Junts per Catalunya ha dado un nuevo volantazo a su discurso migratorio. El portavoz parlamentario, Salvador Vergés, ha propuesto este martes condicionar determinadas ayudas sociales a que los inmigrantes ‘demuestren su capacidad de integración’ en la sociedad catalana. La idea, esbozada en una entrevista con EFE, busca al mismo tiempo disputar el espacio electoral a Aliança Catalana (AC) y marcar distancias con la ultraderecha independentista.
Un giro calculado ante el avance de Aliança Catalana
La ofensiva de Vergés responde al intenso debate interno abierto por el exdirigente de Convergència David Madí, quien hace unos días defendió explorar pactos municipales con Aliança Catalana y rechazó el cordón sanitario contra la formación de Sílvia Orriols. El partido de Puigdemont se resiste a abrazar acuerdos orgánicos, pero afronta el reto de que AC le supere ya en algunos sondeos. Vergés sostiene que la vía correcta no es el aislamiento, sino ‘confrontar’ a Orriols con propuestas ‘realistas’ sobre inmigración e inseguridad.
El portavoz juntaire reclama una inmigración regulada ‘en origen’, con documentación en regla y ligada a las necesidades reales del mercado laboral catalán. Admite sin ambages que Cataluña necesita inmigrantes por su baja natalidad. Sin embargo, su discurso introduce un requisito novedoso: los derechos sociales no serían un cheque en blanco sino que exigirían una contrapartida de integración.
Derechos y deberes: las ayudas como ‘premio’
Vergés distingue entre los derechos básicos, que deben garantizarse siempre —’si un niño está enfermo hay que curarlo’, ejemplifica—, y otras prestaciones, como las vinculadas al acceso a la vivienda. Estas últimas deberían funcionar como un ‘premio’ por los ‘deberes’ cumplidos. En sus propias palabras: ‘Si la persona recién llegada no demuestra esta voluntad y capacidad de integración, estas prestaciones no deben estar a su alcance’.
El giro migratorio de Junts es una respuesta a la sombra de Aliança Catalana, pero al mismo tiempo erosiona su imagen como socio fiable en el Congreso.
La fórmula, aunque envuelta en un lenguaje de reciprocidad, aproxima a Junts a las tesis que tradicionalmente ha defendido Aliança Catalana, aunque Vergés subraya que su partido sí ofrece ‘soluciones realistas’ y rechaza generalizaciones como ‘todos los inmigrantes, fuera’. La estrategia pasa por disputar el terreno a Orriols sin asumir por completo su programa.
Catalunya rechaza recibir más menores migrantes de Ceuta
El endurecimiento tiene una vertiente concreta: Vergés ha advertido al Gobierno de que Junts está ‘frontalmente en contra’ de que Cataluña acoja a más menores migrantes no acompañados procedentes de Ceuta. Asegura que los centros catalanes ya están saturados y exige que otras comunidades autónomas asuman esa carga. ‘No se puede seguir haciendo venir a menores no acompañados a Cataluña’, afirmó. Hacerlo en las circunstancias actuales sería, a su juicio, ‘una irresponsabilidad’.
La posición tensa la cuerda con el Ejecutivo central en plena crisis migratoria y recuerda la reciente votación en el Congreso en la que Podemos y otros socios tumbaron el traspaso de competencias migratorias por considerarlo ‘racista’. entonces quedó claro que el margen de Junts para condicionar al Gobierno de Sánchez es limitado cuando toca estos asuntos.
El PSC habla de ‘lepenización’ y peligra la mayoría de investidura
Las reacciones no se han hecho esperar. El líder del PSC en el Parlament, Ferran Pedret, publicó un mensaje en X con la expresión ‘lepenització dels esperits’ —’lepenización de los espíritus’—, en una crítica directa a la deriva de Junts hacia los postulados de Marine Le Pen. El PSC lleva tiempo alertando de que este radicalismo aleja a los posconvergentes de cualquier pacto por el centro en Cataluña y debilita la mayoría de investidura de Pedro Sánchez.
Entre la tentación de Le Pen y la gobernabilidad del Estado
El movimiento de Junts tiene una lectura en clave estatal. La formación de Puigdemont se mueve en una contradicción estratégica: necesita conservar su influencia en el Congreso para negociar contrapartidas, pero al mismo tiempo flirtea con un discurso que incomoda a los socios de izquierda que sostienen al Gobierno. La reciente derrota de la ley de competencias migratorias demostró que el espacio para políticas duras en inmigración es escaso mientras Podemos y otras fuerzas tengan capacidad de bloqueo. La ‘lepenización’ de Junts, como la llama el PSC, no solo es un desafío al Govern de Illa, sino una amenaza directa a la arquitectura parlamentaria que permite la legislatura.
El precedente francés es inevitable: Marine Le Pen construyó su éxito normalizando exigencias de ‘integración’ y condicionando derechos. Junts parece querer replicar esa estrategia en el mapa catalán, aunque con un cuidado evidente por no identificarse con las posiciones más extremas de Aliança Catalana. A corto plazo, la jugada le permite recortar a Orriols, pero el precio puede ser la ruptura definitiva con una izquierda que ya mira con desconfianza a los posconvergentes.
