Francia déficit presupuestario: admite que no podrá reducirlo y tensa la regla fiscal europea

París fija el objetivo de déficit en el 5% del PIB, lejos del 3% que exige la UE para 2029. El aumento de los intereses y del gasto militar deja al Gobierno de Lecornu sin margen antes de las presidenciales de abril de 2027.

El Gobierno francés ha admitido este domingo que no podrá reducir de forma significativa su déficit presupuestario este año. El aumento de los intereses de la deuda, las consecuencias económicas de la guerra en Oriente Próximo y el mayor gasto militar complican cualquier ajuste, según la información del Financial Times que reproduce Expansión.

La confesión no es un dato menor: París se aleja del compromiso de situar el déficit en el 3% del PIB a finales de 2029, una exigencia central de la regla fiscal europea. El ministro responsable del Presupuesto, David Amiel, ha descrito la situación como ‘un polvorín’ y ha pedido a los candidatos al Elíseo que no prometan gasto electoralista.

El agujero que París ya no puede disimular

El objetivo oficial del Gobierno es cerrar el año con un déficit del 5% del PIB, apenas una décima por debajo del 5,1% registrado en 2025. El propio Ejecutivo admite que la meta es insuficiente para cumplir la senda europea y que Francia sigue lejos del límite del 3%.

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Los intereses de la deuda explican una parte creciente del agujero. En el primer semestre, Francia pagó 34.500 millones de euros por este concepto, un 18,8% más que un año antes. Sólo el encarecimiento de los costes de financiación podría sumar unos 11.000 millones de euros adicionales este ejercicio, una cifra equivalente al presupuesto anual del Ministerio de Justicia.

El desempleo no ayuda. La tasa alcanzó el 8,3% en el segundo trimestre, el nivel más alto en casi seis años, y reduce los ingresos fiscales al tiempo que presiona el gasto en protección social. Según el Instituto Nacional de Estadística francés, las pensiones, la sanidad, el desempleo y otras prestaciones representan ya el 58% del gasto público.

Ese bloque social es el nudo político del ajuste. Amiel ha defendido incluso congelar los aumentos automáticos de pensiones y prestaciones vinculados a la inflación, una medida que ahorraría miles de millones. El año pasado, el primer ministro Sébastien Lecornu ya cedió ante la izquierda y retiró el aumento de la edad de jubilación para aprobar los Presupuestos.

Francia no discute si tocará las pensiones: discute cuánto tiempo puede evitarlo sin que el diferencial con Alemania se le escape de las manos.

Por qué la regla fiscal europea vuelve a tensarse

La regla fiscal europea —el marco que obliga a los Estados de la eurozona a reducir el déficit por debajo del 3% del PIB y a mantener la deuda en una senda descendente— se diseñó precisamente para evitar episodios como el francés. La admisión de París llega cuando la prima de riesgo de los bonos a diez años frente a Alemania ronda los 80 puntos básicos, el nivel más alto desde el pasado otoño.

Ese diferencial es el termómetro que vigila Bruselas. Francia no es Grecia ni Italia en términos de tensión financiera, pero su peso en la eurozona convierte cualquier desvío fiscal en un problema sistémico. La deuda pública francesa supera ya el 117% del PIB, frente al 98% de 2017, con un incremento de más de un billón de euros desde la llegada de Macron al Elíseo.

regla fiscal europea

Las causas no son sólo cíclicas. Las ayudas de la pandemia y de la crisis energética de 2022 se mantuvieron más tiempo del previsto, y las rebajas fiscales sin financiación agrandaron el agujero estructural. Ahora el Gobierno en minoría de Lecornu, con nueve meses por delante de mandato de Macron, se enfrenta a la disyuntiva de recortar gasto social o esperar a un sucesor que tampoco tendrá margen.

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El debate ya contamina la campaña presidencial de abril de 2027. Édouard Philippe habla de sacrificios para las generaciones futuras; Marine Le Pen propone recortar la contribución francesa al presupuesto comunitario y endurecer la política migratoria; Jean-Luc Mélenchon sostiene que la deuda pública no es un problema y plantea subir impuestos al patrimonio y a Sociedades.

El Eje del Poder Europeo

El caso francés reabre la fractura clásica de la eurozona. Observamos un equilibrio inestable: París ha pedido históricamente más flexibilidad fiscal y una política industrial común, mientras Berlín y los países frugales del norte han priorizado la estabilidad presupuestaria. La resistencia francesa a un ajuste creíble debilita el consenso que permitió reformar la regla fiscal y devuelve el protagonismo al eje franco-alemán, justo cuando París atraviesa una fase de fragilidad política interna.

En clave española, la situación se sigue con atención. España mantiene una deuda pública elevada y tiene comprometido un calendario propio de consolidación fiscal con Bruselas. Si la Comisión Europea valida concesiones a Francia, la presión de los países del sur para renegociar sus sendas será inmediata. La Moncloa no oculta que una relajación francesa le vendría bien para defender su propio margen, pero tampoco puede ignorar que un repunte de la prima francesa encarecería la financiación de toda la periferia.

El precedente de la crisis del euro 2010-2012 sigue vigente: los mercados castigaron a Grecia, Irlanda y Portugal, pero el riesgo sistémico se desactivó cuando el BCE actuó y los Estados aceptaron una disciplina común. Si Francia se convierte en el eslabón débil, la tensión no será sólo sobre París: será sobre la credibilidad del semestre europeo —el calendario de supervisión presupuestaria comunitario— y sobre la capacidad de Bruselas para imponer reglas a un país fundador.

La próxima ventana crítica será la presentación del Presupuesto francés de 2027. Ahí se verá si el Gobierno opta por alguna congelación de prestaciones o si deja la factura al siguiente presidente. La regla fiscal europea no ha desaparecido; solo espera que París disimule un poco más.