La Reserva Federal mantiene los tipos en el 3,5%-3,75% y Kevin Warsh descarta un recorte antes de otoño

El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, logró un quinto hold consecutivo en los tipos, con tres miembros votando por subirlos. El mercado descuenta que no habrá recorte hasta después del verano y Trump redobla su presión para bajarlos de inmediato.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Reserva Federal mantuvo ayer los tipos de interés en el 3,5%-3,75%, en la primera decisión de Kevin Warsh como presidente del banco central.
  • ¿Quién está detrás? Warsh y otros ocho miembros votaron por un quinto hold consecutivo; tres disidentes, entre ellos la presidenta de la Fed de Dallas, presionaron por una subida.
  • ¿Qué impacto tiene? El mercado descuenta que no habrá recorte hasta después del verano, y Donald Trump redobló su presión pública para que la Fed baje los tipos de inmediato.

La Reserva Federal no se ha movido. Ayer, en su primera reunión al frente del banco central, Kevin Warsh mantuvo los tipos de interés en la horquilla del 3,5%-3,75% — el quinto hold consecutivo desde que la inflación comenzó a desacelerarse a principios de año. La decisión, adoptada por nueve votos a favor y tres en contra, refleja la cautela de un organismo que aún ve los precios demasiado altos para aflojar el freno monetario.

Warsh, que sustituyó en mayo a Jerome Powell, dejó claro en su comparecencia que el objetivo del 2% no es negociable. “La economía muestra una resiliencia impresionante”, afirmó, “pero la inflación sigue elevada en relación con nuestra meta”. Acto seguido, prometió: “Cumpliremos con la estabilidad de precios”.

Warsh debuta con tipos quietos y tres voces disidentes

No fue una decisión unánime. La presidenta de la Reserva Federal de Dallas, Lorie Logan, y otros dos miembros del Federal Open Market Committee (FOMC, el comité que fija la política monetaria) presionaron por un aumento “modesto”. Su argumento: la inflación subyacente no cede al ritmo deseado y el mercado laboral sigue fuerte. La resistencia de Warsh a subir tipos en su estreno sugiere que prefiere esperar antes de dar un volantazo que pueda interpretarse como un guiño político.

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Los datos le dan la razón a la cautela. El crecimiento del empleo sigue absorbiendo a los nuevos trabajadores, y la tasa de paro apenas se mueve. La inflación, sin embargo, se mantiene por encima del 2%, lo que deja al FOMC con las manos atadas para contentar a quienes reclaman un alivio inmediato.

Trump insiste: “Los tipos tienen que bajar”

El presidente Donald Trump no ocultó su frustración. Horas antes de la decisión, publicó en Truth Social: “¡Los tipos de interés demasiado altos!”. Y sobre Warsh, añadió: “Kevin es fantástico, pero tiene una junta con miembros muy políticos. Quiere hacer lo correcto. Yo sé lo que quiere hacer. Pero necesita el consentimiento de personas que quizá tengan malas intenciones. Los tipos deberían bajar”.

Trump nominó a Warsh en enero para sustituir a Powell, al que apodó “Demasiado Tarde” y calificó de “DESASTRE” por su resistencia a recortar tipos durante su anterior mandato. Ahora, el nuevo presidente de la Fed se enfrenta al mismo dilema: mantener la independencia del banco central o ceder a la presión de la Casa Blanca.

Warsh hereda el pulso entre la Casa Blanca y la Reserva Federal que marcó la era Powell, pero con una diferencia: Trump lo considera uno de los suyos.

El mercado ya ha descontado que no habrá recorte antes del otoño. Los futuros de los fondos federales apuntan a que la primera bajada llegaría como muy pronto en septiembre, y siempre que la inflación dé señales inequívocas de descenso. Eso mantiene al dólar fuerte y a las condiciones financieras globales más restrictivas de lo que le gustaría a la administración.

La Lógica de Washington

Desde dentro del sistema, la decisión de Warsh tiene una lectura clara: no está dispuesto a repetir los errores de Arthur Burns, el presidente de la Fed que en los años 70 cedió a las presiones de Nixon y dejó que la inflación se disparara. La credibilidad del banco central se construye sobre la percepción de que no recibe órdenes del Despacho Oval. Si Warsh hubiera cedido ahora, habría mandado una señal de debilidad que los mercados habrían castigado con prima de riesgo.

Para España, el statu quo monetario tiene dos caras. Un dólar fuerte — alimentado por tipos altos y la expectativa de que no bajarán pronto — abarata las exportaciones españolas en el mercado americano y favorece al turismo, porque viajar a EE. UU. sale más caro para los estadounidenses y España gana atractivo. Pero al mismo tiempo, la financiación en dólares de grandes empresas españolas con presencia en América — desde Iberdrola hasta Ferrovial — se encarece, y el Tesoro español nota el contagio en sus costes de emisión. Con la deuda pública por encima del 100% del PIB, cada punto básico que la Fed mantiene alto se traduce en millones de euros adicionales en intereses para las arcas públicas.

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La próxima reunión del FOMC está prevista para septiembre. Para entonces, Warsh tendrá dos informes de inflación más y una decisión política delicada: si los precios siguen resistiéndose, subir tipos para domarlos sería un gesto de autoridad que pondría a prueba la lealtad que Trump espera de él. Y si los baja, la pregunta será si lo hace por los datos o por la presión del presidente. Cosas que pasan en 2026.

Ficha del Caso

  • El caso: La Reserva Federal, bajo su nuevo presidente Kevin Warsh, mantuvo los tipos en el 3,5%-3,75% en una decisión con tres votos en contra que pedían una subida. Es el quinto hold consecutivo.
  • Datos clave: Inflación aún por encima del objetivo del 2%. El mercado descuenta que no habrá recorte hasta después del verano. Trump intensifica su presión pública para que bajen los tipos.
  • Para España: Un dólar fuerte favorece las exportaciones españolas, pero encarece la financiación en dólares de grandes empresas y mantiene al alza los costes de la deuda soberana. La independencia de la Fed es clave para la estabilidad global.