El rapero Valtònyc, amigo íntimo de Carles Puigdemont, defiende en Vilaweb romper el cordón sanitario a Aliança Catalana.
La pieza, publicada este miércoles en Vilaweb, no es un hecho aislado. El exdirigente de Convergència David Madí abrió el lunes la puerta a acuerdos con la formación de Sílvia Orriols en una entrevista en La Vanguardia. La diferencia es que Madí ya no ocupa cargos orgánicos, mientras que Valtònyc representa una voz autorizada en el círculo de confianza del expresident. El altavoz importa más que la ideología.
El texto de Valtònyc, titulado ‘Solo seremos independientes cuando aceptemos al hijo de puta que tenemos al lado’, sostiene que el movimiento independentista se equivoca al fiar la exclusión a categorías morales. Para el rapero, Orriols no es el enemigo: es una pieza incómoda, ‘una hija de puta’, pero ‘nuestra hija de puta’. La traducción política es explícita: cualquier pacto con Aliança Catalana es legítimo si suma a la causa.
Josep Miquel Arenas, nombre real de Valtònyc, arrastra condenas por enaltecimiento del terrorismo, apología del odio, incitación a la violencia, e injurias a la Corona. Huyó a Bélgica y su influencia directa en la política catalana es prácticamente nula, como recuerda Crónica Global. Sin embargo, su amistad con Puigdemont le otorga un papel de agitador intelectual en el mundo posconvergente. No tiene voto en el Parlament, pero sí audiencia en los sectores más radicales de Junts.
El el diputado de Junts Francesc de Dalmases respaldó la tesis sin matices. ‘Ningún independentista sobra, la vara de medir que necesitamos es con los españolistas y los rendidos’, escribió en redes. Dalmases es una figura controvertida, vinculado a los sectores más duros del partido, y su aval convierte el debate en una corriente interna real. Ya no es solo una boutade de un rapero.
La ultraderecha independentista deja de ser un tabú para una parte del entorno de Puigdemont.
El movimiento no es casual. Aliança Catalana aspira a teñir de azul oscuro la Cataluña interior en las elecciones municipales de 2027. Las encuestas recientes le otorgan opciones de crecimiento en comarcas de Girona y Lleida, donde la competencia con Junts es directa. El temor a perder la hegemonía local empuja a una parte del independentismo conservador a reconsiderar sus líneas rojas. Si Orriols consigue alcaldías, alguien tendrá que decidir si se le hace el vacío o se le pacta.
La reacción de ERC y la CUP es de rechazo frontal. Para los republicanos, pactar con una formación que hace de la inmigración su principal bandera es inviable. Sin embargo, el silencio de algunos dirigentes de Junts ante las declaraciones de Dalmases alimenta las sospechas. La ambigüedad es en sí misma un mensaje.
El debate sobre el cordón sanitario tiene precedentes en Europa. En Francia, el cordón contra la ultraderecha cedió con alianzas puntuales en el contexto de la fragmentación electoral. Cataluña añade una paradoja: la ultraderecha es independentista, lo que la convierte en un adversario electoral incómodo pero en un aliado potencial en los ayuntamientos. En el ámbito español, el cordón a Vox se ha ido rompiendo con acuerdos puntuales en municipios. La diferencia es que Aliança Catalana no es Vox: comparte nacionalismo, pero su discurso identitario le resta socios potenciales. La dirección de Junts mantiene oficialmente el veto a cualquier pacto con Aliança Catalana, pero la erosión es visible. Cada vez son más las voces que piden distinguir entre ‘españolistas’ y ‘rendidos’. Esa es la auténtica fractura: no entre izquierda y derecha, sino entre quienes priorizan la independencia y quienes anteponen la respetabilidad.
Lo que observamos es una operación de normalización en toda regla. Sin cambiar el discurso, se prepara el terreno para justificar pactos locales si los resultados de 2027 lo exigen. El próximo hito no es un pleno, sino la asamblea municipal y la precampaña. Para entonces, las palabras de Valtònyc habrán hecho su trabajo. La ventana de Overton se mueve.

