Avance del euro digital: la Eurocámara da luz verde a su negociación para 2029

La Eurocámara autoriza por 416 votos la negociación de una moneda pública que convivirá con los billetes y que el BCE quiere lanzar en 2029. El español Fernando Navarrete Rojas lidera el diálogo con el Consejo bajo la premisa de gratuidad y privacidad total.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Parlamento Europeo ha aprobado este jueves, con 416 votos a favor, iniciar las negociaciones interinstitucionales para crear el euro digital, una moneda pública electrónica que convivirá con el efectivo y que el BCE prevé poner en servicio en 2029.
  • ¿Quién está detrás? La propuesta legislativa parte de la Comisión Europea, cuenta con el respaldo del BCE y será negociada por el ponente español Fernando Navarrete Rojas (PPE) con el Consejo de la UE.
  • ¿Qué impacto tiene? El euro digital ofrecerá un medio de pago universal, gratuito en sus funciones básicas y con altos estándares de privacidad, reduciendo la dependencia de proveedores externos. España, como país del euro, participa directamente en la negociación y tendrá que garantizar la accesibilidad para todos los ciudadanos.

El proyecto del euro digital ha pisado el acelerador este jueves. La Eurocámara autorizó la apertura de las negociaciones interinstitucionales con el Consejo de la Unión Europea, un trámite imprescindible para que el Banco Central Europeo (BCE) tenga lista su moneda digital pública antes del final de la década. El voto salió adelante con 416 escaños a favor, 169 en contra y 22 abstenciones, después de rechazar los intentos de bloqueo de los grupos más euroescépticos, incluido el español VOX.

Con esta decisión, la Eurocámara fija su posición negociadora sobre los tres expedientes que regulan el euro digital y el curso legal del efectivo, y designa al diputado del PP europeo Fernando Navarrete Rojas como jefe del equipo que se sentará frente a la presidencia irlandesa del Consejo. El calendario oficial apunta a 2029 como año de entrada en servicio, pero la complejidad técnica y las tensiones con la banca tradicional sugieren que el camino no será un paseo.

Luz verde parlamentaria con 416 votos a favor

La sesión plenaria del Parlamento Europeo despejó este 11 de julio de 2026 las dudas sobre el respaldo político al que probablemente sea el proyecto financiero más ambicioso de la Unión desde la creación del euro. La Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios ya había aprobado un texto en mayo, pero las impugnaciones presentadas por los grupos Patriotas por Europa, Conservadores y Reformistas Europeos y Europa de las Naciones Soberanas obligaron a un pronunciamiento del pleno. La mayoría fue contundente: 416 diputados optaron por arrancar las conversaciones con el Consejo.

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El voto no solo desbloquea la tramitación legislativa, sino que envía una señal de unidad en un momento en que la autonomía estratégica europea está en el centro del debate. “Garantizar pagos seguros y con menos dependencia de proveedores de fuera de la UE”, resume el comunicado oficial de la institución. La referencia velada a los gigantes tecnológicos estadounidenses y a las plataformas chinas de pago es evidente.

Privacidad, gratuidad y límites: las garantías que exige la Eurocámara

El texto aprobado incorpora una serie de salvaguardas pensadas para que el euro digital no se convierta en un caballo de Troya contra la privacidad de los ciudadanos ni provoque una fuga masiva de depósitos bancarios. La primera y más mediática es la protección de datos: “las transacciones se verificarían sin revelar datos personales”, reza el documento, y solo se tratará la información mínima indispensable. Además, se podrá operar sin conexión a internet, como si fuera efectivo, y los servicios básicos —apertura de la billetera, mantenimiento y pagos— serán totalmente gratuitos para el usuario.

Para evitar que la nueva moneda desestabilice a la banca comercial, el reglamento prevé un límite máximo de euros digitales que cada persona podrá mantener en su billetera. La cifra concreta se negociará con el Consejo y el BCE, pero el principio está ya blindado. En paralelo, la Eurocámara aprobó también la apertura de negociaciones sobre el curso legal del efectivo, obligando a los Estados a garantizar que los billetes y monedas sigan siendo aceptados y accesibles, en especial para mayores y colectivos vulnerables.

Parlamento Europeo

El Eje del Poder Europeo

El euro digital se entiende mejor si se lee en clave geopolítica. La Unión Europea carece hoy de una infraestructura propia de pagos digitales minoristas que compita con las redes de Visa, Mastercard o los monederos electrónicos de Apple y Google. El proyecto responde a una preocupación creciente en el Berlaymont y en la sede del BCE: la dependencia de sistemas ajenos, en un contexto de tensiones con Washington y Pekín, es un riesgo que los líderes europeos ya no están dispuestos a asumir. Como señalaba recientemente un analista del CEPS, “el euro digital es menos una mejora técnica que un acto de soberanía”.

La decisión de la Eurocámara coloca a España en una posición cómoda pero también con exigencias concretas. El ponente del expediente es español, lo que da a Madrid una palanca extra en la negociación, pero al mismo tiempo le obliga a ser cuidadoso con el despliegue posterior: España tiene una de las tasas más altas de población sin acceso regular a la banca digital del sur de Europa. Articular un euro digital que funcione sin conexión y en dispositivos de gama baja será determinante para evitar que la brecha digital se convierta en brecha financiera.

No todos comparten el entusiasmo. La banca tradicional, a través de sus patronales, ya ha expresado su inquietud por los costes de adaptación y por la posibilidad de que un límite de tenencia demasiado generoso drene depósitos hacia el BCE. Los Estados del norte, con Países Bajos a la cabeza, presionarán para que el tope sea bajo, mientras que los países del sur, entre ellos España, defienden una mayor flexibilidad. El choque de visiones está servido y, como en casi todas las grandes batallas comunitarias, el eje París‑Berlín tendrá la última palabra.

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La presidencia irlandesa del Consejo se estrena con un expediente técnicamente complejo y políticamente sensible. De su gestión dependerá que el calendario de 2029 se mantenga o que los plazos resbalen. Lo observamos con la misma mezcla de expectación y cautela con la que miramos cualquier proyecto que promete rediseñar las reglas del dinero europeo.

El euro digital es un proyecto que va mucho más allá de la comodidad: es la primera moneda pública de la era digital y la apuesta más seria de la UE por la soberanía de sus pagos.

Las negociaciones comenzarán en las próximas semanas. Mientras tanto, el BCE afina los detalles técnicos y los Estados miembros preparan sus fichas. La sensación en Bruselas es que, tras la votación de hoy, el euro digital ya no es un debate teórico sino un tren que ha empezado a rodar.