655 millones de personas siguen sin electricidad: la ONU alerta sobre el rezago en el acceso universal a la energía

El informe conjunto de la ONU y la AIE muestra que el ritmo actual de electrificación no alcanzará la meta del ODS7 en 2030. La inversión en energías renovables en las comunidades más vulnerables sigue siendo la gran asignatura pendiente.

Naciones Unidas y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) acaban de lanzar un aviso que enciende todas las alarmas de la transición energética global: 655 millones de personas siguen sin acceso a la electricidad en 2026. El dato, extraído de su informe conjunto sobre el progreso hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (ODS7), revela que el mundo se está quedando muy corto en el compromiso de garantizar energía asequible, fiable y moderna para todos en 2030. Lejos de una mera estadística, esos 655 millones representan la incapacidad de la comunidad internacional para cerrar la brecha de la pobreza energética, un freno a la descarbonización y una asignatura pendiente que golpea sobre todo a las comunidades más vulnerables.

La brecha energética en cifras: 655 millones de personas siguen a oscuras

El informe publicado el 24 de junio de 2026 pone negro sobre blanco un problema que parecía en vías de solución tras los avances de la última década. Hoy, uno de cada once habitantes del planeta no tiene luz en casa. La cifra no es homogénea: más del 80 % de quienes carecen de electricidad viven en el África subsahariana, y el resto se concentra en zonas aisladas de Asia y algunas regiones de América Latina. La pandemia, los conflictos armados y la inflación de los costes energéticos han frenado un progreso que ya era desigual.

Según el análisis de la ONU y la AIE, si se mantiene el ritmo actual de electrificación, el mundo no alcanzará el ODS7 en 2030. Haría falta acelerar las conexiones a la red y las soluciones descentralizadas con energías limpias cuatro veces más rápido de lo que se ha hecho hasta ahora. El coste no es el único obstáculo: la falta de infraestructuras, la inseguridad jurídica en los países receptores y la escasa rentabilidad a corto plazo han mantenido alejada a la inversión privada.

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La consecuencia directa de esta carencia energética es la perpetuación de la pobreza: sin electricidad no hay refrigeración para vacunas, no hay iluminación para estudiar, y no se pueden impulsar actividades económicas que saquen a las comunidades del círculo vicioso de la miseria.

655 millones de personas sin luz no es solo un drama humanitario, es la evidencia de una transición energética que ha dejado fuera a los más pobres.

Las causas del rezago: pobreza, conflictos y la letra pequeña de la financiación

El acceso universal a la energía tropieza con varios muros simultáneos. En primer lugar, la pobreza energética se concentra en países donde las redes eléctricas ni siquiera llegan a las zonas rurales. Allí, las familias dependen de la biomasa o del queroseno para cocinar e iluminarse, con graves impactos en la salud y en las emisiones de carbono. Además, la mayoría de los países de África subsahariana se enfrenta a barreras financieras que frena el despliegue de redes eléctricas, según el informe.

En segundo término, los conflictos armados y la inestabilidad política —desde el Sahel hasta el Cuerno de África— han paralizado proyectos de electrificación rural. Por último, la inversión necesaria para cerrar la brecha eléctrica sigue llegando con cuentagotas: las estimaciones internacionales apuntan a un déficit de financiación de al menos 30.000 millones de dólares anuales hasta 2030, concentrado casi exclusivamente en los países de renta baja.

El informe de Naciones Unidas insiste en que la solución no pasa solo por tender líneas, sino por combinar redes inteligentes, minirredes solares y sistemas domésticos aislados basados en renovables. Esta electrificación descentralizada no solo es más rápida y barata, sino que además convierte a las comunidades en productoras de su propia energía, saltándose los cuellos de botella de las grandes infraestructuras.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Personas sin electricidad: 655 millones, según el informe ONU‑AIE de junio de 2026.
  • Emisiones evitables: Si esas comunidades accedieran a energía solar en lugar de combustibles fósiles, se podrían evitar hasta 1.000 millones de toneladas de CO₂ al año, según cálculos del Banco Mundial.
  • Inversión necesaria: Al menos 30.000 millones de dólares anuales adicionales para alcanzar el ODS7 en 2030.
  • Equivalencia tangible: Cerrar la brecha eléctrica equivaldría a sacar de la pobreza extrema a más de 500 millones de personas en una década.

ODS7

Análisis: la electrificación limpia es rentable, pero la voluntad política no termina de llegar

El aviso de la ONU no es nuevo, pero llega en un momento crítico. En la COP28, los países ricos se comprometieron a triplicar la capacidad renovable mundial para 2030, pero ese objetivo solo se traducirá en un acceso universal real si la inversión se dirige expresamente a las zonas olvidadas. Experiencias como el programa Energía para Todos de la India o los fondos de electrificación rural en Kenia demuestran que, cuando hay un marco regulatorio estable y financiación paciente, el retorno social y económico se multiplica: cada dólar invertido en electrificación rural genera hasta tres dólares en actividad productiva local, según el Banco Mundial.

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La letra pequeña de la transición energética es incómoda: mientras el capital privado persigue megaproyectos de hidrógeno verde o parques eólicos marinos, el mercado de la electrificación básica sigue sin ser atractivo para los grandes fondos ESG. Los modelos de pago por uso y los microcréditos solares han demostrado su eficacia en Bangladesh o Tanzania, pero necesitan escalarse con el respaldo de garantías multilaterales y de la Taxonomía Verde europea, que todavía no incorpora incentivos suficientes para la electrificación de última milla.

El ODS7 no es solo un número en una agenda; es la condición previa para que las demás metas climáticas tengan sentido. Sin electricidad no hay vehículo eléctrico ni cocina limpia; sin energía asequible, las familias seguirán quemando leña y carbón, perpetuando un modelo de emisiones que castiga tanto a la salud como al clima. La alianza entre la ONU y la AIE que sustenta este informe es un paso hacia un mayor rigor, pero la diferencia entre un informe y una solución se mide en dólares, en megavatios instalados en aldeas remotas y en la voluntad de los gobiernos de priorizar a quienes nunca han encendido un interruptor.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Proporcionar electricidad renovable a los 655 millones de personas sin acceso evitaría miles de millones de toneladas de CO₂ y reduciría drásticamente la mortalidad asociada a la contaminación del aire doméstico.
  • Modelo que cambia: La electrificación descentralizada con renovables está sustituyendo a los combustibles fósiles como primera opción de acceso, demostrando que la transición energética puede empezar desde abajo.
  • Para las próximas generaciones: Una generación que crezca con electricidad limpia tendrá más herramientas para salir de la pobreza y contribuir a un desarrollo económico compatible con la descarbonización.