A todos nos ha pasado: un julio tórrido, las seis de la tarde y el horno parece el dragón de Komodo. Quieres un pan recién hecho, con esa miga esponjosa y ese punto tostado, pero solo pensar en encender el gratinador te hace sudar. La solución tiene nombre indio y se cocina en la sartén en solo cinco minutos: el naan.
En la India, este pan plano se hornea tradicionalmente en un tandoor, un horno de barro que supera los 300 °C. Pero Liliana Fuchs, en Directo al Paladar, nos enseñó que no necesitamos ese ingenio ancestral para conseguir un resultado espectacular. Basta con una sartén de hierro fundido —o una buena antiadherente—, una masa sencilla y un par de trucos que os voy a contar.
Lo mejor de esta receta es que no exige ser un panadero experto. La masa se prepara en minutos (sí, con levadura de panadería, para que de verdad sepa a pan) y el reposo hace casi todo el trabajo. Si tenéis amasadora, perfecto; si no, las manos también bastan.
El secreto del éxito
- Masa hidratada pero no pegajosa: Una proporción justa de agua y yogur natural da un resultado tierno sin que la masa se convierta en un chicle. Con 80 ml de agua tibia para 250 g de harina y una cucharada de yogur, acertáis siempre.
- Reposo corto, calor máximo: Con 30-40 minutos de levado basta para que la levadura haga su magia. Luego, la sartén a fuego fuerte sella la miga al instante —el truco está en que la superficie esté casi humeante antes de poner el disco de masa.
- Estirado fino y vuelta rápida: Extender cada porción con rodillo hasta que tenga el grosor de una tortita (2-3 mm) garantiza una cocción homogénea. En la sartén, 1-2 minutos por lado bastan; si veis que se inflan ligeramente, vais por buen camino.
Ingredientes
- 250 g de harina de trigo (de todo uso, sin necesidad de fuerza)
- 1 cucharadita de levadura seca de panadería
- 1/2 cucharadita de azúcar
- 1/2 cucharadita de sal
- 80 ml de agua tibia
- 1 cucharada de yogur natural (opcional, pero aporta suavidad)
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra, más un poco para pintar
- Mantequilla de ajo, semillas de sésamo y hierbas frescas (para servir)
Paso a paso
Disolved la levadura y el azúcar en el agua tibia y dejad que espume durante 5-10 minutos. Mientras, mezclad la harina con la sal en un cuenco grande. Formad un volcán, añadid el agua con levadura, el yogur y el aceite, y removed hasta integrar.
Cuando tengáis un amasijo desigual, volcadlo sobre la encimera ligeramente enharinada y amasad solo 3-4 minutos, hasta que la masa esté lisa. No necesitáis un velo perfecto; con que esté suave y elástica, vale. Dejadla reposar en un bol engrasado, tapada con un paño, durante 30-40 minutos, hasta que duplique su volumen.
Desgasificad la masa con un puñetazo suave y divididla en cuatro porciones. Estirad cada una con rodillo, dándoles forma ovalada o redonda, de unos 2-3 mm de grosor. Calentad la sartén a fuego fuerte —si tiráis una gota de agua y chisporrotea, está lista— y pinceladla apenas con aceite.
Colocad una porción de masa sobre la superficie caliente y dejad que se dore durante 1-2 minutos por el primer lado. Veréis cómo aparecen burbujas y manchas tostadas. Dad la vuelta con unas pinzas y cocinad otro minuto más. Repetid con el resto, apilándolos en un plato cubierto con un paño para que se mantengan calientes.
Al momento de servir, pintad cada naan con mantequilla de ajo derretida, espolvoread semillas de sésamo o nigella y rematad con cilantro fresco picado. Cortad en triángulos y acompañad con hummus, raita o, mi versión favorita, como picatostes del gazpacho bien frío.
Variaciones y maridaje
Para una cena aún más fresca, preparad la masa por la mañana y dejadla levar en la nevera todo el día; al volver, solo tendréis que estirar y cocinar. Si os sobra algún pan, envuelto en film se conserva 24 horas a temperatura ambiente; para recalentarlo, un golpe de plancha le devuelve la vida mejor que el microondas.
En versión airfryer, programadla a 200 °C, poned las porciones de masa estirada sobre papel de horno y cocinad 3-4 minutos, dándoles la vuelta a mitad. Para enriquecer el sabor, añadid a la masa un diente de ajo machacado y una pizca de comino molido: tendréis un garlic naan de restaurante.
Para maridar, un verdejo bien frío o una cerveza de trigo tipo witbier realzan los aromas tostados del pan sin robarle protagonismo. Si preparáis el naan para mojar en cremas especiadas como un curry suave, un albariño con algo de crianza sobre lías también funciona de maravilla.
