PNUD advierte: subsidios a combustibles fósiles alcanzarán $1,1 billón en 2026 por conflicto en Oriente Medio

El PNUD cifra en 1,1 billones de dólares los subsidios globales a los combustibles fósiles en 2026, un 59% más que el año anterior. El aumento, vinculado al conflicto en Oriente Medio, desvía recursos críticos de salud, educación y transición energética en los países en desarroll

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advierte en un nuevo informe que los subsidios a los combustibles fósiles se dispararán hasta los 1,1 billones de dólares en 2026, un 59 % más que en 2025, como consecuencia directa del conflicto en Oriente Medio. La factura, que desvía recursos millonarios de la salud y la educación en los países en desarrollo, pone en jaque los objetivos climáticos y las inversiones en transición energética.

El estudio, ‘Escalada militar en Oriente Medio: amortiguando el choque global’, detalla que las economías de renta baja y media han contenido el impacto de los precios del crudo mediante subsidios a los combustibles, topes a los precios, rebajas fiscales y medidas de gestión de la demanda. Lo han hecho, explica el PNUD, para proteger a sus poblaciones de una crisis energética importada, pero el coste fiscal es insostenible.

La proyección central del informe asume un precio medio del barril de petróleo de 88,6 dólares y sitúa los subsidios globales en 1,1 billones de dólares en 2026, 410 000 millones más que el año anterior. En un escenario severo, con el crudo a 110 dólares por barril, la cifra se elevaría hasta los 1,43 billones de dólares. Casi la mitad de los países más pobres del mundo ya se encuentra en situación de sobreendeudamiento o en alto riesgo de caer en ella.

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El precio de amortiguar el shock del petróleo

La factura de los subsidios no es un dato aislado. Según el PNUD, el 9,53 % de los ingresos públicos de una economía en desarrollo mediana se destinará este año solo al pago de intereses de la deuda, el doble que hace una década y el nivel más alto en 25 años. En el trienio 2024-2026, 55 economías en desarrollo pagarán más del 10 % de su recaudación en intereses, frente a las 32 que lo hacían hace diez años.

“El desbordamiento global del conflicto en Oriente Medio es profundo y potencialmente duradero”, afirma Alexander De Croo, administrador del PNUD. “Los países en desarrollo, muchos ya agobiados por la deuda, han logrado temporalmente proteger a la gente del peor impacto del choque energético, pero hay un coste oculto: el dinero que debería construir escuelas, hospitales y sistemas de energía limpia se está usando simplemente para mantener las economías a flote”.

Los subsidios proporcionan un alivio temporal, pero encierran a los países en trayectorias de alto carbono y sacrifican la inversión en desarrollo.

La advertencia del organismo internacional es clara. Sin apoyo multilateral, estos países no podrán escapar del shock: lo están absorbiendo a costa del crecimiento futuro, prolongando la dependencia de los combustibles fósiles y posponiendo la transición energética.

La factura oculta: menos educación y salud, más deuda

El informe se ha presentado en el marco de la Conferencia de Sostenibilidad de Hamburgo, un foro anual de alto nivel que reúne a responsables políticos, líderes empresariales, académicos y representantes de la sociedad civil. De Croo insistió en que “ningún país debería sacrificar su desarrollo futuro para gestionar una crisis que no ha creado”.

El PNUD reclama dos ejes de acción inmediatos: desbloquear liquidez multilateral de fácil acceso para los países de renta baja y media, y acelerar la inversión en energías renovables. “Cada inversión en energía limpia reduce la exposición a futuros shocks. La crisis ha dejado una cosa clara: la seguridad energética y la transición energética ya no son agendas separadas. Son una y la misma”, subrayó el administrador.

PNUD

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Esta llamada cobra especial urgencia cuando se observa la tendencia histórica. Los subsidios a los combustibles fósiles venían reduciéndose a nivel global antes de la crisis, un avance que el conflicto en Oriente Medio ha revertido de golpe, devolviendo las ayudas al carbón, el petróleo y el gas a máximos que amenazan el cumplimiento del Acuerdo de París.

Espejismo temporal, riesgo climático permanente

Vamos a los datos. Cada dólar que se destina a subvencionar el consumo de combustibles fósiles es un dólar que deja de invertirse en renovables, en redes inteligentes o en la electrificación del transporte. El PNUD no lo dice con estas palabras, pero la consecuencia es inmediata: la crisis energética provocada por la guerra está financiando, paradójicamente, la continuidad del modelo que alimenta el cambio climático.

La letra pequeña del informe revela que, aunque los subsidios son una respuesta comprensible en el corto plazo, su efecto neto es perverso. Al mantener artificialmente bajos los precios de la gasolina, el diésel o el gas natural, los gobiernos desincentivan la eficiencia y retrasan la adopción de alternativas limpias. Y cuando la deuda ya asfixia las cuentas públicas, el margen para revertir ante ante esta dinámica se estrecha peligrosamente.

Además, el coste de oportunidad se mide en vacunas no administradas, aulas no construidas y kilómetros de red eléctrica obsoleta que no se modernizan. La paradoja es que los países más vulnerables al cambio climático son precisamente los que están quemando su espacio fiscal para seguir quemando combustibles fósiles.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Subsidios globales proyectados: 1,1 billones de dólares en 2026, un 59 % más que en 2025.
  • Escenario severo: Hasta 1,43 billones de dólares con el petróleo a 110 dólares por barril.
  • Coste de oportunidad: Desvío de recursos equivalentes al presupuesto combinado de salud y educación de decenas de países en desarrollo.
  • Huella climática: Cada subsidio fósil prolonga la dependencia de un modelo que eleva las emisiones y retrasa la descarbonización ordenada fijada por el Acuerdo de París.

El informe del PNUD es, en última instancia, una señal de alerta para la comunidad internacional. Si no se articula un mecanismo de financiación multilateral que permita a los países en desarrollo absorber el shock sin recurrir a los subsidios fósiles, el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C se alejará aún más.

La transición energética necesita inversión, no ayudas al combustible que la hace inviable. Como recuerda el PNUD, seguridad energética y transición son ya dos caras de la misma moneda. Separarlas hoy significa pagar mañana una factura climática y de desarrollo mucho más elevada.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: La eliminación progresiva de los subsidios liberaría 1,1 billones de dólares anuales que podrían redirigirse a sanidad, educación y energías limpias.
  • Modelo que cambia: El actual sistema de ayudas al combustible fósil como respuesta a la crisis se revela insostenible; la única alternativa viable es acelerar la inversión en renovables.
  • Para las próximas generaciones: Cada año que se pospone la transición supone más deuda, más emisiones y menos margen para garantizar un planeta habitable a quienes heredarán las consecuencias de las decisiones de hoy.