El seísmo de magnitud 3,7 con epicentro en Ogíjares se sintió ayer con mayor intensidad en la Estación de Guadix, a más de 60 kilómetros, que en localidades mucho más próximas.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un terremoto de magnitud 3,7 sacudió la provincia de Granada el 26 de julio a las 15:39 horas, con epicentro en Ogíjares.
- ¿Dónde se sintió más? El Instituto Geográfico Nacional (IGN) asignó una intensidad macrosísmica III en la Estación de Guadix, superior a la de núcleos del cinturón metropolitano cercanos al foco.
- ¿Por qué es relevante? La inusual diferencia evidencia cómo el tipo de suelo y la profundidad superficial del temblor alteran drásticamente la percepción sísmica en Andalucía.
Un seísmo de magnitud 3,7 que se sintió de forma desigual
El movimiento telúrico, registrado por los sismógrafos del IGN a solo un kilómetro de profundidad, liberó una energía moderada pero se dejó notar con claridad en el Área Metropolitana de Granada. Vecinos de Ogíjares, Armilla o Albolote describieron un leve balanceo de lámparas y un zumbido sordo, propio de una intensidad II-III en la escala macrosísmica europea.
Lo que desconcertó a los expertos fue la lectura en la Estación de Guadix. Pese a encontrarse a más del doble de distancia que muchos de los municipios que reportaron el temblor, allí la intensidad se elevó a III, un grado que, aunque sigue siendo débil, implica que más personas lo percibieron y que objetos colgados oscilaron visiblemente. El IGN ha confirmado que se trata de un dato atípico dentro de un mapa de intensidades que rara vez dibuja círculos perfectos alrededor del epicentro.
El suelo, la profundidad y la percepción del temblor: qué pasó en Guadix
La explicación no está en la magnitud, sino en cómo viajan las ondas sísmicas. El hipocentro a un kilómetro —una profundidad extremadamente somera— hizo que las ondas superficiales, las que realmente sienten las personas, fueran especialmente intensas cerca del foco. Sin embargo, el terreno sobre el que se asienta la comarca de Guadix actuó como un amplificador natural.
La hoya de Guadix está formada por sedimentos blandos que, al ser atravesados por las ondas, vibran más tiempo y con mayor amplitud que los suelos más rígidos del área metropolitana de Granada. Es un fenómeno similar al que convierte en especialmente vulnerables a los barrios construidos sobre antiguos cauces. Además, el mapa de intensidades del IGN revela trazas alargadas e irregulares, no circunferencias, porque la geología local y la profundidad del foco distorsionan la energía sísmica.
A esto se suma que la intensidad macrosísmica no es una medida objetiva del movimiento del suelo, sino una clasificación de cómo se ha sentido el terremoto en cada punto: si se han movido muebles, si la población lo ha percibido y si ha causado grietas leves. Con magnitud 3,7 y foco tan superficial, lo esperable era una percepción más homogénea; la singularidad de Guadix confirma el peso de los factores locales.
Un seísmo de apenas 3,7 que provoca diferencias tan marcadas ilustra la complejidad del subsuelo granadino, una tierra habituada a temblar.
La Lectura Andaluza
La provincia de Granada es, junto con Almería y el mar de Alborán, una de las zonas sísmicamente más activas de la Península. El Instituto Geográfico Nacional contabiliza en Andalucía unos 2.500 terremotos al año, la mayoría imperceptibles, pero el mapa de peligrosidad sitúa a la cuenca de Granada con una probabilidad significativa de sufrir seísmos de intensidad VI o superior en un periodo de 500 años.
Para los andaluces que ayer sintieron el temblor en Ogíjares o en la Estación de Guadix, el episodio no pasó de un susto anecdótico. El 112 Andalucía no recibió avisos por daños y la actividad cotidiana continuó sin incidencias. Sin embargo, la peculiaridad de este seísmo sirve para recordar la importancia de la monitorización continua del IGN y del Plan de Emergencia Sísmica de Andalucía, que coordina la Junta de Andalucía a través del 112 Emergencias. Precisamente, la red de sensores de la región está considerada una de las más densas de Europa, lo que permite detectar con precisión milimétrica las diferencias de comportamiento entre municipios.
Lo que la anécdota de Guadix deja es una enseñanza de calado para la ordenación del territorio: no basta con saber dónde tiembla, sino qué tiembla bajo cada edificio. La geología local puede hacer que un temblor de magnitud 3,7 resulte más sentido a 60 kilómetros que al lado del epicentro. Esa es la lectura andaluza de un domingo que, pese al sobresalto, volvió a demostrar que Granada y su entorno conviven con la actividad sísmica con un nivel de vigilancia que la ciencia andaluza sabe poner en valor.

