EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Polonia ha firmado un contrato por 4.800 millones de dólares con Saab para tres submarinos A26 de quinta generación, con entrega prevista en 2038.
- ¿Quién está detrás? El Ministerio de Defensa polaco y la sueca Saab, con presencia de los primeros ministros y ministros de defensa de ambos países.
- ¿Qué impacto tiene? Refuerza la seguridad marítima en el Báltico, introduce capacidad de enjambres de drones submarinos, y profundiza la cooperación industrial de defensa entre Suecia y Polonia, clave para la OTAN.
Polonia ha dado hoy un salto estratégico en su modernización naval con la firma de un contrato de 4.800 millones de dólares con la sueca Saab para la adquisición de tres submarinos A26 de quinta generación. La ceremonia, celebrada en Gdynia, en la costa báltica polaca, contó con la presencia de los primeros ministros y los ministros de defensa de ambos países, según confirmó el Ministerio de Defensa polaco. Los sumergibles, que estarán operativos en 2038, serán los más avanzados diseñados para operar en el Mar Báltico y, por primera vez, podrán desplegar enjambres de drones desde las profundidades.
El acuerdo incluye además la creación de capacidades de mantenimiento, reparación y revisión (MRO) en suelo polaco, estrechando la colaboración industrial con la industria local. En paralelo, Varsovia ha cerrado un contrato urgente para adquirir el submarino sueco HMS Södermanland como «buque puente» para adiestrar a sus marineros mientras llegan los A26, una medida que revela la urgencia con la que se está cerrando la brecha de capacidades en la Armada polaca.
El viceprimer ministro y ministro de Defensa polaco, Władysław Kosiniak-Kamysz, subrayó que los A26 «son los submarinos más avanzados diseñados para el Báltico, capaces de realizar misiones tanto para la Armada como para fuerzas de operaciones especiales». Los enjambres de drones que podrán lanzar —controlados desde el interior de la nave— vigilarán infraestructuras críticas y la costa, una función que adquiere un valor táctico enorme en un mar cada vez más disputado.
Una brecha naval que el Báltico ya no puede tolerar
Durante décadas, la Marina polaca fue la rama más infrainversida de sus fuerzas armadas. La anexión rusa de Crimea en 2014, las tensiones en el Báltico y la guerra de Ucrania han cambiado drásticamente esas prioridades. En los últimos meses, Varsovia ha acelerado una cascada de contratos para modernizar su flota: drones aéreos V-BAT de Shield AI para la Armada, sistemas de misiles de crucero, y ahora este pedido de submarinos de última generación.
El Báltico se ha convertido en un teatro de fricción permanente entre la OTAN y Rusia. Incidentes con cables submarinos, movimientos navales no anunciados y la presencia de la Flota del Báltico rusa obligan a repensar la disuasión bajo el agua. Los A26 llegan a cambiar la ecuación: con su sigilo extremo, propulsión independiente del aire (AIP) y capacidad de operar durante semanas sin ser detectados, Polonia podrá vigilar y negar el acceso a una zona que Moscú considera vital para sus intereses.
Polonia está comprando no solo submarinos, sino la capacidad de negar el mar a cualquier adversario en el Báltico con una letalidad silenciosa y autónoma.
El A26: furtivo, modular y con enjambre de drones
Los Saab A26 representan la quinta generación de submarinos convencionales. Están concebidos con un diseño modular que permite integrar cargas de misión variables: desde fuerzas especiales hasta vehículos autónomos. Su silueta está optimizada para las aguas poco profundas y de escasa propagación acústica del Báltico, donde un submarino nuclear sería contraproducente. La opción de lanzar enjambres de drones —aéreos, de superficie o submarinos— controlados remotamente desde el submarino convierte al A26 en un nodo de mando distribuido, no solo en un arma de ataque.
Las especificaciones técnicas incluyen una eslora de 63 metros, desplazamiento en inmersión de unas 1.900 toneladas y una tripulación reducida de alrededor de 25 personas. La propulsión AIP basada en el sistema Stirling le otorga una autonomía sumergida de semanas, eliminando la necesidad de asomar un snorkel y reduciendo su firma. Todo apunta a que Polonia también habría negociado la transferencia tecnológica para que parte de los trabajos de acondicionamiento y los futuros sistemas de combate se integren en sus astilleros. Puedes ampliar los detalles del programa en la entrada de la Wikipedia sobre el submarino A26.
El anuncio de los enjambres de drones ha sido la sorpresa táctica. Hasta ahora, ningún otro programa de submarinos incluía de serie la capacidad de desplegar y comandar una swarm heterogénea. El Ministerio de Defensa polaco no ha especificado aún el tipo de drones, pero la lógica operativa apunta a unidades pequeñas, desechables y equipadas con sensores de vigilancia electrónica, que podrían saturar las defensas de un adversario o cartografiar minas de forma autónoma.
Equilibrio de Poder
La decisión de Polonia resuena mucho más allá de Gdynia. Para la OTAN, el refuerzo del flanco marítimo nórdico-báltico es estratégicamente prioritario. Suecia, último miembro en incorporarse a la Alianza, se convierte en el socio industrial de referencia de Varsovia en el dominio submarino, desplazando a los históricos proveedores alemanes o franceses. El oligopolio europeo de construcción de submarinos —dominado por Naval Group, TKMS y Navantia— ve ahora cómo Saab escala posiciones no solo como fabricante, sino como integrador de nuevas doctrinas de combate con drones.
Para España, la operación tiene varias lecturas. Por un lado, Navantia compite en el segmento de submarinos convencionales con su clase S-80, pero el contrato polaco demuestra que en la OTAN el mercado va hacia sistemas modulares con capacidad de enjambre, un terreno en el que Cartagena aún no ha mostrado cartas. Por otro, el sobreesfuerzo inversor de Polonia —que ya roza el 5 % del PIB en defensa— mete presión a los socios mediterráneos para que justifiquen sus partidas y cumplan con los compromisos del 2 %. La cuestión en Moncloa no es menor: si la tendencia de gasto se acelera en el este, habrá menos excusas para dilatar la modernización de las fuerzas propias.
En el eje con Rusia, el movimiento polaco no pasará desapercibido. La Flota del Báltico, aunque envejecida, sigue manteniendo capacidades de denegación de área y cuenta con misiles Kalibr. Moscú interpretará los A26 como una amenaza directa a sus rutas de salida desde San Petersburgo y Kaliningrado. La introducción de enjambres de drones submarinos añade un factor de imprevisibilidad que complica los cálculos de defensa portuaria rusos. En el actual contexto de guerra en Ucrania, cualquier movimiento de fuerzas navales en el Báltico es observado con lupa, y la reacción del Kremlin podría traducirse en un aumento de las patrullas de sus submarinos de la clase Kilo mejorada.
La OTAN, mientras, se frota las manos. El secretario general ha reiterado que la modernización naval del flanco oriental es indispensable para la disuasión integrada. Los A26 polacos, junto con los futuros submarinos suecos y los alemanes clase 212CD, tejerán una malla submarina que cierra el Báltico a las incursiones hostiles. El verdadero desafío ahora es industrial y de doctrina: cómo estandarizar los protocolos de enjambre y el intercambio de datos entre unidades de distintas nacionalidades, un debate que se intensificará en la próxima cumbre de la OTAN prevista para otoño de este año.

