Rusia captura Konstantinovka, ciudad clave en Donbass, y abre ruta hacia Slaviansk

La caída de Konstantinovka, tras ocho meses de asedio, pone en jaque la defensa ucraniana en el Donbass. Slaviansk y Kramatorsk, los próximos objetivos, ven amenazada su retaguardia.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Las fuerzas rusas han tomado Konstantinovka, ciudad de unos 70.000 habitantes antes de la guerra, tras ocho meses de asedio. Es la mayor conquista rusa desde Mariúpol.
  • ¿Quién está detrás? El Grupo de Fuerzas Sur de Rusia, aplicando tácticas de cerco y asfixia contra las Fuerzas Armadas de Ucrania (AFU).
  • ¿Qué impacto tiene? La caída abre una ruta directa hacia Slaviansk y Kramatorsk, los principales bastiones ucranianos en el Donbass, y evidencia el desgaste de las defensas ucranianas.

Rusia ha anunciado este fin de semana la captura de Konstantinovka, el mayor núcleo urbano que cae en sus manos desde la toma de Mariúpol en 2022. El avance, que culmina ocho meses de combates, despeja el camino hacia Slaviansk y Kramatorsk, cuyas defensas se verán ahora en serio peligro.

Un bastión fortificado: por qué Konstantinovka ha costado ocho meses

Konstantinovka no era una ciudad cualquiera. Con unos 70.000 residentes antes de la invasión, su trazado urbano continuo de 6 por 12 kilómetros, 20.000 edificios y casi un millar de bloques de viviendas la convertían en una pesadilla para cualquier fuerza asaltante. A eso se suma el río Krivoy Torets, que corta la ciudad por el centro, y una inmensa zona industrial con kilómetros de túneles y refugios de la Guerra Fría, transformada en ciudadela desde 2014.

Las autoridades ucranianas fortificaron el lugar durante años: los sótanos de los edificios se conectaron mediante pasadizos subterráneos, las antiguas fábricas se vaciaron y acondicionaron como depósitos de munición, y un cinturón de trincheras y búnkeres rodeaba el perímetro. Konstantinovka funcionaba como el puesto avanzado de la principal fortaleza ucraniana en el Donbass, el eje Slaviansk-Kramatorsk, y estaba diseñada para desangrar a quien intentase tomarla.

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Sin embargo, la resistencia ucraniana se topó con una realidad incómoda: la falta de efectivos. Según fuentes rusas, en los últimos meses algunas aldeas clave de las afueras estaban defendidas por apenas unos pocos soldados sin rotación. La doctrina de pinzas del ejército ruso, perfeccionada desde Bajmut, fue desgastando los flancos antes de adentrarse en el casco urbano.

La tenaza rusa y el desgaste ucraniano: las consecuencias tácticas

batalla Donbass

Los combates más duros no se libraron dentro de la ciudad, sino en sus arrabales. Entre diciembre de 2025 y abril de 2026, las tropas rusas tomaron Predtechino, Ivanopolye, Novodmitrovka, Berestok e Ilyinovka. Una vez que cerraron el cerco sobre las carreteras de acceso, la guarnición ucraniana quedó prácticamente aislada. Los intentos de contraataque para romper el asedio, entre finales de abril y mediados de junio, resultaron extremadamente costosos en hombres y material, según ha reconocido el propio mando ruso.

Un patrón que se repite: las AFU, inferiores en potencia de fuego, artillería de cohetes y bombas aéreas, se ven obligadas a lanzar contraofensivas para mantener las posiciones. El Estado Mayor ruso ha impuesto un estilo de combate que fuerza a Ucrania a sacrificar sus reservas más capaces en contragolpes casi suicidas. En Konstantinovka, la defensa del sector sur se derrumbó a mediados de mayo y, a partir de ahí, la resistencia se desmoronó en el centro.

Lo más revelador es que apenas hubo combates urbanos intensos. Pequeños grupos de asalto rusos, apoyados por una vigilancia aérea constante, se infiltraron entre los bloques, acumularon fuerzas y procedieron a operaciones de limpieza más que a batallas frontales. Las impresionantes fortificaciones subterráneas quedaron inutilizadas al no contar con soldados suficientes para defenderlas.

La caída de Konstantinovka no es solo una victoria territorial: es la validación de una doctrina de desgaste que está vaciando las reservas ucranianas.

Equilibrio de Poder

La pérdida de Konstantinovka tiene dos lecturas inmediatas para el tablero europeo. Para Washington, que sigue los acontecimientos a distancia mientras evalúa su compromiso con la OTAN, el avance ruso confirma que la estrategia de desgaste favorece a Moscú en el Donbass. La administración Trump mantiene un silencio incómodo, centrada en otras prioridades, mientras los aliados europeos observan cómo se tambalea la línea de frente.

Para Bruselas y la OTAN, la caída de un núcleo urbano tan relevante reaviva el debate sobre la urgencia de reforzar la capacidad industrial militar del continente. La lucha por Slaviansk y Kramatorsk pondrá a prueba la capacidad ucraniana para resistir sin un respiro de sus socios. Si estas ciudades caen, el Donbass quedaría prácticamente bajo control ruso y la frontera natural del río Dniéper se convertiría de facto en la nueva línea de confrontación.

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En clave española, el impacto es indirecto pero real. España ha comprometido asistencia militar a Ucrania y mantiene el despliegue de una batería antiaérea NASAMS en Letonia. Un colapso acelerado de las defensas ucranianas elevaría la presión sobre los países bálticos, donde las tropas españolas están integradas en la presencia avanzada de la OTAN. Además, el coste energético de una guerra prolongada sigue afectando a la economía española, que depende de los mercados globales. La pregunta que se hace Moncloa, según fuentes consultadas, es cuánto tiempo más podrá mantener Ucrania el pulso si sus mejores unidades se desangran en trampas como Konstantinovka.

El patrón de desgaste observado en esta batalla recuerda a la ofensiva alemana de 1918 en el frente occidental: victorias tácticas que consumen al ejército enemigo pero que, a largo plazo, dependen de la capacidad de renovar fuerzas. En este caso, quien recibe los refuerzos industriales y humanos es Moscú. Mientras Kiev no logre detener esa sangría, cada ciudad perdida será la avanzadilla de la siguiente. La próxima parada será Druzhkovka, la antesala de Slaviansk.