Oxford revela que las bombas de calor en Reino Unido podrían ser un 38% más eficientes con ajustes en la instalación

El rendimiento estacional (SPF) real alcanza solo 2,81 frente al potencial de 3,86 por errores en el cálculo de pérdidas y en la configuración del weather compensation. Un ajuste adecuado reduciría los costes de funcionamiento hasta un 40%.

Un estudio de la Universidad de Oxford y la plataforma HeatpumpMonitor.org revela que las bombas de calor instaladas en Reino Unido podrían ser un 38% más eficientes si se corrigieran los errores de dimensionamiento y configuración en su puesta en marcha, lo que se traduce en un ahorro de hasta el 40% en costes de funcionamiento.

El dato que revela el problema: SPF real de 2,81 frente al 3,86 potencial

El factor de rendimiento estacional (SPF, por sus siglas en inglés) mide la eficiencia de una bomba de calor a lo largo de todo un periodo, dividiendo el calor producido entre la electricidad consumida. El estudio, que analiza datos reales de cientos de instalaciones en el Reino Unido, muestra que el SPF medio alcanzado en el ensayo gubernamental Electrification of Heat fue de solo 2,81, muy lejos del 3,86 que puede ofrecer un sistema bien dimensionado y optimizado. La diferencia es enorme: cada décima de mejora en el SPF se traduce en menos electricidad consumida, menos emisiones y más ahorro en la factura energética de los hogares.

Jan Rosenow, investigador del Environmental Change Institute de la Universidad de Oxford, y Trystan Lea, cofundador de HeatpumpMonitor.org, han puesto la lupa sobre este desfase. Según sus hallazgos, los errores en la puesta en marcha —y no un fallo tecnológico de las bombas de calor— son los principales responsables de que el rendimiento real esté tan por debajo de lo posible.

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Errores que inflan las pérdidas de calor: por qué se instalan bombas más grandes de lo necesario

El primer eslabón de la cadena está en la fase de cálculo de la demanda térmica. Los instaladores británicos suelen sobrestimar las pérdidas de calor de la vivienda en condiciones extremas. Para ello utilizan metodologías como los certificados de eficiencia energética (EPC-SAP) o programas propios, que manejan hipótesis estandarizadas sobre ocupación, aislamiento y comportamiento de los residentes. La realidad es muy distinta: el último informe del gobierno, de mayo de 2026, constató que los hogares con calefacción eléctrica consumían un 31% menos de energía de la prevista, y un 47% menos en diciembre.

Cuando un instalador estima que una casa necesita 10 kW de potencia y en realidad bastan 6 kW, instala un equipo sobredimensionado. Ese sobrecálculo dispara la temperatura de flujo —el agua que circula por los radiadores— y la bomba de calor “cree” que debe trabajar a mayor potencia para alcanzar una temperatura alta que la vivienda, en realidad, no necesita. El resultado es un ciclo ineficiente: el compresor va a plena carga, un termostato de ambiente corta la calefacción cuando la casa se pasa de calor, y luego el ciclo se repite una y otra vez. Es un patrón detectado en el 55% de los equipos analizados por HeatpumpMonitor.org en una de las marcas más populares del mercado británico: esos sistemas alcanzaron un SPF medio de solo 2,69.

SPF bomba de calor

El coste oculto: cómo una mala configuración dispara la factura hasta un 40%

La cadena de errores tiene un impacto directo en el bolsillo. Con un SPF de 2,8 —el promedio del ensayo oficial—, el coste de funcionamiento se acerca al de una caldera de gas, borrando gran parte del argumento económico del cambio. Si ese SPF se elevase hasta el 3,86 registrado en los mejores sistemas, el ahorro anual para un hogar típico sería de unas 224 libras (unos 260 euros al cambio), lo que supone una reducción del 26% en el gasto. Y en los casos con peor configuración, la diferencia en el coste de explotación puede llegar al 40%.

La eficiencia no solo depende de la tecnología, sino de cómo se instala y se ajusta cada equipo. Unos pocos cambios en la puesta en marcha pueden convertir un sistema mediocre en una máquina de ahorrar energía.

Trystan Lea lo explica con claridad: “El mayor golpe a la eficiencia no es el ciclo en sí, sino que la máquina funcione a plena carga y a una temperatura demasiado alta”. Cuando la curva de compensación climática se ajusta correctamente, la bomba de calor modula su potencia y mantiene una temperatura de flujo baja y constante, alrededor de 36-37°C en los días más fríos. Ese es el secreto de los SPF superiores a 4.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • CO2 evitado: hasta un 27% menos de electricidad respecto a un sistema con SPF 2,81; la reducción de emisiones depende del mix eléctrico, pero siempre es sustancial.
  • Capacidad / magnitud: mejora de eficiencia del 38% sobre el rendimiento medio actual del parque de bombas de calor.
  • Inversión: el ajuste de la puesta en marcha no requiere apenas inversión adicional; basta con cálculos de carga más precisos y una configuración adecuada del weather compensation.
  • Equivalencia tangible: un ahorro de 224 libras al año por hogar y una reducción de consumo eléctrico equivalente a varias semanas de funcionamiento de un hogar medio.

Soluciones al alcance de la mano: ajustes de puesta en marcha y estándares más precisos

La buena noticia es que corregir esta brecha de eficiencia no requiere un desarrollo tecnológico nuevo, sino una combinación de mejores metodologías de cálculo y un protocolo de puesta en marcha más cuidadoso. El estándar europeo EN 12831-1:2017, que determina la carga térmica de diseño, es una herramienta precisa que, combinada con pruebas de permeabilidad al aire, permite dimensionar correctamente los equipos. Cuando el cálculo arroja una pérdida de calor menor, la respuesta no debe ser reducir el número de radiadores, sino bajar la temperatura de diseño para mejorar la eficiencia.

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Lea también apunta a soluciones que automatizan el ajuste. Ya existen optimizadores externos capaces de aprender la inercia térmica de la vivienda y reajustar los parámetros de compensación de forma remota. Y los fabricantes empiezan a incorporar sistemas de autoajuste en los modelos más recientes, lo que eliminaría la carga de la puesta en marcha para el instalador.

Además, Rosenow propone introducir un elemento de rendimiento en los incentivos públicos. En Reino Unido, el Boiler Upgrade Scheme concede una subvención fija por cada instalación, sin tener en cuenta la calidad de la misma. Vincular parte de la ayuda a la verificación del SPF real obtenido, exigir acreditaciones que demuestren el uso de métodos de cálculo precisos e impulsar garantías de rendimiento —como ya ofrecen algunos instaladores especializados— podrían transformar el mercado sin añadir grandes cargas administrativas.

De Reino Unido al resto de Europa: un patrón repetido que se puede romper

Los datos británicos no son un caso aislado. Estudios de campo en Irlanda, Europa Central y otros países han documentado desviaciones similares entre el rendimiento nominal y el real. La sobrestimación de la demanda, un equipo desproporcionado y una puesta en marcha deficiente son constantes que lastran el despliegue de la electrificación de la calefacción en todo el continente. Lo relevante es que el problema es humano, no tecnológico, y por tanto evitable con prácticas de instalación diferentes.

En España, donde el mercado de la bomba de calor está en expansión, estos hallazgos resultan especialmente oportunos. La mayoría de las instalaciones recurren a metodologías de cálculo que pueden arrastrar los mismos sesgos. Apostar por una formación más rigurosa de los instaladores y por herramientas como el estándar EN 12831, ya adoptado por otros países, aseguraría que la eficiencia prometida por los fabricantes se traduzca realmente en ahorro y descarbonización.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: con un SPF de 3,86, cada hogar británico ahorra 224 libras al año y evita un consumo eléctrico equivalente a varios cientos de kWh; si se extrapola a los millones de instalaciones previstas, la reducción de emisiones a nivel país es significativa.
  • Modelo que cambia: se sustituye la práctica de instalar bombas de calor “en bruto”, sin ajuste fino, por un proceso guiado por datos reales y estándares de calidad que priman el rendimiento a largo plazo sobre el coste inicial.
  • Para las próximas generaciones: cada bomba de calor correctamente optimizada reduce la demanda eléctrica y, con ella, la presión sobre las infraestructuras y la quema de combustibles fósiles, acelerando la descarbonización del sector residencial sin renunciar al confort.