Nestlé ha invertido 12 millones de euros desde 2021 en prácticas de agricultura regenerativa con cerca de 500 agricultores y ganaderos españoles, logrando reducir 43.600 toneladas de CO2 equivalente en sus granjas lecheras, según los datos presentados por la compañía. La cifra se enmarca en una estrategia que busca alcanzar las cero emisiones netas para 2050 y que ya ha movilizado más de 112 millones en sostenibilidad en toda la cadena de valor en el país.
12 millones, 500 proveedores y una hoja de ruta hacia el Net Zero
El dato es rotundo: casi dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero de Nestlé proceden de la agricultura y la ganadería. Por eso, actuar sobre el origen de las materias primas no es una opción, sino la palanca más potente para descarbonizar el negocio. La inversión de 12 millones se ha canalizado a través de programas específicos con proveedores locales que cultivan tomate en Extremadura, cereales en Castilla y León y Navarra, y que producen leche en la cornisa cantábrica.
En total, unos 500 agricultores y ganaderos están aplicando ya técnicas como la rotación de cultivos, la siembra directa, la instalación de setos o el laboreo reducido. La compañía no solo financia la transición, sino que acompaña con formación y asesoramiento técnico. “Estamos decididos a liderar el camino hacia una alimentación sostenible”, ha subrayado Jordi Llach, director general de Nestlé España.
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO2 evitado: 43.600 toneladas de CO2 equivalente reducidas en las granjas lecheras hasta finales de 2024, más un 40% de media en las emisiones de los cultivos de cereales para papillas.
- Superficie y actores: Cerca de 5.000 hectáreas de cereal cultivadas con prácticas regenerativas y 110 granjas lecheras participantes.
- Inversión: 12 millones de euros desde 2021, con previsiones de alcanzar los 3 millones solo en el programa de cereales para 2027.
- Equivalencia tangible: El ahorro de emisiones en granjas equivale a retirar de la circulación unos 9.500 coches de gasolina durante un año, aproximadamente.
De las papillas infantiles a las salsas Solís: la letra pequeña de cada cultivo
El programa “Solís Responsable”, que ya exigía producción integrada certificada en Extremadura, ha dado un paso más hacia la agricultura regenerativa. Todas las salsas de tomate que salen de la fábrica de Miajadas proceden de campos donde los agricultores aplican cobertura de cultivos en invierno, rotaciones y setos que fomentan la fauna útil. Son prácticas que mejoran la salud del suelo y, además, reducen la necesidad de insumos externos.
En el caso de los cereales para papillas infantiles, Nestlé ha invertido 1,5 millones de euros con 26 agricultores, coordinando con con Fundación Global Nature la implantación de siembra directa y mínimo laboreo. El resultado: las 20.000 toneladas de grano —trigo, avena y cebada— que se transforman en la fábrica de La Penilla ya tienen la huella de carbono un 40% inferior a la media del cultivo convencional.
La mitad del esfuerzo climático de la alimentación se juega en el campo. Actuar sobre el suelo es descarbonizar de raíz.
Inversión ESG con el sello de la agricultura regenerativa: ¿compromiso real o etiqueta verde?
Aquí conviene leer la letra pequeña. La agricultura regenerativa está ganando terreno en las hojas de ruta de las grandes agroalimentarias, pero no siempre va acompañada de métricas. Nestlé, en este caso, sí presenta cifras de reducción verificadas por terceros: la Fundación Global Nature ha acompañado el proyecto ganadero desde 2021, y los datos de CO2 evitado en granjas —43.600 toneladas— están auditados.
El plan se inserta en un movimiento más amplio que la Comisión Europea impulsa con la Taxonomía Verde y la estrategia De la Granja a la Mesa. No es una excepción: otras compañías como Danone o Unilever también han lanzado programas similares. Pero la ventaja competitiva de Nestlé está en la capilaridad de su red de proveedores locales y en la integración vertical que permite medir la evolución de cada tonelada de materia prima.
Aun así, el reto es enorme. Las 43.600 toneladas evitadas representan un avance significativo frente a la línea de base de esas granjas, pero apenas equivalen a unas décimas del total de emisiones de alcance 3 de la matriz suiza. La dirección es correcta, pero el ritmo tendrá que multiplicarse si de verdad se aspira al Net Zero en 2050. Lo que sí demuestra este plan es que la inversión en el suelo —en mejorar su capacidad para capturar carbono— puede ser rentable cuando se traduce en menor dependencia de fertilizantes, mejor retención de agua y, por tanto, en una cadena de suministro más resiliente.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 43.600 toneladas de CO2e ahorradas en granjas, un 40% menos de emisiones en cereales y una red de 500 proveedores trabajando con técnicas regenerativas.
- Modelo que cambia: La apuesta por un modelo agrícola que restaura suelos en lugar de agotarlos, con la gran distribución como tractor de una transición que puede extenderse a otros sectores.
- Para las próximas generaciones: Cada hectárea regenerada es una inversión en la fertilidad del suelo y en la capacidad de producir alimentos sin destruir el clima, justo lo que heredarán quienes vengan detrás.

