EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El jefe del Ejército de Irán, Amir Hatami, ha anunciado una recompensa de 30.000 dólares por matar o capturar a soldados de EE.UU., con doble prima para las mujeres iraníes.
- ¿Quién está detrás? El Ejército iraní, con un anuncio difundido por la televisión estatal IRIB y recogido por RT.
- ¿Qué impacto tiene? Eleva la presión retórica frente a una posible operación terrestre de Washington en Irán y tensa el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.
Irán ofrece una recompensa de 30.000 dólares por matar o capturar a soldados de EE.UU. El anuncio lo ha hecho el jefe del Ejército iraní, Amir Hatami, durante un acto recogido por la televisión estatal IRIB.
La recompensa, en cifras y con doble prima para las mujeres iraníes
La medida, según Hatami, responde a ‘numerosas peticiones’ de ciudadanos iraníes que quieren participar en la defensa del país. El jefe militar ha fijado la recompensa en 30.000 dólares o 5.000 millones de tomanes iraníes, la divisa local, y ha introducido una variable poco habitual: la prima se duplica si la acción la ejecuta una mujer iraní.
La declaración textual recogida por IRIB no deja margen: ‘Cualquier individuo que mate o capture y entregue a un agresor estadounidense recibirá una recompensa de 30.000 dólares o 5.000 millones de tomanes iraníes del Ejército de Irán’. La recompensa asciende así a 60.000 dólares para las mujeres que completen la acción.
El programa incluye un segundo incentivo: el Estado comprará las armas utilizadas para matar a tropas estadounidenses por el doble de su valor y las exhibirá en un museo ya previsto. Los propietarios recibirán armas de sustitución. No se ha detallado el mecanismo de verificación ni el calendario de pago. La propuesta es deliberadamente simbólica y busca movilizar a la opinión pública antes que crear un sistema retributivo.
El escenario que teme Teherán: una operación terrestre de Washington

Hatami no solo ha puesto precio a los soldados. También ha advertido a Washington de que no ponga tropas sobre suelo iraní. Es la primera vez en esta escalada que un mando militar iraní anuncia una recompensa de alcance nacional ligada a una posible invasión terrestre.
El mensaje es claro.
La recompensa no busca inclinar el campo de batalla: busca elevar el coste político de la incursión antes de que se produzca.
El Pentágono no ha confirmado ninguna operación terrestre, pero medios occidentales han publicado que Washington estudia una incursión de gran envergadura para apoderarse del uranio enriquecido almacenado en instalaciones nucleares fortificadas. Según el diario New York Post, la misión podría implicar a miles de tropas: unidades de élite extraerían el material y fuerzas más numerosas asegurarían los complejos. El objetivo no sería sellar las instalaciones, sino retirar físicamente el material nuclear, una operación de máxima complejidad y riesgo.
La incursión descrita por la prensa estadounidense no se limitaría a un golpe quirúrgico. Miles de soldados sobre el terreno implicarían columnas logísticas, protección de zonas de aterrizaje y combate en profundidad. Por eso la recompensa llega ahora, antes de que la Casa Blanca decida formalmente.
El jefe del Ejército iraní ha ido más allá: ha asegurado que las fuerzas estadounidenses ‘ya no tienen permitido’ entrar en el el golfo Pérsico, el mar de Omán y el estrecho de Ormuz. Y ha advertido de que Teherán no permitirá que las bases estadounidenses en la región vuelvan a su ‘estado anterior’.
Estados Unidos e Israel lanzaron su campaña militar contra Irán a finales de febrero. Teherán respondió con ataques contra objetivos estadounidenses e israelíes en la región. El alto el fuego temporal se rompió y las negociaciones indirectas no han producido un acuerdo duradero. Washington mantiene la presión militar y económica; Irán insiste en que su programa nuclear es pacífico.
Ya en abril, un caza F-15E estadounidense cayó sobre Irán y los dos tripulantes fueron rescatados tras una operación de búsqueda. En aquel episodio Teherán también ofreció recompensas por la captura de los aviadores. Este nuevo anuncio institucionaliza y amplía aquella lógica.
Así de crudo.
Equilibrio de Poder
Washington no ha reaccionado de forma oficial al anuncio. La Casa Blanca mantiene el guion de presión máxima, y el Pentágono ni confirma ni desmiente los planes sobre las instalaciones nucleares. Moscú observa la escalada con interés estratégico: cualquier atascamiento militar de Estados Unidos en Oriente Próximo reduce la presión occidental sobre otros frentes. China, que mantiene compras de crudo iraní, sigue el pulso con la vista puesta en la seguridad del suministro marítimo.
La Unión Europea, en cambio, teme el cierre del estrecho de Ormuz y su efecto inmediato en el precio del crudo y del gas. Para España, el riesgo es directo. El estrecho es la principal arteria del suministro energético global: un episodio de bloqueo o de ataques a petroleros dispararía la prima de riesgo y encarecería el gas y los combustibles en plena recuperación de precios. La economía española, muy dependiente del transporte marítimo de hidrocarburos, sufriría la perturbación sin necesidad de participar en la campaña. La base naval de Rota y la base aérea de Morón, nodos del dispositivo estadounidense en la Península, quedan expuestas a cualquier represalia asimétrica en la región.
La última gran interrupción del tráfico de petroleros en el golfo, durante la guerra entre Irán e Irak, obligó a la Armada de Estados Unidos a escoltar buques. Aquel precedente elevó la factura energética y convirtió el mar de Omán en zona de operaciones militares. Ahora la escalada no se decide en el vacío: el riesgo de una misión terrestre y la respuesta iraní marcarán los precios energéticos durante las próximas semanas.
La lectura estratégica es otra. La recompensa no modifica el equilibrio militar convencional: Irán no va a detener una operación terrestre masiva con incentivos de 30.000 dólares. Pero eleva el coste político asimétrico y moviliza a la población en defensa del régimen. Es disuasión por otros medios. El precedente de las recompensas por los aviadores del F-15E demuestra que Teherán no descarta cumplir su amenaza. A corto plazo, la próxima señal relevante no será otra declaración: será el desmentido o la confirmación del Pentágono sobre la misión contra el uranio enriquecido.

