1Neumáticos: dibujo por encima de 1,6 mm y presión según el fabricante
El dibujo es la primera línea de defensa frente al agua y uno de los puntos que la DGT insiste en revisar antes de que lleguen las lluvias de otoño. La ley exige un mínimo de 1,6 milímetros en las ranuras principales de la banda de rodadura, un umbral del que avisan los propios testigos de desgaste: si el resalte enrasa con la goma, la cubierta ya está al límite. Por debajo de esa medida el neumático es defecto grave en la ITV y cada rueda gastada se sanciona con hasta 200 euros, cantidad que puede sumar 800 con las cuatro. Los especialistas van más allá del mínimo legal y recomiendan no bajar de 3 milímetros, porque a partir de ahí la capacidad de evacuar agua cae en picado y el riesgo de aquaplaning se multiplica. Con el asfalto mojado, un dibujo escaso alarga la frenada y puede hacer que el coche flote sobre una balsa de agua, sin dirección ni frenos.
La presión es el otro dato imprescindible, y debe ajustarse siempre a lo que indique el fabricante del vehículo en la tabla que figura en el marco de la puerta del conductor o en la tapa del depósito. Conviene medirla en frío y al menos una vez al mes, ya que la bajada de temperaturas del otoño hace que los neumáticos pierdan aire poco a poco. Rodar medio bar por debajo de lo indicado calienta la goma, desgasta los hombros, encarece el consumo y alarga la frenada, mientras que un exceso de presión castiga el centro de la banda. Con la presión baja, el neumático no desaloja el agua y el aquaplaning aparece antes. La lluvia ya eleva por sí sola la siniestralidad: según un análisis del Centro de Estudios Ponle Freno-AXA, la media diaria de accidentes sube un 7,4% cuando llueve, y las primeras gotas, mezcladas con el polvo del asfalto, son las más deslizantes.
