Movimiento Sumar celebra hoy la asamblea más decisiva de su todavía corta trayectoria. El partido fundado por Yolanda Díaz llega a esta cita con 31 diputados en el Congreso pero muy lejos del impulso con el que debutó en 2023. Las crisis internas, los reveses electorales y una organización menguada obligan a la formación a redefinir su identidad y su lugar en el espacio de la izquierda alternativa. La cita no resolverá todos los males, pero sí pretende cerrar la etapa de transición permanente y abrir otra de consolidación.
La asamblea que cierra tres años de transición continua
El cónclave ratificará una dirección de consenso encabezada por la portavoz parlamentaria Verónica Martínez Barbero y la secretaria de Estado de Derechos Sociales Rosa Martínez. No habrá competición interna. El objetivo es ordenar un proyecto que nació como el instrumento de Yolanda Díaz para cohesionar a una constelación de fuerzas –Izquierda Unida, Más Madrid, los Comunes, Compromís e incluso Podemos en su momento– y que quedó subordinado a ese papel de paraguas.
La nueva dirección quiere abandonar esa función y convertir a Movimiento Sumar en una fuerza más dentro de la alianza, con proyecto, discurso y estructuras propios. Dejar de ser el paraguas para ser un partido reconocible. Esa es la principal transformación política que aprobará la asamblea, según explican fuentes de la organización.
Paralelamente, el partido debe aprender a caminar sin la vicepresidenta segunda al frente. Díaz dio hace meses un paso atrás en la dirección y la nueva ejecutiva tendrá que construir un liderazgo menos dependiente de una figura personal y con mayor autonomía. La organización asume que ya no puede vivir bajo la sombra de su fundadora.
Una identidad ‘laborista ecosocialista’ para marcar perfil sin Díaz
Para esa nueva etapa, Movimiento Sumar se dotará de un marco ideológico propio que define como laborismo ecosocialista: derechos laborales, transición ecológica, ampliación de los servicios públicos y refuerzo del Estado del bienestar. La intención es convertir esa agenda en el principal elemento de diferenciación respecto al PSOE desde el propio Gobierno, sin romper la coalición.
La reducción de la jornada laboral, la reforma de los cuidados o nuevas medidas sociales forman parte de esa estrategia con la que aspiran a recuperar visibilidad. El cálculo es claro: la supervivencia electoral pasa por demostrar utilidad desde el Ejecutivo y volver a ocupar un espacio político propio tras meses en los que el protagonismo ha recaído casi exclusivamente sobre los socialistas.
Sumar deja de ser el paraguas para convertirse en un partido más dentro del espacio, pero la pregunta es si ese cambio llega a tiempo para frenar la sangría electoral.
Esa urgencia electoral explica también la obsesión por la implantación territorial. La creación de un Consejo de Coordinación Territorial y de un espacio juvenil propio son intentos de revertir una presencia muy débil fuera de las instituciones. Los fracasos en Galicia, Euskadi, las europeas y las más recientes andaluzas y aragonesas han dejado claro que el partido necesita arraigo antes del próximo ciclo autonómico y municipal.
A ese desgaste se suma la salida de dirigentes relevantes –Lara Hernández, Txema Guijarro, Joaquín Pérez Rey, Amparo Marino o Fabio Cortese– y la profunda crisis provocada por la dimisión de Íñigo Errejón tras las acusaciones de agresión sexual. Todo ello ha reducido la capacidad organizativa de un partido que, sin embargo, reivindica haber superado la fase más dura de tensiones internas y presenta unos documentos aprobados con un respaldo casi unánime.
La Dinámica de Coalición
El giro de este sábado cambia por completo los equilibrios dentro del espacio que Sumar aspiraba a liderar. Al abandonar la función de paraguas, Movimiento Sumar se sitúa como un socio más entre las confluentes. Izquierda Unida, Más Madrid, los Comunes, Compromís y el resto de fuerzas de la alianza deberán relacionarse ahora con un partido que ya no coordina el conjunto, sino que compite por un perfil propio. Esa nueva posición genera tanta oportunidad como riesgo de fragmentación. La polémica valenciana, con un sector de la federación que denuncia tutela desde Madrid y boicotea la asamblea, es la primera señal de que la descentralización territorial puede convertirse en el nuevo campo de batalla interno.
En la dimensión de coalición con el PSOE, la apuesta por marcar perfil desde el Gobierno es una maniobra arriesgada. La estrategia de visibilizar una agenda laborista y ecosocialista busca recuperar al electorado desencantado, pero cualquier choque excesivo puede tensar la estabilidad del Ejecutivo que comparten desde 2023. Con 31 escaños –y una proyección electoral incierta– el margen de presión de Sumar es limitado. El próximo ciclo electoral pondrá a prueba si esta refundación sirve para consolidar una fuerza autónoma o si, por el contrario, acelera la dispersión de un espacio que todavía no ha encontrado su fórmula de convivencia.
Ficha del Caso
- El caso: Movimiento Sumar celebra su asamblea más decisiva hoy, 11 de julio de 2026, para abandonar su papel de paraguas del espacio de izquierdas y convertirse en un partido con identidad propia, sin Yolanda Díaz al frente.
- Datos importantes: El partido posee 31 diputados en el Congreso; la dirección de consenso la encabezan Verónica Martínez Barbero y Rosa Martínez; la nueva identidad ideológica se define como ‘laborismo ecosocialista’; las últimas citas electorales autonómicas y europeas evidencian una alarmante falta de implantación territorial.
- Resumen: La asamblea pretende cerrar tres años de transición y crisis para abrir una etapa de consolidación, pero el éxito dependerá de su capacidad para marcar perfil desde el Gobierno sin deteriorar la coalición con el PSOE y sin desgarrar el frágil equilibrio con las fuerzas aliadas.
