El GNL de EE.UU. se dispara: Venture Global sube sus tarifas un 69% por la guerra con Irán

El conflicto en Oriente Medio ha interrumpido los suministros cataríes y ha disparado los precios del gas. Europa, especialmente España, siente el impacto en sus facturas energéticas mientras Washington acelera sus exportaciones.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Venture Global, segundo exportador de GNL de EE.UU., ha disparado un 69% sus tarifas de licuefacción en el segundo trimestre por la interrupción de los suministros cataríes debido a la guerra con Irán.
  • ¿Quién está detrás? La campaña de bombardeos estadounidense-israelí sobre Irán ha colapsado la infraestructura de Ras Laffan (Catar) y ha redirigido los flujos globales de gas hacia el mercado spot, beneficiando a los exportadores norteamericanos.
  • ¿Qué impacto tiene? Los precios del GNL en Europa se mantienen un 50% por encima de los niveles previos al conflicto, con España —que cuenta con el 30% de la capacidad de regasificación europea— sintiendo el encarecimiento en su factura energética.

El conflicto en Oriente Medio ha disparado un 69% las tarifas de licuefacción de Venture Global, el segundo mayor exportador de gas natural licuado de Estados Unidos, según un documento regulatorio presentado esta semana. La guerra con Irán, desencadenada por los bombardeos conjuntos de Washington y Tel Aviv a finales de febrero, ha estrangulado las rutas de suministro desde Catar y ha colocado a los exportadores estadounidenses en una posición de poder inédita.

El conflicto que estrangula el suministro y dispara los precios

La ofensiva sobre Irán y los posteriores ataques de represalia iraníes contra la infraestructura energética de Catar, en especial el centro de Ras Laffen, han cercenado aproximadamente una quinta parte de las exportaciones mundiales de GNL. Washington, en un intento de cubrir el vacío, ha acelerado el envío de cargamentos desde sus terminales del Golfo de México, llevando las exportaciones a niveles récord.

El efecto sobre los mercados ha sido inmediato: los precios del gas asiático se duplicaron en la semana siguiente a los primeros ataques, mientras que los precios europeos se mantienen casi un 50% por encima de los niveles previos a la guerra. La Unión Europea, que había sustituido buena parte de su gasoducto ruso por GNL estadounidense tras la invasión de Ucrania, se ha vuelto especialmente vulnerable a esta nueva crisis energética.

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Los ganadores de la crisis: Venture Global y el GNL estadounidense

Entre los grandes beneficiados está Venture Global. Su tarifa media ponderada de licuefacción, es decir, el coste que cobra por enfriar el gas para su transporte marítimo, ha saltado de 3,82 dólares por millón de unidades térmicas británicas (TBtu) en el primer trimestre a 6,45 dólares en el segundo. La compañía, que tiene una mayor exposición al mercado spot que muchos de sus rivales —que venden la mayor parte de su producción bajo contratos a largo plazo—, puede capturar con más rapidez las subidas repentinas de precios.

Los datos de la empresa reflejan el movimiento: en el segundo trimestre exportó 127 cargamentos de GNL, 37 desde la terminal de Calcasieu Pass y 90 desde la de Plaquemines, frente a los 38 y 92 del trimestre anterior. Pequeñas variaciones que, sumadas al encarecimiento, se traducen en ingresos récord.

Mientras el mundo se enfrenta a otra crisis energética, las terminales de GNL estadounidense se convierten en el salvavidas más caro de Europa.

La historia no es nueva para Venture Global: ya en la crisis energética de 2022, aprovechó la caída del gas ruso para vender cargamentos spot mientras su planta seguía oficialmente en construcción, lo que le valió demandas de grandes petroleras que acusaron a la firma de retener volúmenes contratados en favor de ventas más rentables. Ahora, su modelo de negocio vuelve a florecer.

No es el único. Analistas señalan a Cheniere Energy, otra gran exportadora de GNL estadounidense, como otro de los grandes ganadores de la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz. La persistencia del riesgo de navegación en la zona sigue presionando al alza los precios globales del gas.

Venture Global

Equilibrio de Poder

El escenario actual recuerda, salvando las distancias, a la crisis de 2022, cuando Europa giró de forma acelerada hacia el GNL estadounidense para romper su dependencia de Moscú. Ahora, con Irán y Catar fuera de juego, la dependencia de Washington se acentúa y otorga a la administración Trump una baza económica que ya está utilizando para presionar a sus aliados en otras mesas de negociación, incluido el gasto en defensa dentro de la OTAN.

Para España, la situación es ambivalente. El país cuenta con seis plantas de regasificación que representan casi un tercio de la capacidad total de la UE, lo que le convierte en un hub energético de primer orden. Sin embargo, la fuerte dependencia de las importaciones de GNL —que en 2025 cubrieron alrededor del 45% de la demanda de gas— hace que los precios internacionales se trasladen directamente a la factura eléctrica y al coste industrial. Cada dólar que sube el TBtu en el mercado global se traduce en una presión añadida sobre los presupuestos familiares y la competitividad de la economía.

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En el plano estratégico, el conflicto de Irán y la reconfiguración de las rutas del gas refuerzan la necesidad de acelerar la diversificación energética, no solo hacia otros suministradores —como Nigeria o Estados Unidos, ya copados—, sino sobre todo hacia fuentes renovables propias. A largo plazo, cada crisis de fósiles subraya la urgencia de completar las interconexiones eléctricas con Francia y el despliegue de hidrógeno verde.

El riesgo más inmediato es que la escalada en Oriente Medio prolongue la disrupción más allá del verano de 2026, coincidiendo con la campaña de llenado de almacenes de gas para el invierno. Si eso ocurre, Europa podría enfrentar una nueva crisis de precios similar a la de 2022, con el agravante de que esta vez el grifo ruso está prácticamente cerrado y la alternativa catarí, seriamente dañada. Los próximos informes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) serán clave para medir el impacto sobre las reservas estratégicas.