Vox afronta una seria crisis en su grupo municipal del Ayuntamiento de Madrid a menos de un año de las elecciones de 2027, con una fractura entre los concejales que amenaza con erosionar su perfil como alternativa al gobierno de José Luis Martínez-Almeida. La disputa, que enfrenta al sector afín a la dirección nacional con el ala liderada por Javier Ortega Smith, ha dado un paso definitivo este viernes después de que la Justicia haya desestimado las medidas cautelares que mantenía el exdirigente.
La ruptura en el grupo municipal y la batalla por la portavocía
La dirección de Vox defiende la necesidad de recomponer la disciplina interna en Cibeles para encarar el ciclo electoral con un proyecto cohesionado. Arantxa Cabello, portavoz designada por la cúpula, reivindica su legitimidad como la voz oficial del partido en el consistorio. La expulsión de Ortega Smith —que él tacha de «arbitraria e injusta»— responde, según fuentes de la formación, a reiterados incumplimientos de la línea marcada desde la sede nacional de Bambú.
Sin embargo, el respaldo judicial al procedimiento administrativo abre la puerta a que el presidente del Pleno, Borja Fanjul, declare a Ortega Smith concejal no adscrito. De confirmarse, perderá la portavocía que ha seguido ejerciendo de facto y quedará en una situación de aislamiento político. El propio edil ha calificado de «precipitada e imprudente» cualquier decisión antes de que se resuelva el fondo del conflicto. Este viernes, Fanjul ha iniciado ya los trámites para formalizar el cambio.
La división, en todo caso, trasciende las disputas orgánicas. En el Pleno extraordinario del pasado martes, los dos bloques volvieron a votar de forma distinta: Cabello y Fernando Martínez Vidal respaldaron una iniciativa junto a PP, PSOE y Más Madrid, mientras que Ortega Smith e Ignacio Ansaldo —también expulsado de Vox— se posicionaron en contra. La fractura se repitió en otras votaciones, como la actualización del Reglamento de Protocolo o un expediente urbanístico en Puente de Vallecas.
Ortega Smith cargó después contra los dos concejales alineados con Bambú, a quienes llamó «tránsfugas» desde la cuenta oficial del grupo municipal, controlada por su sector. La dirección nacional, por su parte, insiste en que Cabello es la única portavoz legítima y que el partido debe cerrar esta herida cuanto antes.
Impacto en la estrategia electoral y en el pulso con el PP
Este fractura interna surte efecto en el peor momento posible para Vox. Las elecciones municipales de mayo de 2027 están a la vuelta de la esquina y la fragmentación del grupo resta capacidad para fiscalizar al gobierno de Almeida. El PP observa el cisma con indisimulada satisfacción: el propio alcalde ha equiparado la situación de Vox con las luchas internas del PSOE y las purgas de Más Madrid, dejando caer que «los líos y disputas internas no les permiten estar a la altura de los madrileños».
Sin una oposición unida a su derecha, el Ejecutivo del PP puede sentirse más cómodo en el Pleno. La estrategia de Vox de presionar por la derecha en asuntos como inmigración o seguridad queda debilitada cuando el grupo ni siquiera logra presentar un frente común. Además, la imagen de desorden puede desmovilizar a un electorado que valora la firmeza y la disciplina como señas de identidad del partido.
La fractura también complica las negociaciones de cara a futuras investiduras. En Madrid, como en otros territorios, el PP ha contado con los votos de Vox para sacar adelante determinadas propuestas. Ahora, con un grupo escindido, la interlocución se vuelve impredecible y el PP de Almeida podría optar por ignorar a ambos sectores o buscar acuerdos puntuales con los concejales más afines a sus intereses.
El reto de Vox para recomponerse a un año de las urnas
La dirección nacional de Vox afronta el reto de reordenar su presencia en Madrid sin que la herida se encone más. No es la primera vez que el partido lidia con fracturas; ya en 2022 la salida de varios diputados en el Parlamento andaluz puso a prueba su capacidad para mantener la unidad en momentos de tensión. La diferencia ahora es que el calendario electoral aprieta y que la disidencia tiene nombre propio: Javier Ortega Smith, un histórico con proyección mediática y respaldo entre las bases.
La unidad en el grupo municipal es una condición indispensable para que Vox pueda presentarse como una oposición firme y creíble de cara a los comicios.
La prioridad de la cúpula es cerrar el conflicto cuanto antes, bien mediante el definitivo apartamiento de los concejales díscolos o mediante un pacto que reconduzca la situación antes de que el daño sea irreparable. Pero el margen es estrecho. Cada semana de división regala al PP un argumento para desgastar a Vox y a los rivales de la izquierda una oportunidad para recuperar terreno.
La lectura estratégica que se hace en Bambú es clara: la batalla de Madrid no es solo municipal; es una pieza clave en el tablero nacional y en el pulso permanente con el PP por la hegemonía en el espacio de la derecha. Si Vox llega a las urnas con el grupo roto, corre el riesgo de diluir su mensaje y ceder espacio a un PP que, mientras, refuerza su perfil institucional. La cohesión, por tanto, se ha convertido en el primer objetivo político de la formación de cara a 2027.

