Von der Leyen: sin nuevos recursos propios, el presupuesto UE sufrirá recortes del 40%

La presidenta de la Comisión Europea cifra en 66.000 millones anuales el agujero si no se pactan nuevas fuentes de ingresos. Los países frugales mantienen su presión para contener el gasto pese al nuevo entorno geopolítico.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Ursula von der Leyen ha advertido de que, sin nuevos recursos propios, el próximo Marco Financiero Plurianual (2028-2034) sufrirá un recorte del 40 %, equivalente a unos 66.000 millones de euros anuales.
  • ¿Quién está detrás? La presidenta de la Comisión Europea responde a la presión de los países frugales —Alemania, Países Bajos, Austria y los nórdicos—, que exigen contener el gasto pese a la necesidad de financiar el rearme y la competitividad.
  • ¿Qué impacto tiene? Para España, el tijeretazo amenazaría fondos de cohesión y agricultura, partidas de las que es receptora neta. Sin acuerdo, las cuentas comunitarias quedarían en su nivel más bajo en décadas y harían inviable la financiación de nuevas prioridades.

El presupuesto de la Unión Europea se enfrenta a la tijera más drástica desde las crisis de 2008. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha puesto cifras este jueves a una amenaza que sobrevuela las negociaciones del Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034: si los Veintisiete no logran pactar nuevas fuentes de ingresos, las cuentas comunitarias sufrirán un recorte del 40 %, lo que se traduce en 66.000 millones de euros menos al año.

La advertencia llegó durante la intervención de Von der Leyen en Cork, con motivo del estreno de la presidencia irlandesa del Consejo de la UE. ‘Si no se quiere aumentar las contribuciones nacionales y no hay nuevos recursos propios, hay que hacer recortes’, remarcó. Y añadió: ‘Esto significaría un recorte del 40 % respecto a nuestra propuesta’. Su cálculo parte de la necesidad de compensar alrededor de 66.000 millones anuales en un escenario sin ingresos frescos y con los países frugales —encabezados por Alemania, Países Bajos, Austria y los nórdicos— manteniendo el freno a cualquier subida de las aportaciones nacionales.

El debate no es nuevo, pero sí el más tenso desde la aprobación del paquete Next Generation EU. Ahora, la UE necesita financiar el rearme del bloque y las inversiones en competitividad sin dejar de lado partidas históricas como la cohesión y la agricultura. Von der Leyen insistió en que la única salida pasa por activar los llamados recursos propios —vías de financiación que no dependan directamente de los cheques nacionales— y recordó que la Comisión Europea ya puso sobre la mesa hace un año un catálogo de opciones.

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Entre ellas figuran aumentar el porcentaje del IVA y de los derechos de aduana que se destinan al presupuesto comunitario, los cobros vinculados al sistema de comercio de emisiones (ETS) y al arancel climático (CBAM), una cesión parcial de los impuestos especiales sobre el tabaco, un nuevo gravamen a las empresas con facturación superior a 100 millones de euros, y una tasa sobre los residuos electrónicos no reciclados. A estas se suman ahora las tres propuestas del Parlamento Europeo: un impuesto sobre las multinacionales digitales, otro sobre los criptoactivos y un tercero sobre el juego online.

La novedad es que la Eurocámara ofrece un recambio a la tasa empresarial que provoca rechazo frontal en varias capitales.

Esas iniciativas parlamentarias buscan reemplazar el controvertido impuesto a todas las compañías que facturen más de 100 millones de euros al año, una idea que genera fuerte oposición en países que temen perder competitividad. Los técnicos de Bruselas consideran que existe margen para combinar las alternativas, siempre que la cifra final supere los 66.000 millones de euros si se quiere mantener el nivel de ambición actual.

El aviso de Von der Leyen en el estreno de la presidencia irlandesa

El discurso de Cork no fue una mera reflexión académica. Se produjo en el arranque del semestre en que Irlanda toma el timón del Consejo y cuando los contactos informales sobre el MFP empiezan a acelerarse. La presidenta de la Comisión quiso dejar claro que la aritmética es tozuda: sin recursos propios, toca recortar.

Von der Leyen no ocultó la referencia directa a los frugales, que llevan meses presionando para que el próximo marco financiero no supere el 1 % de la renta nacional bruta de la UE. Si esa cifra se impone, el margen para financiar las nuevas prioridades —defensa, resiliencia industrial, doble transición— desaparecerá. ‘Muestra lo importante y crucial que es la necesidad de nuevos recursos propios’, dijo, en una frase que las delegaciones de los países del sur interpretan como un respaldo tácito a su posición.

Lo que subyace es una ecuación incómoda. Alemania y sus aliados fiscales quieren congelar aportaciones, pero a la vez demandan que la UE despliegue un músculo inversor inédito en seguridad y autonomía estratégica. Sin un cajón común alimentado por ingresos genuinamente europeos, ese equilibrio es imposible.

Las nuevas vías de ingresos: del IVA al impuesto digital

La Comisión concretó su propuesta hace un año, aunque entonces quedó aparcada por falta de consenso. Ahora regresa con urgencia. La idea es que Bruselas retenga una mayor porción de los ingresos por IVA y aduanas que ya recaudan los Estados, además de nutrirse de los derechos de emisión y del nuevo Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM). A eso se añadirían una transmisión de parte de los impuestos especiales sobre el tabaco, el gravamen a los residuos electrónicos no reciclados y el polémico impuesto a las grandes empresas.

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Marco Financiero Plurianual

El Parlamento Europeo, cansado del bloqueo, ha movido ficha con tres tributos que aspiran a sortear los vetos nacionales: un impuesto sobre los gigantes digitales, pensado para gravar los beneficios que hoy escapan al fisco europeo; una tasa sobre las transacciones de criptoactivos; y un gravamen al juego online. Las tres figuras juntas podrían sumar una recaudación suficiente para sustituir el impuesto empresarial, la medida que más ampollas levanta en los Veintisiete.

Sin embargo, el punto débil sigue siendo el mismo: cualquier nuevo recurso requiere la unanimidad de los Estados miembros en el Consejo, y esa regla ya ha hecho descarrilar intentos similares en el pasado. Los precedentes —la tasa a las transacciones financieras o el propio impuesto digital— son un recordatorio de que incluso las fórmulas más consensuadas acaban muriendo por el veto de un solo país.

El Eje del Poder Europeo

La batalla por los recursos propios es, en realidad, un pulso entre dos modelos de Europa. De un lado, los frugales del norte escudriñan cada euro y exigen que el MFP 2028-2034 se ajuste a un corsé de gasto inferior al 1 % de la renta nacional bruta. Del otro, los países del sur y del este —con España como uno de los más vocales— defienden que la UE no puede cumplir sus nuevos objetivos con un presupuesto menguante y sin una fiscalidad propia.

Para España, el recorte del 40 % no es solo una cifra abstracta. Significaría menos fondos de cohesión, menos ayudas agrícolas y menos capacidad para desplegar la política regional que vertebra territorios. En la balanza actual, nuestro país es receptor neto: por cada euro que aporta recibe más en transferencias. Un tijeretazo de esta magnitud invertiría esa lógica y dejaría sin margen a las comunidades autónomas que dependen de los programas plurianuales.

Pero la presión geopolítica juega a favor de quienes piden más ingresos comunes. La guerra en Ucrania, la amenaza arancelaria de Washington y la urgencia de rearmar el continente han creado una ventana de oportunidad que no existía en 2020. Varias fuentes diplomáticas consultadas por esta redacción coinciden en que, por primera vez, incluso Berlín admite en privado que el tablero ha cambiado y que el 1 % del PIB comunitario ya no basta. El problema es que el consenso público alemán sigue anclado en la austeridad, y ningún canciller quiere llegar a las urnas con una subida de la factura europea.

La presidencia irlandesa, que acaba de arrancar, será clave para medir la temperatura de las capitales. Los próximos meses verán una serie de reuniones técnicas del Consejo donde se empezará a trazar el esqueleto del MFP. Si entonces no hay avances reales en los recursos propios, la amenaza del 40 % dejará de ser un aviso para convertirse en el escenario base.