Washington no pide permiso. La explosión del cohete New Glenn de Blue Origin el pasado 28 de mayo de 2026 no solo destruyó el lanzador y dañó la plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral; también desató una tormenta silenciosa en el programa Artemis, el plan de Estados Unidos para regresar a la superficie lunar con tripulación por primera vez desde 1972. Ahora, la NASA ha confirmado que colabora activamente en la investigación del fallo, una decisión que revela hasta qué punto Washington necesita que el cohete de Jeff Bezos funcione a la perfección.
La explosión del New Glenn y la respuesta inmediata de la NASA
El fallo del New Glenn durante una prueba el 28 de mayo produjo una enorme bola de fuego que destruyó el cohete y dañó las instalaciones de lanzamiento. El incidente amenaza el calendario del programa Artemis, que busca llevar astronautas a la Luna por primera vez en más de medio siglo. Según el Washington Examiner, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, confirmó el domingo la participación directa de la agencia en la investigación. «Hemos proporcionado expertos temáticos, estamos ayudando con la investigación de la anomalía y con la reconstrucción de la plataforma», afirmó en Face the Nation.
Isaacman, que visitó el lugar del accidente junto a Jeff Bezos y el consejero delegado de Blue Origin, Dave Limp, a la mañana siguiente, subrayó la urgencia de mantener el ritmo del desarrollo del módulo de aterrizaje lunar Blue Moon. «. La cooperación es inusual por su intensidad, pero responde a una verdad incómoda: sin un New Glenn fiable, Blue Origin se queda sin el único cohete capaz de lanzar el Blue Moon.
La NASA no es ajena al riesgo de depender de un solo proveedor. Tras la retirada del transbordador espacial, Estados Unidos tuvo que comprar asientos en las naves rusas Soyuz para llegar a la Estación Espacial Internacional. Aquella dependencia fue un trauma para la política espacial estadounidense. Hoy, con el programa Artemis, Washington quiere evitar ese error: necesita dos sistemas de lanzamiento independientes, el Starship de SpaceX y el New Glenn de Blue Origin, para asegurar la autonomía y la redundancia. Si uno falla, el otro debe estar listo.
La carrera por Artemis IV: Bezos contra Musk

La misión Artemis III, prevista para 2027, probará por primera vez el acoplamiento de la cápsula Orion con un módulo de aterrizaje lunar en órbita terrestre baja. Dos módulos competirán: el Blue Moon de Blue Origin y el Starship de SpaceX. El verdadero premio, sin embargo, llegará con Artemis IV, programada para 2028: la primera pisada humana en la Luna desde 1972. Será entonces cuando la NASA elija qué módulo llevará a los astronautas a la superficie.
Y aquí es donde la explosión del 28 de mayo cobra todo su peso. El New Glenn es el único cohete en servicio con una cofia lo suficientemente ancha para alojar el Blue Moon. Sin él, el módulo de Bezos se queda en tierra. La fiabilidad del lanzador es la llave que abre la puerta del programa Artemis a Blue Origin. Cualquier retraso en el calendario de certificación del New Glenn —y más aún si se detecta un fallo de diseño— beneficiará directamente a Elon Musk y su Starship, que acumula ya múltiples vuelos de prueba y ensayos de aterrizaje en el océano Índico.
La fiabilidad del New Glenn es la llave que abre la puerta del programa Artemis a Blue Origin; cualquier fallo acelera a Musk y deja a Bezos en la cuneta lunar.
Jeff Bezos y Elon Musk, los dos hombres más ricos del mundo, libran una batalla por el futuro del acceso humano a la Luna que excede lo empresarial. Con el programa Artemis, Washington ha convertido el espacio profundo en un frente de competitividad nacional. Y la historia reciente demuestra que la NASA está dispuesta a jugar a dos bandas: cuando el Starship de SpaceX explotó en varias pruebas iniciales, la agencia mantuvo su apoyo porque era su única apuesta. Ahora, con Blue Origin en el tablero, puede repartir el riesgo.
La Lógica de Washington
Desde dentro del sistema político estadounidense, la implicación total de la NASA en la investigación del fallo del New Glenn no tiene nada de excepcional. Responde a una doctrina de política industrial que el Ejecutivo y el Congreso han aplicado con constancia desde la década de 1960: el espacio es un ámbito de seguridad nacional, y el Gobierno federal actúa como primer cliente, inversor y asegurador último de los contratistas estratégicos. La colaboración con Blue Origin no es un favor a Bezos; es un seguro para el programa Artemis.
La apuesta por la redundancia tiene un precedente claro en la crisis de los transbordadores. Tras el desastre del Columbia en 2003, la NASA se quedó sin capacidad de acceso tripulado durante años y tuvo que pagar millones de dólares a Roscosmos. Aquella humillación tecnológica y geopolítica forjó la doctrina de los «dos caminos»: ningún sistema único debe poner en riesgo la presencia estadounidense en el espacio. Hoy, el objetivo es la Luna, y los dos caminos son SpaceX y Blue Origin.
Para España, miembro destacado de la Agencia Espacial Europea (ESA) y socio del Lunar Gateway, la resolución de este fallo es mucho más que un asunto doméstico. Empresas españolas como GMV, SENER o PLD Space participan en la cadena de suministro del programa Artemis a través de contratos con la ESA. Un retraso en el New Glenn dilataría el calendario de las misiones y podría encarecer los componentes europeos que dependen de una ventana de lanzamiento concreta.
Además, la ESA cuenta con el Ariane 6, pero la capacidad de carga del New Glenn es difícilmente sustituible para módulos pesados. Así que, en los pasillos de Bruselas y de la sede de la ESA en París, la investigación de Cabo Cañaveral se sigue con el mismo interés que en el Despacho Oval.
La NASA espera que la anomalía en el motor se resuelva en los próximos meses. Si Blue Origin logra una vuelta al vuelo antes de que termine 2026, el calendario de Artemis III (2027) podría mantenerse. De lo contrario, el Starship de Musk partiría con ventaja, y la histórica imagen del primer Blue Moon posándose en la Luna tendría que esperar otra década. Washington apuesta por la competencia, pero el incendio de mayo ha recordado a todos que el espacio castiga cualquier error con dureza.
Ficha del Caso
- El caso: La NASA ha confirmado su colaboración directa con Blue Origin en la investigación de la explosión del cohete New Glenn, ocurrida el 28 de mayo de 2026. La fiabilidad del lanzador es crucial para el programa Artemis y la competencia por el alunizaje con SpaceX.
- Datos clave: El administrador Jared Isaacman anunció el apoyo de expertos, participación en la investigación de la anomalía y ayuda en la reconstrucción de la plataforma. La explosión no causó víctimas. Artemis III está prevista para 2027 y Artemis IV para 2028. El New Glenn es el único cohete capaz de lanzar el módulo Blue Moon.
- Para España: La resolución del fallo afecta indirectamente a las empresas españolas que participan en el programa Artemis a través de la ESA. Un retraso en el New Glenn podría retrasar las misiones y encarecer los componentes europeos.
