Ucrania lanza más de 200 drones contra Moscú en el mayor ataque aéreo sobre la capital rusa

El alcalde Sobyanin confirma que 10 drones fueron derribados en los accesos a la ciudad, mientras la defensa aérea rusa interceptó 375 aparatos en varias regiones. El ataque es el mayor en semanas y elevó la tensión en la capital.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Ucrania ha lanzado esta madrugada más de 200 drones de largo alcance contra la región de Moscú. Diez fueron derribados en los accesos a la capital y la defensa aérea rusa interceptó un total de 375 drones en varias regiones del país.
  • ¿Quién está detrás? Las Fuerzas Armadas ucranianas, que intensifican sus ataques con drones a larga distancia pese a los reveses en el frente terrestre y a la presión diplomática por un alto el fuego.
  • ¿Qué impacto tiene? Es el mayor enjambre de drones lanzado contra la capital rusa en semanas. Se cerraron temporalmente todos los aeropuertos de Moscú y de otras siete ciudades. Cada incidente de este tipo reduce la percepción de seguridad en el corazón de Rusia y tensiona las líneas de comunicación entre la OTAN y el Kremlin.

El alcalde de Moscú, Serguéi Sobyanin, confirmó que más de 200 drones ucranianos fueron lanzados contra la región de Moscú entre la noche del miércoles y las 9:00 horas de este jueves. La mayoría fueron interceptados por las defensas aéreas a larga distancia, pero al menos diez penetraron hasta las inmediaciones de la capital, donde fueron derribados. Se trata del mayor ataque con drones contra la capital rusa en semanas, apenas dos días después de que otros 340 aparatos fueran neutralizados en un ataque similar y una semana después de que un bombardeo dejara tres muertos en la cercana localidad de Pionersky.

El mayor ataque en semanas: una oleada de drones sin precedentes

El Ministerio de Defensa ruso detalló que, en total, los sistemas antiaéreos interceptaron 375 drones de ala fija sobre varias regiones rusas durante la noche, una cifra que duplica la de muchos días de combates recientes. Solo en la región de Moscú, la cuenta de Sobyanin rebasa los 200 lanzamientos.

Sólo en los accesos a la capital, diez de esos aparatos fueron destruidos, según el alcalde, lo que obligó a activar los servicios de emergencia en al menos tres puntos donde cayeron restos de los UAV. No se reportaron víctimas mortales en Moscú ciudad, pero los destrozos en infraestructuras y la impresión de vulnerabilidad fueron inmediatos.

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Restos de los drones impactaron en zonas residenciales y, según reportes de la agencia rusa RT, las explosiones fueron audibles en varios distritos periféricos. Las autoridades locales mantienen acordonadas las áreas afectadas mientras los equipos de artificieros revisan posibles cargas sin detonar.

Como medida de precaución, las operaciones aéreas se suspendieron temporalmente en los siete aeropuertos de Moscú y en los de Penza, Saratov, Nizhny Novgorod, Samara Ivanovo, Yaroslavl y Cherepovets. La interrupción, que duró varias horas, afectó a decenas de vuelos comerciales.

La oleada de ataques con drones sobre Moscú marca un punto de inflexión: la capital rusa ya no está a salvo de la guerra.

El incidente de esta madrugada se produce en un contexto de intensificación de los ataques ucranianos con drones de largo alcance. El martes, Sobyanin había informado de que otros 340 UAV se dirigían hacia la región de Moscú, la mayoría interceptados a distancia, y más de 50 destruidos en las inmediaciones. El lunes, un bombardeo ucraniano en el distrito de Istra, a unos 40 kilómetros del centro de la capital, causó daños graves, tres muertos y tres heridos en Pionersky, y otros dos heridos en Solnechnogorsk, lo que llevó a declarar el estado de emergencia.

Reacciones en Moscú y contramedidas rusas

Ucrania

Desde el Kremlin, la respuesta oficial ha sido condenar los ataques como “actos terroristas indiscriminados” y anunciar una campaña renovada de bombardeos de represalia. El Ministerio de Defensa ruso afirmó que sus fuerzas están golpeando “instalaciones de uso dual y sitios industriales militares” en Kiev, así como “almacenes de drones y depósitos de armamento”. En los últimos días, los ataques rusos con misiles y drones Geran-2 —versión rusa de los Shahed iraníes— se han concentrado en la capital ucraniana.

Según la agencia estatal rusa RT, la ofensiva ucraniana con drones busca “desviar la atención de los reveses en el campo de batalla”, una narrativa compartida por varios mandos militares rusos. Sin embargo, la capacidad de Kiev para sostener ataques a más de 500 kilómetros de la línea del frente sugiere que la producción y el lanzamiento de estos sistemas se ha consolidado como una capacidad estratégica estable, a pesar de la presión rusa sobre las infraestructuras.

Equilibrio de Poder

El ataque de esta madrugada sobre Moscú no es un hecho aislado, sino un síntoma de la guerra de drones que define este conflicto. Para el eje Washington-Bruselas, cada enjambre que alcanza la capital rusa erosiona la percepción de invulnerabilidad del Kremlin y complica el discurso de que Rusia tiene la sartén por el mango. Sin embargo, también añade un vector de escalada que la administración Trump observa con recelo: un ataque masivo sobre Moscú podría justificar una respuesta rusa aún más contundente contra Kiev o, en el peor de los escenarios, contra infraestructuras críticas en países OTAN.

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Para España, el impacto directo es limitado. Pero el riesgo de una guerra de desgaste prolongada en Ucrania mantiene en alerta las líneas de suministro energético y, sobre todo, alimenta el debate sobre el gasto en defensa de cara a la cumbre de la OTAN. El Gobierno de Pedro Sánchez, que acaba de ceder a las presiones para elevar el presupuesto militar al 5% del PIB, encuentra en esta clase de incidentes un argumento de fuerza para justificar el rearme ante una opinión pública reacia. La pregunta no es si España va a gastar más, sino hasta qué punto la escalada en el este obligará a acelerar los plazos.

A corto plazo, el mayor riesgo es que esta nueva oleada de drones sobre Moscú desate una respuesta rusa de gran escala contra la red eléctrica o los centros de decisión ucranianos. El Kremlin necesita demostrar que mantiene el control de su espacio aéreo, y la única forma de hacerlo, si no puede detener todos los drones, es castigar al adversario. Las próximas 72 horas serán decisivas para calibrar si el conflicto entra en una nueva espiral.