Puigdemont impulsa la ‘vía Starmer’ en el Congreso con Nogueras para forzar la salida de Sánchez

La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, propone sustituir al presidente sin elecciones y emular el relevo de Keir Starmer en el Reino Unido. El independentismo busca salir de la irrelevancia aunque el movimiento se interprete como un nuevo brindis al sol.

Junts per Catalunya lanza un órdago inédito en el Congreso: sustituir a Pedro Sánchez sin elecciones y mediante la llamada ‘vía Starmer’, con la portavoz Míriam Nogueras como ariete. La formación independentista sugiere que la misma mayoría de investidura elija a un nuevo presidente, emulando el relevo parlamentario que llevó a Keir Starmer a Downing Street en el Reino Unido.

La propuesta, planteada durante la secuencia posterior a Sant Joan, pretende sortear una moción de censura de la derecha y al mismo tiempo mantener la iniciativa mediática. Sin embargo, en el tablero político catalán y español, la maniobra se interpreta como poco más que humo.

Nogueras ha deslizado la idea en declaraciones a los medios, sin detallar plazos ni nombres. La ‘vía Starmer’ —que en el caso británico supuso el reemplazo de un primer ministro conservador por el líder laborista sin pasar por las urnas— requeriría, en la lectura de Junts, de un candidato alternativo con los apoyos suficientes. Pero la realidad parlamentaria es tozuda.

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La ‘vía Starmer’ aterriza en el Congreso

La portavoz de Junts ha comparado la hipotética sustitución de Sánchez con el proceso que aupó a Starmer. En el Reino Unido, el cambio de primer ministro se produjo dentro del mismo partido y tras unas elecciones generales que el laborismo ganó. La analogía, por tanto, chirría en los despachos de Waterloo: para emularla, el PSOE debería descabalgar a Sánchez desde dentro, algo que ninguna facción socialista ha insinuado.

El movimiento, se produce, además, en un momento de extrema debilidad para el independentismo. Junts arrastra los varapalos de las últimas citas electorales en Cataluña y tiene en el Congreso su única trinchera de poder. Forzar la salida del presidente sin un plan real de sustitución sería un salto al vacío.

De hecho, la misma Nogueras pidió elecciones anticipadas hace solo unos días. Ahora cambia de discurso. Esa volubilidad refuerza la tesis de que el farol busca ganar minutos en televisión y no alterar la aritmética de la legislatura.

Junts sabe que un adelanto electoral lo pillaría en horas bajas. Por eso el farol tiene trampa: Sánchez es su clavo ardiendo.

El doble juego de Waterloo: iniciativa mediática y realismo parlamentario

Carles Puigdemont, desde Waterloo, necesita demostrar a sus bases que conserva influencia en Madrid. La ‘vía Starmer’ es una operación de marketing político que le sirve para marcar perfil frente a ERC y a la CUP, y para distraer del hecho de que Junts ha perdido Barcelona y se enfrenta a una travesía en el desierto en Cataluña.

Aun así, la cúpula independentista es consciente de que la caída del Gobierno sería letal. Sin Sánchez, los puentes directos con la Moncloa quedarían cortados y la capacidad de condicionar los presupuestos generales del Estado se esfumaría. Esa paradoja explica por qué la amenaza nunca se materializa.

La galaxia mediática afín al partido ha salido a blindar el relato. El periodista Jofre Llombart, portavoz oficioso de la formación, ha defendido en redes la ‘creatividad’ de Junts para trazar un camino ‘muy estrecho’. De fondo, la operación permite a Nogueras ganar peso interno y situarse como relevo natural de Puigdemont en la interlocución con el Estado.

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Lectura desde Moncloa: silencio y hoja de ruta

El Gobierno ha optado por ignorar el ruido. Pedro Sánchez mantiene su hoja de ruta: negociar las cuentas públicas directamente con Puigdemont y estirar la legislatura al menos hasta principios de 2027. La convicción en la Moncloa es que, por mucha pirotecnia discursiva, Junts acabará facilitando la gobernabilidad porque no tiene otra alternativa razonable.

Esa dependencia mutua es la clave de bóveda de un final de legislatura que se prevé agónico. Junts necesitará mostrar réditos tangibles en forma de inversiones o gestos simbólicos, mientras el PSOE administra los tiempos para que el desgaste no precipite un bloqueo irreversible.

Mientras tanto, la política catalana —con el Govern de Salvador Illa asentándose y ERC redefiniendo su papel— observa con escepticismo este enésimo farol. El independentismo sabe que su capacidad de presión depende de la salud del Ejecutivo central. Y hoy, la salud es frágil, pero aún respira.