EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? ArcelorMittal Kryvyi Rih, la mayor acería de Ucrania, ha detenido su producción tras cuatro ataques con misiles rusos en cinco semanas, el último el 21 de septiembre.
- ¿Quién está detrás? El Ministerio de Defensa ruso reivindica los impactos como represalia por los ataques ucranianos contra instalaciones energéticas e industriales rusas.
- ¿Qué impacto tiene? Con Zaporozhstal y Kamet Steel también paradas, el país pierde cerca del 90% de su capacidad siderúrgica y ArcelorMittal provisiona unos 1.000 millones de dólares.
Rusia ha apagado la mayor acería de Ucrania. ArcelorMittal Kryvyi Rih ha detenido su producción tras cuatro ataques con misiles en cinco semanas, el último el pasado 21 de septiembre, y la compañía reconoce que no puede reiniciar la actividad ‘de forma segura y sostenible’.
Cuatro misiles en cinco semanas contra la mayor acería del país
La planta de Kryvyi Rih, en el centro de Ucrania, no es solo una acería. Integra también operaciones de extracción de mineral de hierro y, antes de la escalada del conflicto en 2022, producía 4,9 millones de toneladas de acero al año. Era el mayor productor siderúrgico del país y uno de los activos más pesados del grupo ArcelorMittal fuera de Europa Occidental.
Según la compañía, las instalaciones han recibido cuatro impactos en las últimas cinco semanas; el más reciente, el 21 de septiembre. Los daños son extensos y el consejero delegado, Mauro Longobardo, ha explicado que la prioridad es preservar la infraestructura para poder reanudar la actividad más adelante. ArcelorMittal anticipa un cargo de unos 1.000 millones de dólares por la pérdida de valor de la planta y su equipamiento.
El Ministerio de Defensa ruso sostiene que sus fuerzas atacan instalaciones militares y de defensa, además de infraestructura de apoyo, en respuesta a los ataques ucranianos de largo alcance contra objetivos energéticos e industriales en territorio ruso. Entre los blancos que el ministerio cita estos días figuran fábricas de drones, almacenes, puentes, puertos, y nudos logísticos.
La secuencia importa. Un día antes del último impacto sobre la acería, Ucrania lanzó su mayor ataque con drones sobre Moscú, que dejó varios muertos y alcanzó una refinería de petróleo. Moscú califica esos ataques contra civiles como terrorismo. La línea que separa un complejo industrial de un objetivo militar lleva meses difuminándose.
Lo que ha caído no es una fábrica aislada. Es un eslabón entero de la economía de guerra ucraniana.
Cuando deja de salir acero, no se detiene solo una factoría: se apaga la capacidad de un país para reconstruirse mientras aún resiste.
El efecto dominó: Zaporozhstal y Kamet Steel también están paradas

ArcelorMittal Kryvyi Rih no está sola. Antes de que cayera, ya habían detenido su producción Zaporozhstal y Kamet Steel, ambas propiedad del gigante metalúrgico ucraniano Metinvest. Según informaciones del sector recogidas por medios financieros internacionales, las tres plantas concentraban cerca del 90% de la producción de acero de Ucrania antes de que los ataques rusos las parasen en seco.
El diagnóstico lo resumió Aleksandr Vodoviz, jefe de la oficina del consejero delegado de Metinvest: ‘A día de hoy, Ucrania ya no tiene industria siderúrgica’. Las reparaciones podrían llevar ‘días, semanas, meses o años’, según la misma fuente. La siderurgia ucraniana ha pasado de exportar acero a medio mundo a acumular escombros y provisiones contables.
El impacto se extiende más allá de Ucrania. El acero de Kryvyi Rih, Zaporizhzhia y Kamianske alimentaba mercados de exportación, buena parte en la UE, gracias al régimen de libre comercio que Bruselas concede a Kiev. Con los altos hornos apagados, la reconstrucción del país tendrá que importar el acero.
Aquí aparece la guerra económica en estado puro. Moscú no necesita ocupar una planta para inutilizarla: le basta con golpearla de forma repetida hasta que el coste de repararla supere el de abandonarla. Es la misma lógica con la que castigó la red eléctrica ucraniana en los inviernos de 2022 y 2023.
Equilibrio de Poder
La lectura de Washington es la de un conflicto que ya no se libra solo en el frente, sino en el balance de la retaguardia. La administración de Donald Trump ha reducido su compromiso financiero con Kiev y empuja a Europa a asumir el grueso de la factura. Cada acería parada resta a Ucrania capacidad para sostener su guerra y refuerza la tesis de que el tiempo juega a favor de Moscú.
El Kremlin convierte la industria ucraniana en moneda de cambio. Cada misil sobre Kryvyi Rih responde, así lo presenta el Ministerio de Defensa ruso, a los drones ucranianos que alcanzan refinerías y plantas rusas. Es una escalada simétrica en la forma y asimétrica en el fondo: Rusia puede reponer misiles; Ucrania no puede reponer acerías.
Bruselas mira dos veces el tablero. La UE pierde un proveedor siderúrgico en un momento en que su industria arrastra costes energéticos altos y competencia asiática; y los planes de reconstrucción ucranianos dependían, en parte, de la capacidad propia de Kiev para fabricar materiales de obra.
Para España, el asunto llega por dos vías. La primera es corporativa: ArcelorMittal tiene presencia industrial decisiva en Asturias, con las plantas de Gijón y Avilés, y la provisión de 1.000 millones de dólares golpea sus cuentas. La segunda es de mercado: el acero que Ucrania deja de colocar en Europa tensa las cuotas y los precios. A eso se suma la frontera sur: cada distracción de recursos occidentales hacia el este resta margen en el Sahel y el Magreb.
El precedente está en el propio país invadido. En 2022, el asedio de Mariúpol pulverizó Azovstal, la gran siderúrgica del sur, y con ella se perdió una capacidad nunca recuperada del todo. Lo que ocurre ahora en Kryvyi Rih repite el guion a escala nacional: no cae una planta, cae un sector. Las reparaciones, reconocen los gestores, se miden en años.
El próximo hito no será diplomático, sino estacional. El invierno pondrá a prueba una red eléctrica ya golpeada y una economía sin apenas siderurgia que la sostenga. Antes de que llegue, Bruselas tendrá que decidir si compensa con importaciones lo que la artillería rusa ha borrado del mapa industrial ucraniano.
