ERC lanza este lunes en Barcelona Esquerra Democràtica, un nuevo sector de centro-derecha independentista diseñado para disputar el espacio político que hoy ocupa Junts. La jugada, pilotada por el president Oriol Junqueras, coloca a dos figuras de inequívoca impronta convergente —Carles Campuzano y Francesc-Marc Álvaro— al frente de una plataforma que operará como entidad federada dentro del partido republicano.
La presentación de la nueva asociación política confirma la ambición de ERC de convertirse en el partido hegemónico del nacionalismo catalán, buscando no solo los votos de la izquierda —tras el reciente pacto con Comunistes y Esquerra Unida— sino también los de un centro-derecha que, a juicio de la cúpula republicana, se ha quedado huérfano con el giro errático de Junts.
Una pinza para ahogar a Junts entre ERC y Aliança Catalana
La estrategia es tan sencilla como contundente: cerrar el espacio posconvergente por ambos flancos. Mientras Aliança Catalana roba votos a Junts por la derecha, con un discurso identitario duro que ya se refleja en los sondeos, ERC se estira ahora hacia el centro-derecha moderado con un proyecto que apela a los antiguos votantes de Convergència que nunca se sintieron cómodos bajo el liderazgo de Carles Puigdemont.
El propio Carles Campuzano, que presidirá Esquerra Democràtica, encarna ese perfil. Fue diputado de CiU en el Congreso durante más de dos décadas, colaboró con el Govern de Pere Aragonès como consejero de Derechos Sociales y siempre marcó distancia con la vía unilateral del 1-O. Junts nunca fue su casa, y esa trayectoria es precisamente el activo que ERC quiere capitalizar.
Francesc-Marc Álvaro, periodista de larga trayectoria en la órbita convergente y hoy diputado independiente en el Congreso, completa la pareja con un discurso de «consensos amplios» y centralidad. Ambos se integrarán con carnet del partido a partir de septiembre y tendrán asiento en los órganos de dirección de ERC, además de puestos reservados en las listas electorales, empezando por las próximas municipales, previstas para mayo de 2027.
Campuzano y Álvaro: fichajes convergentes para desgastar a Puigdemont
Los dos fichajes no son improvisaciones. Junqueras los incorporó años atrás precisamente para debilitar el espacio que Junts descuidaba. Hasta ahora, sin embargo, habían ejercido sus responsabilidades como independientes. La creación de Esquerra Democràtica formaliza una colaboración que ya existía en los hechos y la dota de estructura propia, con la idea de atraer a cuadros exsocialistas, antiguos diputados de Junts pel Sí y jóvenes moderados.
La maniobra busca, además, proyectar una imagen de «centralidad del nacionalismo» inspirada en la Esquerra Democràtica que Ramon Trias Fargas impulsó en 1975. En esencia, la tesis es que la nueva CiU es ERC. Y que, con este paso, los republicanos que ya gobiernan la Generalitat consolidan su hegemonía mientras Junts se debate entre su ala izquierdista —que aún pesa internamente— y un giro a la derecha que muchos electores perciben como confuso.
Esquerra Democràtica busca seducir al votante convergente desencantado con el giro de Junts hacia una derecha sin rumbo.
La división en Junts sobre si Aliança Catalana es un interlocutor legítimo es el síntoma más visible ese desconcierto. La semana pasada, dos caras del partido discreparon abiertamente sobre si cabe pactar con la formación de extrema derecha. ERC observa y aprovecha: la pinza se cierra con matemática electoral.
La jugada de Junqueras para ocupar la ‘centralidad del nacionalismo’
El lanzamiento de Esquerra Democràtica no es solo una operación contra Junts. Sirve también para tapar problemas domésticos de ERC. Gabriel Rufián, portavoz en el Congreso, insiste en llevar la contraria al partido sobre cómo presentarse a las próximas generales y mantiene un pulso soterrado con Junqueras. El grupo parlamentario en Madrid apenas habla con el diputado Álvaro, y el proyecto centrista que ahora se presenta apunta en dirección contraria a la de Rufián: no se sitúa a la izquierda del PSOE, sino en el mismo espacio, lo que refuerza la de la idea de que el independentismo está en plena redefinición.
Para Moncloa, este movimiento tiene una lectura ambivalente. Por un lado, ERC se presenta como un socio más estable y con capacidad de llegar a acuerdos transversales, lo que despeja el horizonte de la legislatura. Por otro, la consolidación de una formación independentista de centro-derecha con peso orgánico podría dificultar futuras negociaciones si el partido se ve obligado a endurecer su discurso para no ser desbordado por Aliança.
En cualquier caso, el president Illa observa con interés la maniobra de su principal apoyo parlamentario. La expansión de ERC hacia el centro-derecha puede facilitar mayorías más amplias en el Parlament y reforzar la imagen de estabilidad que el Govern intenta proyectar. Los próximos meses, con las municipales de 2027 en el horizonte, dirán si Esquerra Democràtica es el embrión de la nueva CiU o un simple satélite que se diluye antes de despegar.
