Científicos del CNRS documentan el deterioro de los bidones radiactivos de la Fosa Atlántica frente a Galicia

La expedición Nodssum ha captado imágenes de la degradación de los barriles con residuos nucleares vertidos hasta 1993 a 300 millas de Fisterra, y confirma niveles de radionucleidos superiores a lo esperado en el entorno marino.

Una expedición del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) ha documentado el avanzado deterioro de los bidones con residuos nucleares depositados en la Fosa Atlántica, a unas 300 millas náuticas del cabo Fisterra. Las imágenes, captadas por el submarino tripulado Nautile, muestran fugas y confirman niveles de radionucleidos mayores de lo esperado.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El proyecto Nodssum, liderado por el CNRS, ha inspeccionado durante un mes los vertidos de material nuclear en la Fosa Atlántica, detectando el deterioro de varios barriles y filtraciones radiactivas.
  • ¿Quién está detrás? Más de 30 investigadores de centros franceses, noruegos, alemanes y españoles participaron en la misión a bordo del buque Pourquoi Pas? y el submarino Nautile.
  • ¿Qué impacto tiene? Los hallazgos reactivan la preocupación sobre la contaminación marina por los 220.000 bidones de desechos nucleares vertidos entre los años 40 y 90, y la necesidad de vigilancia en las costas gallegas.

Imágenes desde el abismo: lo que ha revelado la expedición Nodssum

La travesía, llevada a cabo entre el 27 de mayo y el 28 de junio, contó con más de treinta científicos que navegaron en el buque oceanográfico Pourquoi Pas?, operado por la Flota Oceanográfica Francesa. El submarino Nautile, capaz de descender hasta 6.000 metros, permitió la observación directa de los bidones, algunos de ellos situados a más de 4.000 metros de profundidad.

Las imágenes obtenidas por el proyecto Nodssum muestran el estado crítico de varios contenedores, con resinas, asfalto y cemento —los materiales con los que se encapsularon los desechos— expuestos a la erosión marina. Según comunicado del CNRS, se han detectado filtraciones y se ha confirmado la presencia de radionucleidos característicos de estos residuos a niveles mayores de los esperados, aunque la radiactividad en el entorno, por ahora, permanece baja.

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Los científicos también recogieron muestras de agua, sedimentos y organismos vivos para analizar cómo se dispersan y transfieren estos radionucleidos al ecosistema abisal. El objetivo, según el CNRS, es comprender mejor los mecanismos de transferencia y transporte de los radionucleidos en los fondos oceánicos, y su interacción con los ecosistemas abisales.

Del Xurelo al Nautile: cuatro décadas de lucha contra los vertidos nucleares

La historia de estos vertidos no es nueva para Galicia. En 1981, el palangrero Xurelo, con base en Ribeira (A Coruña), se interpuso entre dos cargueros que arrojaban residuos nucleares al océano. A bordo viajaban políticos, ecologistas y periodistas, entre ellos Manuel Rivas, en una acción organizada por el partido nacionalista de izquierdas Esquerda Galega. Aquella travesía logró por primera vez documentar gráficamente los vertidos y desencadenó un movimiento de protesta en varios países europeos.

La presión internacional llevó a que en 1983 la Comunidad Europea declarase una moratoria de los vertidos, y una década después, el Convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional prohibió definitivamente cualquier vertido radiactivo al mar. Sin embargo, los más de 220.000 bidones que ya habían sido arrojados —unas 140.000 toneladas de basura nuclear— permanecen en el lecho marino frente a Fisterra.

La Fosa Atlántica alberga la memoria de una época en la que el océano era el vertedero de la energía nuclear, y sus fantasmas regresan ahora en forma de fugas radiactivas.

Las nuevas imágenes y datos recabados por la expedición Nodssum suponen un salto cualitativo en la monitorización de estos residuos. A diferencia de las ocasionales campañas de organizaciones ecologistas, esta misión aporta evidencia científica rigurosa y en tiempo real sobre el deterioro de los contenedores, lo que podría reactivar las demandas de una limpieza o, al menos, de un control más estrecho por parte de las administraciones.

El Laboratorio Gallego

El hallazgo sitúa de nuevo a Galicia en el centro del debate sobre la gestión de los residuos nucleares. La comunidad autónoma, con su extensa costa y su tradición pesquera, ha sido tradicionalmente la receptora pasiva de los desechos radiactivos de varios países. Aunque la Xunta de Galicia no se ha pronunciado aún sobre los resultados de la expedición, el PSdeG y el BNG han recordado en otras ocasiones la necesidad de que el Gobierno central asuma la responsabilidad de vigilar y, llegado el caso, retirar los residuos. El PPdeG, por su parte, ha defendido históricamente la competencia estatal en materia nuclear, pero ha evitado un posicionamiento firme sobre la Fosa Atlántica.

Desde Madrid, el Ministerio para la Transición Ecológica no ha emitido declaraciones inmediatas, aunque fuentes del departamento citadas por elDiario.es señalan que se está evaluando la información del CNRS. La lejanía de los vertidos —a 300 millas del cabo Fisterra, fuera de las aguas jurisdiccionales españolas— complica la intervención, pero no exime de responsabilidad moral. Para muchos observadores, el caso es un ejemplo más de cómo las externalidades de la industria nuclear han recaído sobre los territorios más vulnerables.

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El Parlamento de Galicia podría incluir esta cuestión en el próximo período de sesiones, a través de iniciativas de los grupos de la oposición. Mientras tanto, la Consellería do Mar ha confirmado que intensificará los controles radiológicos en las capturas pesqueras de la zona, una medida que ya se aplica periódicamente pero que ahora cobra más relevancia.

Ficha del Caso

  • El caso: Una expedición científica internacional ha documentado el deterioro de los bidones con residuos nucleares vertidos en la Fosa Atlántica, frente a las costas de Galicia, y ha detectado fugas radiactivas. Los vertidos se realizaron entre los años 40 y 90 del siglo pasado.
  • Datos importantes: 220.000 bidones con 140.000 toneladas de basura nuclear a profundidades de hasta 4.000 metros. La misión del CNRS, con apoyo de universidades europeas, utilizó el submarino Nautile. La prohibición de vertidos data de 1993.
  • Resumen: El hallazgo refuerza la necesidad de una vigilancia continua y de un debate sobre la responsabilidad de los países que vertieron los residuos. En clave gallega, reabre la reivindicación de que la Unión Europea y el Gobierno central garanticen la seguridad del ecosistema marino de la región.