La aviso definitivo de la DGT para la inspección de neumáticos y elementos del coche antes del primer gran frente de lluvias del otoño.

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Limpiaparabrisas y líquido: visibilidad garantizada bajo el diluvio

Es el elemento que se degrada en silencio. La goma de las escobillas se endurece y se reseca con el calor y el sol del verano, cuando apenas se usan, de modo que al llegar el primer frente de lluvias del otoño el limpiaparabrisas puede dejar franjas sin barrer, rayas o un velo sobre el cristal justo cuando más se necesita. La DGT incluye expresamente su comprobación en las revisiones previas al otoño, junto al funcionamiento de la luneta térmica y los niveles de líquidos, y recuerda que unas escobillas en mal estado recortan la visibilidad entre un 20% y un 30%. A eso se añade el respaldo normativo: el Reglamento General de Circulación obliga a que la superficie acristalada permita una visión diáfana, y circular con el parabrisas sucio o con visibilidad reducida puede sancionarse hasta con 200 euros.

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El conjunto solo cumple su función si el depósito tiene líquido, y ahí aparece el fallo más común. No vale rellenarlo con agua del grifo ni con mezclas caseras de jabón o limpiacristales: la cal y los sedimentos obstruyen conductos y boquillas, y los productos domésticos pueden dañar la bomba y los eyectores. Lo recomendable es líquido limpiaparabrisas específico, con anticongelante cuando lleguen las heladas, y verificar que los chorros salen con presión y orientados al centro del cristal. En la ITV, según el Real Decreto 920/2017, un limpiaparabrisas que no funciona es defecto grave, mientras que quedarse sin líquido con la bomba operativa se queda en leve. Además, las cámaras y sensores de los sistemas de ayuda a la conducción (ADAS) van montados en el parabrisas y necesitan una superficie limpia para leer bien la vía.