Grecia compra defensa aérea a Israel: 3.500 millones para el escudo Achilles Shield

Grecia aprueba la compra del sistema antiaéreo israelí 'Achilles Shield' por 3.500 millones de euros. El contrato incluye radares, misiles y un 25% de producción local, y apunta a contrarrestar la superioridad aérea turca.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Grecia ha aprobado la compra del sistema de defensa aérea multicapa ‘Achilles Shield’ a Israel por 3.500 millones de euros.
  • ¿Quién está detrás? El Consejo de Seguridad griego, con contratos a las empresas israelíes Rafael e IAI.
  • ¿Qué impacto tiene? Refuerza la capacidad antiaérea griega frente a Turquía, reduce la dependencia de sistemas rusos y consolida a Israel como proveedor clave en la OTAN.

Grecia ha dado luz verde este jueves al mayor contrato de defensa aérea de su historia reciente: 3.500 millones de euros para el sistema israelí ‘Achilles Shield’. La decisión del Consejo de Seguridad Nacional, adelantada por Defense News, supone un salto cualitativo en la modernización militar griega y reconfigura el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo oriental.

Un escudo de tres capas con sello israelí

El ‘Achilles Shield’ es un sistema israelí de defensa aérea multicapa diseñado para interceptar misiles balísticos, aeronaves y drones. Según el ministro de Defensa griego, Nikos Dendias, estará plenamente operativo en un plazo de 35 meses y contará con un 25% de producción local. Integrará radares y misiles de las compañías Rafael e IAI, y sustituirá gradualmente a los vetustos Patriot estadounidenses y a los sistemas S-300 de origen ruso que aún protegen el espacio aéreo heleno.

La operación, sin embargo, va mucho más allá del escudo aéreo. El Consejo de Seguridad aprobó también la adquisición de hasta 40 cazas F-35 de quinta generación a Estados Unidos, tres aviones de transporte militar C-390 de Embraer, diez minisubmarinos británicos VICTA para operaciones especiales y una flota de drones, entre ellos los V-BAT estadounidenses y los Heron israelíes. El gasto total en modernización militar ascenderá a 28.000 millones de euros hasta 2036, una cifra que equivale al presupuesto anual de Defensa de países como España o Italia.

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28.000 millones para 2036: la hoja de ruta griega

Grecia destina ya el 3,5% de su PIB a defensa, muy por encima del objetivo del 2% que exige la OTAN. La rivalidad con Turquía, que se remonta a décadas de disputas por la soberanía del Egeo y los recursos energéticos, explica este sobreesfuerzo. Atenas percibe que Ankara mantiene una ventaja en el equilibrio aéreo y naval, y busca neutralizarla sin esperar a la solidaridad aliada. La apuesta israelí es coherente con esa urgencia: Israel ofrece sistemas probados en combate, tiempos de entrega cortos y una cooperación ya consolidada en el centro de entrenamiento aéreo que ambos países operan en suelo griego.

El movimiento griego se produce en un momento en que la OTAN está fracturada por las exigencias de Washington. La administración Trump insiste en elevar el umbral al 5% del PIB, una cifra que ningún aliado europeo alcanza. Grecia, con su 3,5%, se sitúa entre los pocos que se acercan, lo que le da margen para negociar contrapartidas. De hecho, la compra de los F-35 fue desbloqueada por Estados Unidos precisamente como gesto hacia un socio que paga más de lo que se le pide.

Equilibrio de Poder

La decisión griega altera varios tableros al mismo tiempo. En el eje Washington-Moscú-Bruselas, consolida a Israel como un actor imprescindible en la arquitectura de defensa europea, un papel que Moscú observa con recelo porque vacía de clientes su industria armamentística. Para Bruselas, la operación evidencia que la autonomía estratégica europea está aún lejos: en sistemas de defensa aérea integrada, la oferta del Viejo Continente sigue siendo fragmentaria, y los estados miembros recurren a soluciones externas.

Para España, el mensaje es doble. Por un lado, demuestra que los aliados del sur de la OTAN están dispuestos a gastar cifras de vértigo para blindar su espacio aéreo, una dinámica que puede acelerar la presión sobre Moncloa para aumentar el presupuesto de Defensa más allá del debate actual sobre el 2%. Por otro, la elección israelí abre un interrogante sobre los futuros programas españoles: el Ejército del Aire opera Patriots y NASAMS, dos sistemas de origen estadounidense y noruego respectivamente, pero la oferta israelí, con su experiencia operativa en entornos de alta intensidad, podría tentar a otros compradores del flanco sur, incluida España, si la tensión con Marruecos o la inestabilidad del Sahel recrudecieran. La cooperación hispano-israelí en ciberseguridad y drones ya es sólida; extenderla al ámbito de la defensa aérea no sería un salto impensable.

La compra del ‘Achilles Shield’ no es un simple contrato: es la confirmación de que la seguridad en el Mediterráneo oriental se diseña en Jerusalén y Washington, no en Bruselas.

Históricamente, la adquisición griega recuerda a la crisis de los S-300 chipriotas de los años 90, cuando Ankara amenazó con la guerra y Moscú aprovechó la brecha. Hoy, sin embargo, la mecha es distinta: Turquía no puede vetar la compra, pero sí responderá con nuevos desarrollos de misiles balísticos o con una mayor presencia naval en el Egeo. Rusia, desplazada como suministrador, pierde un cliente de décadas y ve cómo la OTAN cierra filas en su flanco sur, aunque a costa de una mayor fragmentación interna entre los que gastan y los que no. La cumbre de la OTAN prevista para el próximo año podría ser el escenario de un ajuste de cuentas entre ambos bloques.

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En resumen, lo que Grecia ha puesto en marcha no es solo un escudo antiaéreo. Es una declaración de intenciones que reordena alianzas, presiona a los rezagados del gasto militar y, sobre todo, coloca a Israel en el centro de la defensa europea. La próxima década dirá si el ‘Achilles Shield’ fue la excepción o el primer paso de una nueva doctrina de compras en el sur de Europa.