La financiación bancaria a combustibles fósiles sube un 27% hasta 508.000 millones en 2025

Al menos 252.000 millones se destinaron al sector petroquímico, la nueva vía de expansión de las petroleras. La banca estadounidense y japonesa lidera la financiación mientras abandona sus compromisos climáticos.

Los grandes bancos mundiales abandonaron sus compromisos climáticos y en 2025 respondieron con un incremento récord del 27% en la financiación a combustibles fósiles, hasta los 508.000 millones de dólares, según los informes de Rainforest Action Network (RAN) y el Center for International Environmental Law (CIEL). La cifra, la más alta desde al menos 2016, desmonta la narrativa de una banca en transición verde y señala a los gigantes de Wall Street y Japón como los principales impulsores de una estrategia que busca alargar la vida de los hidrocarburos.

Vamos a los datos. El análisis de RAN revela que los 65 mayores bancos del planeta financiaron la expansión de combustibles fósiles con 508.000 millones de dólares en 2025. Es un salto del 27% frente a 2024. Y no es una anomalía estadística: el movimiento coincide con el abandono masivo de la Net-Zero Banking Alliance por parte de las grandes entidades estadounidenses, la posterior disolución de la coalición en octubre de 2025 y el debilitamiento de los objetivos de descarbonización en bancos como JPMorgan Chase, Santander o HSBC. La letra pequeña de la banca ‘verde’ se ha convertido en un torrente de capital hacia el fósil.

La letra pequeña de la banca ‘verde’: más de medio billón para el fósil

La financiación se desglosa en todas las fases de la cadena: exploración de nuevos yacimientos, transporte y refino. El mayor crecimiento se registró precisamente en el segmento de transporte, que incluye nuevos gasoductos y terminales de exportación de gas natural licuado (GNL), infraestructuras que comprometen el uso de metano durante décadas.

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“Los bancos continúan anteponiendo los beneficios a la responsabilidad social”, explica Allison Fajans-Turner, responsable de campañas de finanzas energéticas en RAN. El informe destaca una concentración preocupante: la financiación fósil se agrupa en menos manos, principalmente en entidades norteamericanas y japonesas, mientras que algunos bancos europeos reducen lentamente su exposición. Las cinco entidades más señaladas son Bank of America, Citigroup, JPMorgan Chase y la japonesa Mizuho Financial.

La cifra global no solo contradice los objetivos de cero emisiones netas de la industria financiera, sino que demuestra que la salida de las alianzas climáticas fue el prólogo de una apuesta aún mayor por el modelo energético tradicional. Sin regulación que lo impida, el dinero fluye.

El abandono de los compromisos climáticos fue el preludio de un flujo récord de capital hacia los combustibles fósiles.

Petroquímicos: la nueva frontera donde el dinero fósil se refugia

El segundo informe, elaborado por CIEL, añade una capa más inquietante al diagnóstico. Entre enero de 2019 y junio de 2025, los grandes bancos concedieron al menos 591.000 millones de dólares en préstamos y suscripciones a las quince mayores empresas petroquímicas del mundo. De esa suma, 252.000 millones se atribuyen directamente a actividades petroquímicas.

Detrás de este dato se esconde la estrategia de supervivencia de la industria de los hidrocarburos. Ante la previsión de que el petróleo y el gas pierdan peso en la generación eléctrica y en el transporte, las grandes petroleras han virado hacia los plásticos, los fertilizantes y otros derivados. La Agencia Internacional de la Energía proyecta que los productos petroquímicos representarán más de un tercio del crecimiento de la demanda de petróleo hasta 2030 y casi la mitad en 2050.

“Los petroquímicos no son solo un área de crecimiento para las empresas de combustibles fósiles —señala Ximena Banegas, de CIEL—. Son una estrategia deliberada y fundamental para garantizar que sigamos usando combustibles fósiles”.

Exxon Mobil, Shell, Saudi Aramco, Dow y LyondellBasell figuran entre los principales receptores de esta financiación. Aunque los analistas advierten de una “crisis estructural” en el sector petroquímico —con proyectos cancelados, rebajas de calificación crediticia y volatilidad de precios—, las empresas mantienen su apuesta inversora para asegurarse mercados de salida para el crudo y el gas más allá del tanque de combustible.

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📊 Impacto ecológico en cifras

  • CO2 evitado que no se evita: Los petroquímicos ya emiten 1.900 millones de toneladas de CO2 equivalente al año, más del doble que la aviación y el transporte marítimo juntos.
  • Financiación total: 508.000 millones de dólares de los 65 mayores bancos a combustibles fósiles en 2025.
  • Financiación petroquímica directa: 252.000 millones de dólares atribuibles solo a actividades de plásticos y agroquímicos.
  • Equivalencia tangible: El dinero destinado a petroquímicos casi iguala el PIB de Nueva Zelanda (279.000 millones de dólares).

Los defensores del medioambiente alertan de que este respaldo financiero otorga “una nueva vida” al carbón y al petróleo, facilitando la reconversión de refinerías hacia productos químicos y la construcción de plantas de carbón a químicos en China e India. De hecho, RAN detectó un repunte significativo en los préstamos para la expansión del carbón, vinculado en parte a estos proyectos.

La banca no solo financia el presente fósil, sino que está construyendo el andamiaje financiero para que el futuro siga dependiendo de los hidrocarburos, aunque se disfracen de plástico o fertilizante.

bancos y cambio climático

La paradoja de la descarbonización voluntaria y por qué urge la regulación

El análisis de RAN y CIEL deja una conclusión nítida: los compromisos voluntarios no bastan. Mientras la banca estadounidense lideraba la salida de la Net-Zero Banking Alliance, el flujo de dinero hacia los combustibles fósiles alcanzaba máximos históricos. La paradoja es evidente para cualquier inversor con criterios ESG: los ratings de sostenibilidad pueden seguir luciendo verdes si nadie examina qué se financia en el Scope 3 de los préstamos sindicados.

Fajans-Turner insiste en que el salto en la financiación fósil es la demostración de la debilidad de los pactos de autorregulación y refuerza la necesidad de que los gobiernos actúen. Propone dos medidas: exigir planes de descarbonización sólidos a las entidades financieras y obligar a que los riesgos climáticos se incorporen a la evaluación de la solvencia de los prestatarios. “Eso tendría consecuencias reales sobre quién recibe financiación”, subraya.

Joel Tickner, profesor de la Universidad de Massachusetts Lowell, añade una dimensión económica a la discusión. Recuerda que los subsidios globales a los combustibles fósiles superan el billón de dólares anuales y que parte de ese dinero público podría redirigirse a química verde y materiales sostenibles. “Si hablamos en serio de materiales sostenibles —advierte—, hay que poner el dinero donde queremos ir”.

El mensaje es directo al regulador y también al inversor institucional. La Unión Europea ya cuenta con la Taxonomía Verde y la CSRD, pero la mayor parte del capital analizado en estos informes procede de jurisdicciones sin exigencias equivalentes. Mientras no haya un estándar global que clasifique como insostenible la expansión petroquímica y la nueva infraestructura de gas, la etiqueta ESG seguirá siendo insuficiente para frenar el flujo de capital.

La financiación fósil crece porque es rentable y porque no enfrenta un coste regulatorio disuasorio. El informe de 2025 es la prueba de cargo contra la idea de que la banca se autorregulará hacia la descarbonización por convicción. Sin mandatos claros, el mercado descuenta que el futuro climático puede esperar.

Más de medio billón de dólares en financiación fósil demuestra que, sin regulación, la rentabilidad a corto plazo aplasta cualquier objetivo climático.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Redirigir solo un 10% de esos 508.000 millones hacia renovables y química verde movilizaría 50.000 millones de dólares adicionales al año para la transición energética.
  • Modelo que cambia: La insuficiencia de los compromisos voluntarios acelera el debate hacia una regulación financiera climática vinculante, similar a la que ya impone la Taxonomía Verde europea pero con alcance global.
  • Para las próximas generaciones: Cada dólar que fluye hoy hacia una terminal de GNL o una planta petroquímica es una hipoteca de emisiones que bloquea la senda de 1,5 grados y traslada la factura climática a los contribuyentes del futuro.