Un estudio del Aula Oleícola Innova de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) —con sede en Baeza, Jaén— advierte de que más de 600 almazaras (los molinos que extraen el aceite de oliva) desaparecerán en la Península Ibérica durante la próxima década. La previsión, que afecta de lleno al territorio rural, señala que casi una de cada tres instalaciones actuales no resistirá la presión competitiva del sector oleícola más industrializado.
El trabajo, elaborado por expertos de la UNIA, proyecta un horizonte poco alentador para el olivar tradicional. La cifra de cierres se concentrará, sobre todo, en las explotaciones de menor dimensión y en aquellas que no hayan podido modernizar sus procesos de molturación, según las conclusiones preliminares del documento.
Qué dice el estudio de la UNIA y sus cifras clave
El diagnóstico es nítido: más de 600 almazaras, repartidas entre España y Portugal, echarán el cierre en los próximos diez años. Actualmente, el número de almazaras en la Península ronda las 1.800, lo que supone una pérdida de aproximadamente un tercio de la capacidad de molturación artesanal y semiindustrial.
Las cifras se basan en un análisis de competitividad que cruza la rentabilidad media por kilo de aceite, el coste de la molturación y el acceso a los canales de comercialización. «La estructura actual del sector no permite mantener la viabilidad de muchas almazaras pequeñas», apunta el equipo investigador en las conclusiones del aula universitaria.
La predicción no es una sorpresa para el sector: ya en años anteriores, organizaciones agrarias como COAG o UPA habían alertado del progresivo cierre de almazaras tradicionales. Sin embargo, este es el primer estudio académico que cuantifica con datos la magnitud del problema.
Las causas de la crisis: competitividad, rentabilidad y tamaño
Detrás de estos números hay una tormenta perfecta. La falta de escala de las almazaras más pequeñas las deja en una posición muy vulnerable frente a los grandes grupos oleícolas, que pueden negociar mejores precios de venta y diluir sus costes. Además, la obligación de cumplir con normativas cada vez más exigentes en materia de trazabilidad y sostenibilidad encarece la actividad sin que el precio del aceite compense esa inversión.
El estudio señala que muchas de estas instalaciones no han podido incorporar tecnología que reduzca costes de molturación ni mejorar su acceso a la comercialización en mercados exteriores. La dependencia de intermediarios y la venta a granel sin marca propia reducen aún más los márgenes.
Más de 600 almazaras desaparecerán de la Península Ibérica en una década, según la UNIA, la mayoría de ellas en España.
A esto se suma la coyuntura de precios del aceite de oliva, que, aunque ha experimentado repuntes, sigue siendo volátil y no garantiza la rentabilidad de las almazaras con menor músculo financiero. «La rentabilidad media de la molturación apenas cubre los costes en muchas comarcas», detalla el documento.
El cierre de estas almazaras no solo supone la pérdida de puestos de trabajo directos: también arrastra a los agricultores de olivar tradicional, que tienen que desplazar su aceituna a molinos más lejanos, con el consiguiente aumento de costes y tiempo.
El impacto territorial: qué pierde el olivar tradicional y las comarcas rurales
Para las comarcas del interior de Andalucía, Extremadura o Castilla-La Mancha, y también para el Alentejo portugués, cada cierre de una almazara es un golpe al empleo y a la fijación de población. Muchos de estos pueblos viven casi exclusivamente del olivar y su industria auxiliar. Si el molino desaparece, el agricultor tiene que buscar alternativas y, en muchos casos, abandonar el cultivo.
El estudio de la UNIA subraya que el olivar tradicional es el sostén paisajístico y económico de amplias zonas rurales en riesgo de despoblación. La desaparición de la almazara local significa, en la práctica, la pérdida de un servicio esencial para el territorio, similar al cierre de un consultorio médico o una escuela.
Los datos del padrón municipal ya reflejan un goteo continuo de habitantes en estas localidades. La previsión de cierre de almazaras acelera una dinámica que, sin intervención, condenará a muchas de estas zonas a un vaciamiento aún más profundo.
Claves del Mundo Rural
- 📌 Lo que debes saber: Más de 600 almazaras de la Península Ibérica cerrarán en diez años, según un estudio de la UNIA.
- 👥 A quién afecta: Almazaras pequeñas y medianas, olivareros tradicionales y comarcas rurales dependientes del olivar.
- ⏭️ Qué consecuencias puede traer: Pérdida de empleo, desaparición de servicios en el territorio y aceleración de la despoblación en zonas olivareras.

