España destinó el 50% del rescate de Ormuz a subvenciones de combustibles fósiles, según Greenpeace

El informe 'Rescate fósil o transición energética' sitúa a España como el país con peor puntuación entre siete miembros de la UE, pese a su enorme potencial renovable.

España ha destinado cerca de la mitad de los 5.000 millones de euros del paquete de emergencia por la crisis de Ormuz a incentivar el consumo de combustibles fósiles. Así lo denuncia un informe de Greenpeace que califica al país como el mayor “rescate fósil” de la Unión Europea, con la peor puntuación de los siete analizados.

La factura del rescate fósil: 2.500 millones que lastran la transición

Los Reales Decretos-ley 7/2026 y 8/2026 implantaron un ambicioso escudo social con 80 medidas. Sin embargo, el análisis metodológico de la organización ecologista revela que el 50% de ese presupuesto —unos 2.500 millones de euros— se ha diluido en ayudas generalistas a los combustibles. “Es la peor nota de los países analizados”, subraya el documento.

La paradoja es mayúscula: España dispone de uno de los mayores potenciales renovables de Europa y, sin embargo, ha volcado la mayor parte del rescate en subvencionar la dependencia fósil. Funcas, el Banco de España y la propia Comisión Europea ya habían advertido del escaso retorno de estas rebajas fiscales indiscriminadas, que benefician sobre todo a los hogares de mayor renta y a los grandes consumidores , y recomendaban concentrar el gasto en la protección de los colectivos vulnerables y en la aceleración de la transición energética.

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Carlos García Paret, portavoz de Greenpeace, denuncia la “esquizofrenia” de combatir la crisis cediendo a la “codicia fósil” y recuerda que España importa 22.000 millones de euros anuales en hidrocarburos. “Inyectar miles de millones en rebajas fiscales generalistas solo beneficia a los más ricos y a los mismos matones que provocan las crisis”, sentencia el responsable de la campaña. El informe ‘Rescate fósil o transición energética’ cuantifica además que, durante el periodo, las grandes corporaciones del sector engordaron sus márgenes en unos 11,5 millones de euros al día.

España, la peor nota del ranking europeo

El estudio compara las respuestas de siete países de la UE y sitúa a España en un “nivel de riesgo medio de anclaje fósil”, la clasificación más baja del grupo. Alemania, Irlanda, Portugal y Grecia obtuvieron mejores puntuaciones pese a que, en algunos casos, ni siquiera adoptaron medidas de protección ciudadana frente a la inflación energética. Solo Países Bajos, España y Suecia intentaron compatibilizar el auxilio al consumo con directrices de transición, aunque en el caso español la balanza entre ambas políticas ha sido muy desfavorable.

crisis Ormuz España

Greenpeace concede que el Ejecutivo ha impulsado reformas estructurales de gran calado, como la ampliación del radio para el autoconsumo colectivo, la liberación del 10% de la capacidad de red para comunidades energéticas o las nuevas competencias municipales para incentivar proyectos descentralizados. Pero advierte de una “preocupante brecha temporal”: los incentivos fiscales a la rehabilitación, la movilidad sostenible y el bono social eléctrico expiran a finales de 2026. Si no se prorrogan, la ventana de oportunidad podría cerrarse antes de consolidar un cambio de modelo.

Lo absurdo es que el país mejor preparado para resistir el shock de Ormuz gracias al despliegue renovable sea justamente el que más subvenciona los combustibles fósiles.

📊 Rescate fósil en cifras

  • Presupuesto total del paquete: 5.000 millones de euros, el mayor de los países analizados.
  • Porcentaje destinado a subvenciones fósiles: casi el 50%, aproximadamente 2.500 millones.
  • Posición en el ranking europeo: la peor nota, en nivel de riesgo medio de anclaje fósil.
  • Aumento de márgenes de las petroleras: 11,5 millones de euros diarios durante la crisis.

Análisis E-E-A-T: la trampa del cortoplacismo fósil

La experiencia de los últimos grandes shocks —la crisis de deuda de 2012, el COVID-19 y ahora el bloqueo de Ormuz— demuestra que las ayudas generalizadas a los combustibles no resuelven el problema de fondo y, además, hipotecan los recursos que deberían dedicarse a una transición energética permanente. El Plan de Recuperación ya canalizó fondos europeos hacia la rehabilitación de viviendas y el despliegue de renovables, pero la respuesta a la crisis de Irán ha dejado al descubierto la fragilidad de la estrategia española: cada shock reactiva el grifo del dinero público hacia las mismas fuentes que generan la dependencia.

El principio de “no causar un perjuicio significativo” que inspira la Taxonomía Verde y los reglamentos de la UE sugiere que los Estados miembros deben alinear todas las políticas de emergencia con la descarbonización. Sin embargo, el informe de Greenpeace muestra que España ha incumplido de facto ese criterio al privilegiar el consumo fósil sobre la inversión en eficiencia. La consecuencia inmediata es que se retrasa la modernización del parque edificatorio y se mantiene la exposición a los vaivenes del precio del gas y el petróleo, lo que lastra la competitividad y añade incertidumbre a la rendición de cuentas ESG de las empresas españolas.

Por el contrario, apostar por un recorte drástico de las subvenciones a los combustibles, complementado con un fondo soberano verde y una reserva estratégica de almacenamiento renovable —como propone Greenpeace—, liberaría recursos para un bono climático mensual, la rehabilitación masiva de viviendas o un abono transporte único asequible. Medidas como estas no solo reducirían las emisiones de CO2 de manera efectiva, sino que devolverían a España la coherencia entre su discurso climático y sus decisiones presupuestarias.

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Cerrar el grifo de los combustibles fósiles exige imaginación política, pero sobre todo voluntad para sustituir los cheques universales por soluciones que aceleren la independencia energética de verdad.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: redirigir los 2.500 millones del rescate fósil hacia la rehabilitación energética y la movilidad limpia evitaría cientos de miles de toneladas de CO2 y protegería a los hogares de la volatilidad de los precios del petróleo.
  • Modelo que cambia: la sustitución de las subvenciones generalistas por ayudas focalizadas en la eficiencia y el autoconsumo rompe el círculo vicioso de la dependencia fósil y sienta las bases de un sistema energético descentralizado.
  • Para las próximas generaciones: un modelo energético basado en renovables y en la descarbonización de la vivienda y el transporte garantiza un suministro estable, reduce las desigualdades y deja un legado climático viable, sin comprometer la prosperidad de los que vienen.