Hernández de Cos, candidato de España para presidir el BCE

El Gobierno propone al exgobernador del Banco de España para sustituir a Christine Lagarde en 2027, en una jugada que adelanta meses el proceso de selección. Su perfil, avalado por Lagarde y la City, aspira a romper el techo de cristal español en Fráncfort.

España ha movido ficha en la sucesión del Banco Central Europeo con más de un año de antelación. El Gobierno ha propuesto formalmente a Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director del Banco de Pagos Internacionales (BPI), como candidato a presidir el BCE cuando expire el mandato de Christine Lagarde en octubre de 2027.

Un tipo maravilloso con un currículum de hierro

La elección de Hernández de Cos no es un capricho político. Su nombre aparecía ya en todas las quinielas de analistas internacionales. Financial Times y Bloomberg lo señalaban como el gran favorito semanas antes de que Moncloa diera el paso. Y la propia Lagarde, durante una entrevista reciente, lo describió como “un tipo maravilloso”. Ambos compartieron los peores compases de la pandemia y la escalada histórica de tipos en el Consejo de Gobierno de Fráncfort.

Pero el currículum del madrileño habla más alto que los elogios. Doctor en Economía por la Complutense, licenciado en Derecho por la UNED y con largos años en el Banco de España, presidió el Comité de Basilea antes de asumir la dirección del BPI en Basilea. Su perfil encarna el tecnócrata de consenso que tanto necesita una Eurozona fracturada entre halcones y palomas. De hecho, durante la crisis inflacionaria de 2022-2023, mantuvo un tono equilibrado que le granjeó respeto en el norte y en el sur.

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La carrera por la presidencia del BCE empieza en Madrid

El movimiento español es una jugada de ajedrez diplomático. El proceso formal no se abrirá hasta dentro de varios meses, pero adelantar la candidatura permite a España fijar el nombre de referencia y forzar a Berlín y La Haya a mostrar sus cartas. Alemania y los Países Bajos podrían presentar a sus propios aspirantes, y el perfil de Hernández de Cos —pragmático, pero sin la rigidez de un halcón germano— podría verse como una cesión asumible para el norte.

Fuentes del Ministerio de Economía han subrayado que España, como cuarta economía del euro y uno de los mayores accionistas del BCE, “aspira, con naturalidad, a tener un papel importante en la institución en su próxima etapa”. La frase destila ambición y también una cierta reivindicación: nunca un español ha presidido el BCE. Si Moncloa consigue colocar a su candidato, la influencia sobre la política monetaria —y, por ende, sobre las condiciones de financiación de la deuda española— daría un salto cualitativo.

presidente BCE

La candidatura de Hernández de Cos no es solo un ascensor para España: es la primera vez que un país del sur juega con la misma anticipación e influencia que Berlín o París en el tablero monetario.

Madrid sabe que el camino es un campo de minas. La presidencia del BCE se decide en el Consejo Europeo, donde hace falta mayoría cualificada. En las quinielas informales de Bruselas, junto al nombre del español ya suenan el presidente del Bundesbank y el del banco central neerlandés. La batalla diplomática será intensa y no se resolverá hasta bien entrado 2027.

El Eje del Poder Europeo

Lo que está en juego va más allá del nombre de un presidente. El BCE tiene en sus manos los tipos de interés, el programa de compras de deuda y, cada vez más, la vigilancia de los riesgos climáticos y digitales. La elección de un español supondría un giro en el equilibrio de poder interno: los Estados del sur, tradicionalmente a la expectativa de las decisiones de Fráncfort, ganarían una voz propia en el órgano más poderoso de la Unión.

La lectura en clave norte-sur es inevitable. Durante los años del whatever it takes quedó claro que Mario Draghi —italiano— podía ser un bombero eficaz. Pero ahora, con la inflación aún por domar y la regla fiscal recién reactivada, un candidato procedente de un país que suele necesitar más músculo financiero de la UE puede provocar recelos en los frugales. Los halcones de La Haya y Helsinki exigirán a cambio un reforzamiento de los compromisos de ajuste. Y ahí Moncloa tendrá que explicar cómo compatibiliza su apoyo a la ortodoxia monetaria con las demandas presupuestarias que le llegan desde el Congreso.

Hernández de Cos es un perfil que dificulta el ataque frontal. Su paso por el Comité de Basilea y su gestión en el Banco de España —con sucesivas recomendaciones de prudencia fiscal y salarial— lo sitúan más cerca de Fráncfort que de la Moncloa más expansiva. No obstante, la etiqueta “español” pesará más que cualquier currículum en una negociación que se moverá entre la deuda, el crecimiento y la pura geometría de bloques. De hecho, el propio De Cos insinuó en alguna ocasión que la política monetaria no puede abstraerse de la estabilidad financiera de los países grandes: una sutileza que en el norte puede ser leída como guiño.

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La historia reciente de los grandes nombramientos europeos es un recetario de vetos cruzados y compensaciones. Si España se lleva el BCE, Italia podría reforzar su candidatura a la Comisión, mientras Francia intentará afianzar su influencia en el Consejo. Alemania, que ya tiene la presidencia del MEDE, buscará equilibrar con una vicepresidencia de perfil duro. En ese tablero, contar con un candidato de prestigio técnico y sin enemigos claros es una baza de oro. Y eso es justo lo que Madrid ha puesto sobre la mesa.

El plazo apremia. Los líderes europeos deberán decidir en el primer semestre de 2027 para que el nuevo presidente tome posesión en octubre. Hasta entonces, Hernández de Cos tendrá que someterse a un escrutinio parlamentario en la Eurocámara y superar las audiencias en las que su independencia quedará testada. El respaldo inicial de Lagarde y el silencio cómplice de París —que no ha vetado de entrada— son señales positivas, pero en Bruselas las mayorías se construyen sala por sala y la prudencia dicta no vender la piel del oso antes de cazarlo.