidos en el artículo. Google abrió allí un centro de ciberseguridad de 8.230 metros cuadrados, y la ciudad ha atraído a decenas de multinacionales.
A la vez, la apuesta cultural ha sido igual de intensa: durante su mandato se han construido mas de una docena de museos, entre ellos la sede malagueña del Centro Pompidou de París y el Museo Picasso Málaga, que recibe 800.000 visitantes al año. “Es otro tipo de ciudad”, afirma Lourdes Moreno, directora artística del Museo Carmen Thyssen, uno de los emblemas del renacimiento malagueño. Las cifras oficiales avalan el cambio: el cuarto aeropuerto más grande de España y una inversión temprana en fibra óptica fueron las semillas que, según los defensores del alcalde, han dado fruto gracias a su estabilidad política.
Las dos caras de la moneda
Pero no todo son elogios. La misma transformación que atrae inversores y turistas ha despertado una contestación social creciente. Kike España, activista local que ayudó a convocar una manifestación de 15.000 personas en 2024, señala que la presión turística está vaciando la ciudad de vida cotidiana. El 70% de las compras de viviendas las realizan no residentes, y más del 43% de los malagueños ingresan por debajo del salario mínimo, un porcentaje seis puntos superior a la media española.
El dato que más duele a los críticos: Málaga central cuenta con la mayor densidad de apartamentos turísticos por kilómetro cuadrado de todas las grandes ciudades españolas. Las plazas, antes llenas de vecinos, parecen ahora la cubierta de un crucero de fiesta. Las tiendas de souvenirs y las despedidas de soltero han reemplazado al pequeño comercio. El lema “Málaga no se vende, se defiende” se ha convertido en un grito recorriendo las calles.
Málaga central tiene más apartamentos turísticos por kilómetro cuadrado que cualquier otra gran ciudad española, según las estadísticas nacionales.
De la Torre, mientras se prepara para presentarse el próximo año a su octavo mandato consecutivo, ha intentado reaccionar. Propone construir nuevas viviendas, un impuesto turístico que reduzca los alquileres y una moratoria temporal para los apartamentos turísticos en el centro. Pero sus críticos creen que la plaga ya se ha extendido mucho más allá del casco histórico.
Qué nos jugamos como país
El debate en Málaga no concierne solo a sus 580.000 habitantes. La ciudad se ha convertido en un laboratorio de las tensiones que recorren toda España: la turistificación de los cascos antiguos, la gentrificación impulsada por nómadas digitales, la competencia entre el uso residencial y el negocio turístico. El retrato del New York Times llega en un momento en que la imagen de España en el exterior depende en buena medida de cómo gestione estos conflictos.
Mientras Barcelona debate los límites de los cruceros y Palma intenta frenar la compra extranjera, el caso malagueño muestra que el éxito económico inmediato puede cobrarse un precio social. De la Torre insiste en que la responsabilidad última es del Gobierno central, que regula el suelo y apenas construye vivienda. Pero la sensación en la calle es que “se ha creado un monstruo”, por más que el alcalde se declare inocente.
Para el politólogo Manuel Arias Maldonado, de la Universidad de Málaga, la disyuntiva es clara: “O eres una ciudad exitosa con todos los problemas que eso conlleva, o fracasas”. La frase resume la encrucijada de decenas de urbes españolas. Que el modelo Málaga sea un espejo donde mirarse o una advertencia dependerá de si el país consigue combinar prosperidad con habitabilidad antes de que el alma de las ciudades se diluya.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El New York Times analiza la transformación de Málaga bajo el mandato de Francisco de la Torre, un alcalde que ha combinado desarrollo tecnológico y cultural con un enorme aumento del turismo y la presión inmobiliaria.
- Datos importantes: El 70% de las compras de vivienda las hacen no residentes; el 35% del PIB de Málaga proviene del parque tecnológico; más del 43% de los vecinos ingresa menos del salario mínimo.
- Resumen: El debate sobre la turistificación de Málaga pone a prueba la imagen de España como destino de calidad y la capacidad de sus ciudades para crecer sin perder su carácter.

