Alfonso Rueda, presidente de la Xunta (el gobierno autonómico gallego), ha asegurado este martes que las diferencias entre el PPdeG (Partido Popular de Galicia) y Vox son «especialmente notorias» en Galicia, aunque ha evitado concretarlas.
Tras los acuerdos de investidura en Extremadura, Aragón, Castilla y León o Andalucía, que han llevado al PP a aceptar planteamientos ultras, Rueda ha insistido en que «en Galicia las diferencias son especialmente notorias» y que la formación que lidera Santiago Abascal no tiene presencia institucional en la comunidad. «Y voy a trabajar para que así siga siendo, aunque al final son los electores los que deciden», añadió.
Sin embargo, el presidente gallego no ha ofrecido ningún ejemplo concreto de esas discrepancias. En el pasado sí marcó distancias: cuando la extremeña María Guardiola afirmó que PP y Vox defendían «el mismo feminismo», Rueda replicó que «en el PP gallego y en la Xunta tenemos bastantes diferencias con los planteamientos de Vox» en materia de igualdad.
En cambio, Rueda sí respaldó sin matices la «prioridad nacional» que Vox exige en los pactos autonómicos. Según su percepción, una mayoría de ciudadanos quiere que se valore «llevar tiempo viviendo y cotizando en España», algo que considera «de sentido común» y que alinea parcialmente el discurso del PPdeG con el ideario de la formación ultra.
La ambigüedad deliberada del presidente gallego revela una estrategia de fondo: exhibir distancia respecto a Vox para consolidar el perfil propio del PPdeG sin romper del todo con un posible socio. Es una línea que conecta directamente con la dirección de Alberto Núñez Feijóo, antiguo presidente de la Xunta y actual líder del PP nacional, quien también trata de mantener a raya a la ultraderecha sin despreciar sus votos cuando resultan necesarios.
Galicia sigue siendo, por ahora, la única gran comunidad donde el PP gobierna sin necesidad de pactar con la ultraderecha.
Esta ambigüedad ha sido criticada por los partidos de la oposición gallega. El BNG (Bloque Nacionalista Galego), primera fuerza de la oposición, ha advertido en reiteradas ocasiones que la entrada de Vox en el Parlamento de Galicia «pondría en riesgo el autogobierno» y exige a Rueda que aclare si está dispuesto a gobernar con sus votos. El PSdeG (Partido Socialista de Galicia), por su parte, denuncia un «doble discurso» y considera que el PPdeG «está abriendo la puerta a la ultraderecha con su silencio cómplice».
La situación contrasta con la de otras autonomías. En comunidades como Castilla y León o la Comunitat Valenciana, el PP ha tenido que ceder parcelas de gobierno a Vox. En Galicia, la mayoría absoluta del PPdeG —42 de los 75 escaños en el Parlamento gallego— permite a Rueda prescindir de cualquier socio. Ese colchón parlamentario ofrece un laboratorio de poder sin interferencias que, por el momento, ningún otro barón popular disfruta.
Unas diferencias «notorias» que nadie termina de concretar
La entrevista concedida por Rueda, recogida por elDiario.es, deja un reguero de afirmaciones genéricas y pocos compromisos tangibles. El presidente gallego huye de las líneas rojas y prefiere hablar de «percepciones» ciudadanas. No detalla si en Galicia impediría que Vox asesore a una futura Consellería de Igualdade o si aceptaría sus postulados sobre inmigración en un eventual escenario de gobierno compartido.
La oposición local y el fantasma de otras CCAA
Mientras, en la oposición coinciden en que la indefinición del PPdeG resulta insostenible. Tanto BNG como PSdeG han presentado iniciativas en el Parlamento de Galicia para forzar a Rueda a desvelar si aceptaría «cualquier tipo de acuerdo con la ultraderecha». La viceportavoz del BNG, Olalla Rodil, ha tachado la postura del presidente de «cobarde y peligrosa», mientras que el líder del PSdeG, Valentín González Formoso, insiste en que «Galicia no puede ser la próxima Extremadura».
El Laboratorio Gallego
Galicia se ha convertido en un espejo incómodo para el Partido Popular nacional. La comunidad lleva desde 2009 gobernada por mayorías absolutas del PPdeG, primero con Feijóo y ahora con Rueda. Ese rodillo parlamentario ha permitido ensayar políticas fiscales, rebajas de impuestos o leyes de simplificación administrativa sin las ataduras de la ultraderecha. Mientras el PP nacional sufre para cuadrar sus pactos de investidura, en Galicia el PPdeG puede legislar sin ‘vox’ a la vista.
La lectura nacional del fenómeno es evidente. Alberto Núñez Feijóo, formado en este ADN de autogobierno sin complejos, aspira a replicar ese modelo en Madrid, pero la fragmentación parlamentaria y las cesiones puntuales a Vox en territorios clave desdibujan su estrategia. «Lo que observamos en Galicia es una anomalía que el propio PP nacional celebra como un tesoro», explica un veterano analista parlamentario gallego. «. La gran incógnita es si el PPdeG logrará revalidar su mayoría absoluta o si la entrada de Vox —que en las últimas generales rondó el 6% en Galicia— podría fracturar la histórica autonomía política del laboratorio. Rueda confía en que la marca gallega del PP, con un discurso más centrado y una gestión económica que exhibe superávits, siga siendo capaz de absorber el descontento sin necesidad de pactos.
De fondo subyace una pregunta para el PP nacional: si el modelo gallego sin Vox se considera virtuoso, ¿por qué se reparten después carteras, vicepresidencias y leyes a la carta con la ultraderecha en el resto de España? La respuesta, para muchos, está en que Galicia es la excepción que confirma la regla del PP dependiente de Vox.
Ficha del Caso
- El caso: Alfonso Rueda afirma diferencias notorias con Vox pero evita detallarlas, en un contexto de pactos del PP con la ultraderecha en otras comunidades. Galicia sigue sin presencia institucional de Vox.
- Datos importantes: PPdeG: 42 escaños (mayoría absoluta desde 2009). Próximas autonómicas: 2028. Rueda sí discrepó de Vox en materia de feminismo en febrero de 2026, pero respaldó la «prioridad nacional».
- Resumen: La postura ambigua del presidente gallego refleja la tensión entre mantener la hegemonía del PPdeG sin Vox y la dependencia del PP nacional de los ultras. Galicia es, por ahora, el laboratorio político del PP sin interferencias de la ultraderecha.
