Junts per Catalunya ha puesto sobre la mesa este jueves su propia versión de la ‘vía Starmer’ para sustituir a Pedro Sánchez sin pasar por las urnas. El secretario general del partido, Jordi Turull, ha detallado en una entrevista en la Cadena SER las tres condiciones que harían posible el relevo: el futuro presidente no debe ser del PSOE, tiene que comprometerse a cumplir los acuerdos con Catalunya y, sobre todo, debe estar dispuesto a negociar en Waterloo con Carles Puigdemont. La propuesta, lanzada el miércoles por la portavoz en el Congreso Míriam Nogueras, busca desencallar una legislatura que los juntaires consideran agotada.
Turull ha argumentado que Pedro Sánchez ‘ha perdido la confianza de la mayoría que lo invistió’ y mantiene el Gobierno en una situación de bloqueo institucional que, en una democracia consolidada, debería tener una salida clara. ‘En otros países, con una situación como esta, habría elecciones o un relevo. Aquí, en cambio, nos encontramos con un presidente que no quiere ni una cosa ni la otra’, ha lamentado.
La iniciativa no es improvisada. Junts ya reclamó una cuestión de confianza hace más de un año y medio ante los reiterados incumplimientos de los acuerdos de investidura. Turull ha recordado que ‘mucha gente nos pide echar a Pedro Sánchez, pero también que no venga ni el PP ni Vox. La vía Starmer, inspirada en el relevo de Boris Johnson por Keir Starmer sin pasar por elecciones, intenta ser una respuesta a ese callejón sin salida: evitar una convocatoria electoral con resultado incierto que pudiera aupar a la derecha y la extrema derecha al poder.
Las tres condiciones de Junts para un relevo ‘a la británica’
La propuesta tiene exigencias diáfanas. En primer lugar, el futuro presidente no debe ser del PSOE, lo que marca una ruptura simbólica con la gestión actual. Turull ha sido tajante: ‘No tiene por qué ser del PSOE’. El segundo requisito es el cumplimiento de los pactos pendientes con Catalunya, que siguen encallados. Entre ellos, citó la ley contra las ocupaciones, la participación de pymes en el consejo del diálogo social y la delegación de competencias en inmigración. ‘Nosotros estamos aquí para defender a los catalanes, no para sostener gobiernos que no cumplen’, subrayó.
Y la tercera condición, quizá la más simbólica, es la obligación de acudir a Waterloo. Turull lo ha dejado claro: ‘Si alguien se cree seriamente esta alternativa, tiene que venir a Waterloo. El máximo líder de Junts no puede estar aquí porque hay prevaricadores en el Tribunal Supremo. Por lo tanto, quien quiera hablar, ya sabe dónde tiene que ir’.
La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, fue quien formuló la idea este miércoles, pero ahora Turull le ha dado el cuerpo doctrinal. El paralelismo con el Reino Unido es explícito: Starmer alcanzó un acuerdo parlamentario para ser primer ministro sin pasar por las urnas en 2024, cuando el Partido Conservador ya había perdido la mayoría social.
Del bloqueo institucional al ‘final zombi’ de la legislatura
Turull ha sido especialmente crítico con Pedro Sánchez, a quien ha acusado de falta de coherencia y de haber contribuido a reforzar a la extrema derecha. ‘De él lo hemos oído todo en función de lo que le interesa. Incluso le oímos decir que su principal propuesta electoral era llevar al president Puigdemont a la cárcel’, ha recordado. Una voltereta dialéctica que, a juicio de Junts, evidencia una estrategia basada en la conveniencia política más que en principios sólidos.
A pesar de la dureza del discurso, el secretario general ha dejado caer que dentro del PSOE hay sectores que verían con buenos ojos un relevo. ‘En entornos socialistas ya se había planteado esta opción’, afirmó, aunque admitió que ahora no hay ningún canal de negociación abierto. ‘Nosotros no iremos detrás del PSOE. Si quieren hablar de esta opción, tendrán que dar el paso’, advirtió.
Junts no improvisa: la vía Starmer es la respuesta a una legislatura sin mayoría social y con un presidente que ya no tiene la confianza de los que le invistieron.
Sobre el Partido Popular, Turull ha lamentado que entre ‘insulto e insulto’ no haya hecho ‘ninguna propuesta seria’. Y sobre Vox, sentencia inapelable: ‘Nunca puede formar parte de la ecuación’. La operación, en todo caso, tiene un punto de fuga evidente: depende de que alguien de peso en Madrid se avenga a viajar a Waterloo y a aceptar un programa ajeno. Por el momento, los socialistas no han dado el paso.
El eco en Moncloa: ¿qué gana y qué pierde el Gobierno central?
La iniciativa de Junts obliga a Moncloa a mover ficha en un momento en que la mayoría que invistió a Sánchez se ha esfumado. La legislatura arrastra un rosario de incumplimientos de los acuerdos de investidura, y los casos judiciales que cercan al Gobierno añaden ruido a una relación ya muy deteriorada. Para el PSOE, aceptar la vía Starmer supondría reconocer la propia debilidad; ignorarla, con los Presupuestos en el aire, podría abocar a la legislatura al ‘final zombi’ que Turull ha vaticinado.
El precedente catalán de exigir un interlocutor en Waterloo no es nuevo, pero adquiere una dimensión distinta cuando se plantea como condición para sustituir al presidente del Gobierno. Esquerra Republicana, el otro socio de investidura, ha preferido no comentar de momento la propuesta, aunque Turull les ha lanzado un dardo: ‘Lo que me sorprende es que algunos pidan responsabilidades por la corrupción y no por no haber cumplido los acuerdos’. El mensaje, envenenado, busca marcar el terreno ante la renovación de las alianzas post-Sánchez.
En cualquier caso, el movimiento de Junts va más allá del tacticismo diario. Sitúa en el centro del debate la necesidad de un relevo y lo hace con una hoja de ruta que, aunque improbable, obliga a todos los actores a retratarse. El próximo paso, si llega, tendrá que darse en Waterloo. Y eso, de momento, no figura en la agenda de ningún dirigente estatal.

