EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los rebeldes hutíes de Yemen han atacado dos petroleros saudíes en el mar Rojo, la primera acción militar tras su bloqueo a los puertos saudíes iniciado el lunes.
- ¿Quién está detrás? Los hutíes, respaldados por Irán, buscan estrangular el tráfico de crudo por Bab el Mandeb, un corredor vital para el suministro energético mundial.
- ¿Qué impacto tiene? El ataque dispara el precio del petróleo, amenaza la seguridad energética de la UE y obliga a España a vigilar de cerca una posible subida de costes en gasolinas y electricidad.
Los rebeldes hutíes de Yemen han atacado este jueves dos petroleros saudíes en el mar Rojo, la primera acción militar desde que el lunes entrara en vigor su bloqueo a los puertos saudíes. El ataque, confirmado parcialmente por Riad, dispara la tensión en una ruta que canaliza cerca del 10% del comercio marítimo mundial y ha impulsado el precio del crudo en los mercados internacionales.
Según un comunicado de la milicia, los buques Encelia y Layla fueron alcanzados con drones y misiles en una “operación militar cualitativa”. Las autoridades saudíes sólo han reconocido el impacto sobre el Layla, pero el hecho de que otros petroleros hayan tenido que cambiar de rumbo en las últimas 48 horas confirma que la amenaza es real.
El estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, está bajo influencia de los hutíes desde sus posiciones en la costa yemení. Si el bloqueo se consolida, los barcos tendrían que desviarse por el Cabo de Buena Esperanza, alargando los trayectos miles de kilómetros y encareciendo el transporte. Antes del ataque de hoy, ya se habían registrado cinco buques que alteraron su ruta y tres petroleros con crudo saudí rumbo a China e India que dieron media vuelta.
La escalada añade un nuevo frente a una región ya de por sí explosiva. El presidente estadounidense, Donald Trump, había advertido que tomaría medidas si se materializaba el bloqueo, y Riad prometió proteger sus embarcaciones con “todas las medidas necesarias”. La Real Fuerza Naval Saudí podría escoltar los convoyes, lo que elevaría el riesgo de un choque directo con los hutíes.
Las hostilidades entre los hutíes y Arabia Saudí coinciden con el peor momento de la crisis entre Estados Unidos e Irán. Teherán mantiene el control sobre el estrecho de Ormuz —por donde antes de la guerra pasaba el 20% del crudo mundial— y el repunte en el mar Rojo fortalece su posición negociadora. El memorándum de entendimiento firmado el 17 de junio por Washington y Teherán dejó ambiguo el régimen de tránsito en Ormuz, y esa vaguedad está alimentando la crisis actual.
El mar Rojo se convierte en la réplica exacta de Ormuz: una vía estratégica cerrada por delegación iraní que aprieta los precios del petróleo y pone a prueba la capacidad de respuesta de la UE.
Arabia Saudí, mientras tanto, acusa a los hutíes de haber roto un alto el fuego que funcionaba desde 2022 bajo respaldo de Naciones Unidas. El detonante, según fuentes locales, fueron unos bombardeos que la semana pasada dañaron las pistas del aeropuerto de Saná, la capital yemení controlada por los rebeldes. Omán ya ha anunciado que media entre Riad, las partes yemeníes y la ONU para evitar un nuevo choque abierto.
El ataque y la confirmación oficial
El parte hutí detalla que la operación se ejecutó con “drones de ataque y misiles navales” contra dos embarcaciones identificadas por sus sistemas de vigilancia. La fuente saudí, citada por la Arab News, admite que el Layla sufrió daños en el casco pero que no hubo víctimas. El otro buque, el Encelia, habría evitado el impacto de los proyectiles y continuó su navegación.
La Marina de Estados Unidos ya ha desplazado destructores a la zona, según filtraciones del Pentágono, aunque no ha emitido un comunicado oficial. La OTAN, por su parte, mantiene la operación Sea Guardian en el Mediterráneo y podría ampliarla al Índico si la seguridad del tráfico mercante se degrada. De momento, Bruselas no ha reaccionado más allá de un tuit del portavoz comunitario en el que pide “contención a todas las partes”.
Impacto en las rutas del petróleo y el mercado global
El precio del barril de Brent, de referencia en Europa, subió de inmediato un 4,7% hasta rozar los 97 dólares, arrastrando consigo las cotizaciones de las principales petroleras. Los futuros del gas natural en el TTF neerlandés —el índice que marca los precios mayoristas de la electricidad en España— también repuntaron, porque los mercados descuentan ya el encarecimiento del transporte marítimo.
Para la Unión Europea, la situación es especialmente delicada. La dependencia del crudo del golfo Pérsico se ha reducido desde la guerra de Ucrania, pero el mar Rojo sigue siendo una vía de paso ineludible para el GNL y el diésel que llegan desde Oriente Medio y Asia. Un cierre prolongado obligaría a redirigir toda la flota por el sur de África, lo que añadiría entre 10 y 15 días de viaje y elevaría el coste del flete en al menos un 30%.
España, que importa el grueso del petróleo y del gas por mar, sufriría un impacto directo en la balanza comercial y en los precios finales de los carburantes. La gasolina de 95 octanos podría superar los 2 euros por litro si el bloqueo se mantiene más de dos semanas. Las centrales de ciclo combinado, que marcan el precio marginal de la electricidad en el mercado mayorista español, también verían reflejado el aumento en sus costes.

‘ alt=’Mapa con el estrecho de Bab el Mandeb y rutas del crudo’/>
El Eje del Poder Europeo
La crisis del mar Rojo llega en un momento en que la arquitectura de seguridad europea ya está tensionada por la guerra de Ucrania y la creciente hostilidad con Rusia. El cuello de botella que se estrecha en Bab el Mandeb recuerda al cierre de Ormuz de 2022, cuando Teherán ya amenazó con bloquear el paso y el crudo superó los 130 dólares. Aquel episodio sirvió para que Bruselas acelerase la diversificación de suministros hacia Estados Unidos, Noruega y el norte de África, pero no eliminó la vulnerabilidad de la ruta sur.
En clave interna, la nueva escalada expone las diferencias entre los Veintisiete. Los países del sur —España, Italia, Grecia— son los más expuestos por depender en mayor medida del crudo y del gas que transita por el Mediterráneo y el mar Rojo. Francia, con su flota propia de portaaviones y buques escolta, podría asumir un papel disuasorio, pero la inacción de la Política Común de Seguridad y Defensa limita cualquier respuesta conjunta. Alemania, con una economía aún renqueante, teme que una subida prolongada del petróleo lastre las exportaciones.
El precio de la energía es, una vez más, el termómetro de la cohesión europea. Si el Brent se mantiene por encima de los 95 dólares, el BCE tendrá que revisar al alza sus previsiones de inflación y, probablemente, posponer los recortes de tipos que ya estaba descontando para el otoño. Lagarde ya anticipó en la última reunión de Frankfort que los precios energéticos son el “principal riesgo al alza”. La subida de tipos, unida a un petróleo más caro, estrangularía a empresas y familias españolas justo cuando la recuperación empezaba a consolidarse.
En Bruselas, la presidenta Von der Leyen mantiene contactos discretos con Riad y Washington. La lectura estratégica es que Estados Unidos no quiere otro horno abierto mientras lidia con Irán en el Golfo, pero los hutíes —con el apoyo de Teherán— han aprendido a calibrar la presión justo por debajo del umbral que desencadenaría una respuesta militar directa. El tablero se completa con China, que ve en el caos del mar Rojo un argumento para reforzar su Belt and Road y consolidarse como garante alternativo de las rutas comerciales, especialmente con el este de África.
Para España, el momento no puede ser más delicado. La dependencia importadora de hidrocarburos, sumada a una economía de servicios muy sensible al precio del combustible, convierte al país en uno de los más vulnerables dentro de la eurozona. Moncloa ya ha solicitado un informe urgente a la Comisaría de Transición Ecológica y a Red Eléctrica para evaluar el escenario a 15 días y preparar un plan de contingencia si los precios se disparan. La ministra Ribera ha llamado a la calma, pero no ha descartado activar reservas estratégicas de productos petrolíferos si la situación se prolonga.
El desenlace dependerá de si Riad y Washington logran disuadir el bloqueo sin escalar la fuerza. Omán, mediador tradicional, puede ser la llave para un nuevo alto el fuego en Yemen, pero Irán no soltará la baza del mar Rojo mientras no obtenga concesiones tangibles en Ormuz. La UE, mientras tanto, asiste impotente a un conflicto en una ruta vital sin herramientas militares propias sobre el terreno. La petrolera nacional saudí Aramco ya ha retrasado varios embarques y las primas de seguro naval se multiplican por diez. Si la crisis dura, el efecto dominó llegará a las facturas de millones de hogares españoles antes de que termine el verano.

