Acuerdo provisional: Bruselas y Eurocámara refuerzan la protección de trabajadores frente a cancerígenos en la UE

La sexta revisión de la directiva CMRD fija nuevos límites de exposición al cobalto, isopreno y otras sustancias en sectores como baterías, acero y textil. La norma obligará a España a reforzar la protección de bomberos, sanitarios y pymes industriales.

El Parlamento Europeo y el Consejo han alcanzado un acuerdo político sobre la sexta revisión de la Directiva sobre agentes cancerígenos, mutágenos y reprotóxicos (CMRD), una norma que endurece los límites de exposición a sustancias peligrosas en la industria y amplía la protección de trabajadores en sectores de riesgo como la sanidad o los servicios de emergencia. El pacto, confirmado este martes, afecta de lleno a España, donde miles de empresas de los sectores químico, textil, siderúrgico y de baterías deberán adaptar sus procesos antes de la obligatoria transposición de la directiva.

Nuevos límites para seis sustancias de alto riesgo

La sexta revisión introduce valores límite de exposición para cobalto y sus compuestos inorgánicos, utilizados en la fabricación de baterías; hidrocarburos aromáticos policíclicos, presentes en la producción de acero y aluminio; y 1,4-dioxano, un disolvente habitual en las industrias química y textil. A petición de la Eurocámara, la Comisión Europea deberá evaluar además la necesidad de fijar límites adicionales para las sustancias contenidas en los humos de soldadura, una reivindicación histórica de los sindicatos del metal.

Uno de los avances más relevantes es la inclusión del isopreno, un compuesto utilizado en la producción de caucho y químicos, que cumple los criterios para ser clasificado como carcinógeno. La exposición crónica a esta sustancia puede causar cáncer de hígado y anemia. La directiva establece un límite de exposición ocupacional a largo plazo para el isopreno, el primero de este tipo en la legislación comunitaria.

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Según los cálculos de la Comisión, las nuevas medidas podrían prevenir alrededor de 1.700 casos de cáncer de pulmón y 19.000 enfermedades adicionales en un periodo de cuarenta años. La ponente del texto en el Parlamento, Liesbet Sommen (PPE, Bélgica), subrayó que cada año se diagnostican en la UE unos 120.000 casos de cáncer profesional vinculados a la exposición a carcinógenos en el trabajo, una tragedia prevenible.

Equipos de protección y colectivos de riesgo: bomberos, sanitarios y pymes

directiva CMRD

El acuerdo aclara las reglas sobre equipos de protección individual, como los dispositivos de protección respiratoria, e incluye el derecho a pausas regulares en áreas libres de contaminación. También se refuerza la formación de los trabajadores sanitarios que manipulan medicamentos peligrosos, sustancias farmacéuticas que pueden causar daños si no se manejan correctamente. Los empleadores deberán garantizar medidas adicionales para los bomberos y demás personal de emergencias, expuestos a una mezcla impredecible de materiales peligrosos en cada intervención.

La prevención de hasta 1.700 casos de cáncer de pulmón en cuatro décadas no es una cifra cualquiera: es el termómetro de una política que el Parlamento Europeo ha sabido blindar frente a las presiones de la industria.

Los negociadores del Parlamento consiguieron que los Estados miembros presten asistencia específica a las pequeñas y medianas empresas para cumplir los nuevos límites, un guiño a la realidad productiva española, donde el 99% del tejido empresarial son pymes. Las organizaciones patronales llevaban semanas advirtiendo del coste de adaptación, especialmente en segmentos como el textil y los talleres mecánicos.

El Eje del Poder Europeo

La CMRD es una de las directivas más veteranas en el acervo comunitario de salud laboral. Su sexta revisión no ha provocado grietas políticas llamativas, pero sí revela la tensión de fondo entre la agenda social europea y la presión de la competitividad industrial. Mientras el Parlamento Europeo ha empujado para incluir más sustancias y colectivos de riesgo, el Consejo —con Alemania y los países nórdicos como voz más crítica— ha tratado de moderar los plazos y el alcance de las nuevas obligaciones.

Para España, la directiva tiene un doble filo. Por un lado, el Gobierno de Sánchez puede presentarla como un triunfo de la Europa social que refuerza su discurso en casa. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ya ha manifestado en varias ocasiones que la salud laboral es una prioridad para su departamento. Pero, por otro, la transposición obligará a miles de empresas españolas a revisar sus protocolos y, en algunos casos, a invertir en nuevos sistemas de ventilación o equipos de protección, con un coste que aún no está cuantificado. Las pymes del textil valenciano o del metal en el País Vasco serán las más vigiladas.

El precedente de las revisiones anteriores demuestra que el verdadero pulso vendrá con la trasposición: los Estados miembros suelen retrasar la incorporación a su derecho interno y la Comisión termina abriendo procedimientos de infracción. España no es ajena a ese patrón; en 2022 aún arrastraba un expediente por no haber incorporado correctamente la quinta revisión de la directiva. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) asumirá un papel clave en la evaluación de riesgos para bomberos y emergencias, y sus informes podrían acelerar futuras revisiones.

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El Parlamento Europeo votará el texto definitivo en el pleno de octubre, tras una última revisión jurídico-lingüística. A partir de ahí, los Veintisiete dispondrán del plazo habitual de transposición —previsiblemente dos años— para convertir los límites en normas nacionales. La pelota estará entonces en el tejado de las inspecciones de trabajo y de los juzgados de lo social, que verificarán si la letra de la directiva se convierte en realidad en las fábricas y talleres.