EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Comisión Europea y 15 Estados miembros se reunieron el 23 de junio con los talibanes en Bruselas para avanzar en deportaciones de afganos condenados.
- ¿Quién está detrás? El comisario Magnus Brunner encabezó el encuentro técnico, rechazado de inmediato por el Parlamento Europeo.
- ¿Qué impacto tiene? La cita reabre el debate sobre el reconocimiento de facto de los talibanes y tensa los equilibrios migratorios de la UE, con España entre los países que guardan silencio.
Bruselas ha entrado en ebullición política tras conocerse que la Comisión Europea celebró una reunión «estrictamente técnica» con una delegación de los talibanes afganos. El encuentro, que tuvo lugar el pasado martes 23 de junio en la capital comunitaria, ha desencadenado exigencias de explicaciones en el Parlamento Europeo y ha subrayado la delicada línea entre la necesidad operativa y el reconocimiento político de un régimen que excluye a las mujeres de la vida pública.
Un encuentro ‘técnico’ que el Parlamento Europeo no perdona
La eurodiputada holandesa de origen español Raquel García Hermida-van der Walle, encargada de las relaciones con Afganistán, impulsa la inclusión del debate en la próxima sesión plenaria. La reacción en el hemiciclo es unánime: la Comisión debe aclarar por qué se cita con los talibanes en suelo europeo y en una atmósfera casi clandestina. «No se trata de rechazar la repatriación de individuos condenados, sino de no blanquear a un régimen que pisotea los derechos humanos», ha comentado a medios cercanos.
Sin embargo, otras voces en la Eurocámara apuntan a que se «taparán la nariz» ante el asunto, porque la corriente política mayoritaria presiona por expulsiones más ágiles de inmigrantes ilegales. El choque entre la imagen de firmeza democrática y la gestión migratoria real promete escenas ásperas en Estrasburgo.
La justificación de la Comisión: ‘veinte países lo pidieron’
El comisario de Interior, el austriaco Magnus Brunner, ha comparecido con un discurso de mínimos: fue una petición de veinte Estados miembros y en la cita estuvieron presentes quince de ellos. No hubo concesiones, insiste, solo «soluciones operativas» para poder devolver a ciudadanos afganos con sentencias firmes en la UE. Brunner ha añadido que una primera reunión similar ya se celebró en enero en Kabul, también a nivel técnico.
Los talibanes, por su parte, han calificado el encuentro de «constructivo» y han insinuado «evaluaciones positivas» futuras. La Comisión evita comentar los detalles, pero el mero hecho de que los interlocutores del régimen salgan contentos alimenta la tormenta. De momento, solo Rusia ha reconocido oficialmente a los talibanes; ningún socio europeo ha reabierto su embajada en Afganistán.
Ningún país europeo reconoce oficialmente a los talibanes. La reunión de Bruselas difumina esa línea roja sin anunciar el color del semáforo.
El Eje del Poder Europeo
Detrás de la polémica se alinean las fracturas clásicas del club comunitario. Alemania y Suecia impulsan con determinación los contactos: necesitan agilizar las devoluciones y ven en este canal técnico una herramienta imprescindible. Francia se opone frontalmente; fue París quien, en Naciones Unidas, lideró la batalla para no calificar a los talibanes de «autoridades de facto». El eje franco-alemán vuelve a chirriar en materia migratoria, esta vez con el tabú de dialogar con integristas.
España, que según fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com habría estado entre los veinte países que solicitaron la reunión, mantiene un silencio calculado. La Moncloa no ha emitido comunicación oficial, mientras que el PP ya dispone de munición para acusar al Gobierno de hacer un reconocimiento encubierto. El debate llega en un momento en que las llegadas a Canarias y las exigencias de Bruselas sobre gestión migratoria mantienen bajo presión al Ejecutivo.
La lectura a largo plazo es incómoda: cada encuentro técnico erosiona la doctrina de no reconocimiento y crea precedentes para otros regímenes (Siria, Myanmar). En el trasfondo, pesa la urgencia de expulsar a un colectivo de afganos que, según los Veintisiete, representa un riesgo para la seguridad. Pero el precio institucional puede ser elevado, sobre todo si el Parlamento Europeo decide endurecer el control político de estas iniciativas.
La saga no ha hecho más que empezar. Mientras el comisario Brunner asegura que solo se buscaban «soluciones operativas», el eco de la reunión envenena el ambiente comunitario. La próxima sesión plenaria de la Eurocámara, prevista para mediados de julio, será el termómetro de una UE que sigue sin encontrar el tono ni el ritmo con los talibanes.

