La Junta de Andalucía ha iniciado esta semana las obras del tramo Casapalma–Cerralba de la autovía Málaga–Ronda–Campillos (A-357), con un presupuesto de 50 millones de euros. La actuación, adjudicada a la unión de Copisa, Constructora Pirenaica y Arpo Empresa Constructora, rescata un proyecto que llevaba 16 años paralizado y que ahora toma forma en el Valle del Guadalhorce, en la provincia de Málaga.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Junta de Andalucía ha comenzado las obras del tramo Casapalma-Cerralba de la autovía A-357, con una inversión de 50 millones de euros y un plazo de ejecución de 36 meses.
- ¿Dónde y quién? El tramo discurre entre los términos municipales de Cártama y Pizarra, en la provincia de Málaga. Las obras las lleva a cabo la alianza de Copisa, Constructora Pirenaica y Arpo.
- ¿Qué supone para los ciudadanos? Aliviará el tráfico de más de 25.000 vehículos diarios y mejorará la seguridad vial, con un nuevo viaducto sobre el río Grande y una autovía de doble calzada. La previsión es que esté operativa en verano de 2029.
Un tramo de 4 kilómetros que salda una deuda de 16 años
El nuevo tramo, de apenas 4 kilómetros de longitud, discurrirá en gran parte en paralelo a la carretera actual, pero se desviará para cruzar el río Grande mediante un viaducto de 250 metros. La Junta ha confirmado que se construirá con doble calzada, dos carriles por sentido de 3,5 metros, arcenes exteriores de 2,5 metros e interiores de un metro, una mediana de 10 metros y bermas de un metro.
La obra había sido adjudicada originalmente en enero de 2010, pero la crisis económica impidió su inicio y el contrato se resolvió años después con un sobrecoste para la administración autonómica de cerca de medio millón de euros. Ahora, el Gobierno andaluz retoma una infraestructura que la comarca del Guadalhorce llevaba más de una década y media esperando.
En paralelo, la Consejería de Fomento adjudicó por 1,1 millones de euros la asistencia técnica para el control y vigilancia de las obras a la unión de Proasur Ingeniería Civil y Aima Ingeniería. Además, el siguiente tramo, Cerralba–Zalea, con otros 4 kilómetros, se encuentra actualmente en fase de redacción.
La presión del tráfico y la seguridad vial en el Valle del Guadalhorce
La autovía A-357, que desde Málaga hasta Casapalma ya es autovía, soporta picos de 80.000 vehículos diarios en su acceso a la capital. A partir de Casapalma, donde termina la doble calzada, la demanda se mantiene por encima de los 25.000 vehículos al día en dirección a Pizarra. Estas intensidades, combinadas con un trazado de un solo carril por sentido, convierten la carretera en un punto negro de la red autonómica.
El Valle del Guadalhorce ha esperado 16 años a que esta autovía saliera del papel. Ahora, con más de 25.000 vehículos diarios en un solo carril, la obra ya no es solo una promesa, sino una cuestion de seguridad.
El alcalde de Pizarra, Félix Lozano, expresó esta semana su satisfacción: «En Pizarra estamos preparados para todo lo que pueda venir. Sabemos que esta infraestructura favorecerá el crecimiento del municipio, pero será un crecimiento controlado, planificado y siempre manteniendo la identidad que caracteriza a nuestro pueblo».
El proyecto no se limita a este tramo: la Junta ejecuta también la duplicación de los accesos de Ronda en la A-367 y el desdoblamiento de la A-404 hacia Alhaurín de la Torre, donde cerca de 30.000 vehículos diarios colapsan una calzada única de siete kilómetros. La A-357 pertenece a la Red Básica de Articulación de la Red Autonómica de Carreteras de Andalucía y vertebra el tráfico de las comarcas de Antequera, la Serranía de las Nieves y la Serranía de Ronda.
La Lectura Andaluza
El inicio de estas obras en Málaga no es un hecho aislado. Andalucía arrastra un déficit histórico de infraestructuras viarias que, en comarcas con un fuerte crecimiento demográfico como el Valle del Guadalhorce, se traduce en problemas de movilidad y seguridad. El traslado de población desde la capital hacia municipios como Pizarra o Cártama, impulsado por los precios de la vivienda en Málaga, ha disparado la presión sobre carreteras que no habían sido rediseñadas para estos volúmenes.
Para los ciudadanos, la nueva autovía significa mucho más que un ahorro de minutos en el coche. La configuración de doble calzada y la eliminación de cruces peligrosos reducirán la siniestralidad en un corredor que hasta ahora era de un solo carril por sentido. Además, la conexión con Cerralba y la futura prolongación hasta Zalea completarán un eje estratégico que facilitará la llegada a zonas industriales y turísticas, con un impacto directo en la economía de la comarca.
La proyección es ambiciosa pero realista. Con un plazo de ejecución de 36 meses, el tramo Casapalma–Cerralba debería estar listo en el verano de 2029. Para entonces, la redacción del siguiente tramo estará avanzada y la Junta podrá encadenar nuevos contratos. Si se cumple el calendario, el Valle del Guadalhorce tendrá, por fin, la autovía que lleva casi dos décadas mereciendo.

