El riesgo país de Argentina ha superado los 600 puntos, su nivel más alto en seis meses. La cifra suena lejana desde Madrid, pero tiene traducción inmediata: BBVA y Banco Santander operan en el país con filiales propias.
Todo empieza en el mercado. La semana pasada, el Ministerio de Economía suspendió una colocación de 5.000 millones de dólares en bonos Bonares —títulos en dólares que se venden en el mercado local— porque los rendimientos exigidos se habían disparado. Según fuentes al tanto de las conversaciones, el ministro Luis Caputo deslizó en Nueva York dos salidas de emergencia: nuevos préstamos REPO con bancos internacionales o tirar del swap de divisas con Estados Unidos.
Del plan de julio al Bonar que nadie quiere comprar
Conviene recordar el punto de partida. El 6 de julio, Caputo presentó un programa para cancelar casi 25.000 millones de dólares durante 2027, más de la mitad con acreedores privados. Incluía colocar 5.000 millones en Bonares y comprar 4.900 millones en reservas en pleno año electoral. Sobre el papel, el calendario cuadraba.
El mercado, en cambio, ha empezado a ponerle precio a la duda. Los bonos en dólares encadenaron nueve ruedas consecutivas en rojo, empujados por la subida de tipos en Estados Unidos y por los ruidos de casa: riesgo electoral, freno de la actividad y aumento de la pobreza.
En las tres últimas licitaciones del Tesoro, el Gobierno frenó la emisión de los Bonares 2029 para no convalidar tasas que cerraron entre el 11,8% y el 13,4% anual. Traducido: financiarse en el mercado local se ha vuelto demasiado caro.
Cuanto más caro sale emitir deuda, más depende Buenos Aires de unas reservas que ya se parecen al volumen de pagos de 2027.
Federico Furiase, secretario de Finanzas, reconoció que faltan por colocar unos 1.000 millones de dólares este año. Y la otra pata del plan, la compra de divisas, también flaquea: el Banco Central acumuló en lo que va de septiembre compras diarias de apenas 13 millones de dólares, frente a los 38 de agosto y los 96 de los siete primeros meses, según los cálculos de GMA Capital. El dólar mayorista superó los 1.520 pesos.
Para 2027, el plan contemplaba 3.700 millones de saldo del Tesoro y vencimientos de Bopreal —los bonos con los que los importadores saldan deudas comerciales— de hasta 4.000 millones, según la consultora 1816. En total, una presión sobre las reservas de hasta 12.600 millones de dólares, similar al stock actual de reservas netas.
Por qué la banca española mira a Buenos Aires con el ceño fruncido
BBVA y Santander son las dos entidades españolas con presencia bancaria directa en Argentina, donde operan a través de filiales propias. Su peso en el beneficio del grupo es reducido, pero la volatilidad es enorme: cuando el peso se deprecia, los resultados de la filial se convierten a euros con el viento en contra, y la contabilidad de hiperinflación —el ajuste obligatorio en economías con precios desbocados— amplifica cada movimiento.

El riesgo mayor ya no está en la cartera de bonos soberanos, que los bancos españoles redujeron tras la crisis de 2001, sino en el negocio ordinario: crédito, depósitos y márgenes. Si el Gobierno vuelve a cerrar el grifo de las divisas, la actividad se contrae, la morosidad sube y las filiales pierden valor contable. ¿Cuánto pesa de verdad Argentina en las cuentas de la banca española? Poco en porcentaje, mucho en titulares.
Hay, además, un factor de calendario que pesa sobretodo en las decisiones de inversión. El programa se diseñó contando con un año electoral y con la expectativa de que, tras las urnas, el mercado se calmara. Si el riesgo país no baja, las alternativas se estrechan: más REPO, más swap con Washington —que depende del visto bueno del secretario del Tesoro, Scott Bessent— o más compras del fisco al Banco Central, otra forma de quemar reservas.
Lo que el corralito de 2001 enseña sobre el riesgo argentino
La historia ofrece un precedente que explica por qué la banca española lee estos números con respeto: el corralito de 2001, la restricción que bloqueó los depósitos de los ahorradores y desembocó en el mayor default soberano de la época.
Las filiales de Santander y BBVA —entonces BBV— asumieron provisiones cuantiosas y tuvieron que recomponer su negocio desde cero. Años después, la expropiación del 51% de YPF a Repsol en 2012 recordó que el riesgo político argentino no se limita al balance.
España no es un observador neutral. Es uno de los principales inversores extranjeros en el país y miembro del Club de París, el foro donde Buenos Aires ha renegociado su deuda con los acreedores públicos. Cuando el riesgo país se dispara, no solo se encarece el crédito de las empresas argentinas: también se encarece la financiación de sus filiales españolas y se encogen sus valoraciones.
De momento, el Gobierno argentino sostiene que tiene margen. El Banco Central calcula un poder de fuego superior a 34.000 millones de dólares, y Javier Milei eleva la cuenta hasta 73.000 millones incluyendo el swap con China. La distancia entre ambas cifras —más del doble— es la mejor radiografía de la incertidumbre que rodea al programa de 2027.
Los próximos pasos son concretos: la decisión de Washington sobre el swap, el resultado de las siguientes licitaciones del Tesoro y la evolución de las reservas netas. Ahí se verá si Argentina financia su deuda con mercado o con parches, y cuánto de ese ajuste acaba en las cuentas de la banca española.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Argentina debe afrontar pagos por casi 25.000 millones de dólares en 2027 y el riesgo país ha vuelto a superar los 600 puntos, su máximo en seis meses.
- Datos importantes: Economía suspendió una colocación de 5.000 millones en Bonares y las tasas del Tesoro cerraron entre el 11,8% y el 13,4% anual.
- Resumen: El estrés financiero argentino golpea a las filiales de BBVA y Santander y sitúa a España ante un riesgo directo como inversor y acreedor.

