El 98% de los españoles sufren llamadas spam: la OCU denuncia el fracaso del prefijo 400

La OCU señala que ni las operadoras ni Apple logran frenar las comunicaciones no solicitadas. La normativa del prefijo 400 sigue sin desplegarse y el filtro de iOS silencia llamadas legítimas.

El 98% de los españoles sigue recibiendo llamadas spam en 2026, según el último estudio de la OCU. La denuncia del organismo de consumidores pone en evidencia el fracaso de las regulaciones aprobadas en los últimos años, desde la modificación de la Ley General de Telecomunicaciones en 2023 hasta la Ley de Servicios de Atención a la Clientela (SAC), que dio origen al esperado prefijo 400. A pesar de los filtros de operadoras y de los sistemas de bloqueo de Apple, las llamadas no deseadas continúan colándose en la rutina diaria de millones de usuarios, erosionando la productividad y la confianza en las comunicaciones digitales.

Claves de la operación

  • La magnitud del problema no cede. El 98% de los consumidores consultados por la OCU afirma que recibe llamadas comerciales sin haber dado consentimiento explícito, una prueba de que la normativa de 2023 apenas ha tenido efecto en la práctica.
  • Las herramientas actuales son un parche. Telefónica, MásOrange y otras operadoras señalan las llamadas como “sospechosas” sin bloquearlas; el filtro de iOS 26 silencia los números desconocidos, pero también impide llamadas legítimas.
  • El prefijo 400 sigue sin desplegarse. Anunciado por el Gobierno para octubre de 2026, aún no se estandariza y muchas empresas continúan utilizando numeraciones convencionales, burlando la obligación de identificarse como actividad comercial.

La Ley SAC prometió el prefijo 400, pero su despliegue sigue estancado

Aprobada en diciembre de 2025, la Ley SAC obligaba a las compañías que realizan llamadas comerciales a usar un prefijo identificativo, el 400, para que el consumidor supiera de antemano el carácter de la comunicación. Sin embargo, la implantación del prefijo 400 avanza a un ritmo mucho más lento del previsto y, a día de hoy, la mayoría de las empresas sigue usando números convencionales. El propio Gobierno ha señalado que la estandarización podría no llegar hasta octubre de este año, pero fuentes del sector ponen en duda ese plazo dada la complejidad técnica y la falta de incentivos para las teleoperadoras.

Este retraso se suma a la norma de 2023, que exigía el consentimiento explícito del usuario para recibir comunicaciones comerciales. En la práctica, los mecanismos de “consentimiento por defecto” y las casillas pre-marcadas han convertido esa exigencia en papel mojado, permitiendo que las bases de datos de marketing sigan alimentándose sin un permiso real del consumidor.

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Los filtros de operadoras y Apple actúan como parche, no como solución

Ante la ineficacia normativa, las operadoras han desplegado sistemas de alerta en sus líneas. Movistar, Orange, Jazztel y otras quince compañías muestran un aviso de “posible spam” en la pantalla del terminal cuando entra una llamada de un número sospechoso. Pero la advertencia no impide que el teléfono suene, interrumpiendo reuniones, comidas o descansos. Además, marcas como Digi y Vodafone aún no ofrecen este servicio y, según diversas fuentes, no tienen previsto implementarlo en el corto plazo.

Por su parte, Apple introdujo en iOS 26 dos opciones de filtrado. La más efectiva silencia las llamadas de números no guardados y las envía directamente al buzón de voz; la otra activa una locución de Siri que solicita el motivo de la llamada antes de que el usuario descuelgue. El filtro silencioso es letal para el spam, pero también bloquea comunicaciones importantes de repartidores, médicos o servicios de emergencia, generando un nuevo problema de incomunicación.

OCU llamadas no deseadas

El 98% de los españoles sigue recibiendo spam telefónico: las leyes actuales no funcionan y el prefijo 400 acumula retrasos.

El coste intangible de las llamadas no deseadas

Más allá de la molestia personal, el spam telefónico tiene un impacto económico que rara vez se cuantifica. Cada interrupción no deseada rompe la concentración de los trabajadores, retrasa entregas y multiplica las quejas al servicio de atención al cliente. Si a eso se añade la desconfianza que generan las estafas telefónicas —que a menudo se camuflan entre el ruido del telemarketing—, el coste en reputación y productividad es difícil de ignorar.

La OCU ya ha advertido que mantendrá la presión regulatoria y no descarta llevar el incumplimiento de la Ley SAC ante las autoridades de consumo. Mientras tanto, la solución tecnológica sigue dependiendo de herramientas que exigen al usuario renunciar a la comunicación con desconocidos, lo que choca con la realidad diaria de una economía en la que el primer contacto comercial, la cita médica o la entrega de un pedido suele producirse a través del teléfono.

Desde esta redacción entendemos que el fracaso del prefijo 400 no es solo un problema de implementación técnica; es la enésima evidencia de que la regulación española en materia de telecomunicaciones llega tarde y con escasa capacidad de ejecución. La experiencia de otros países, donde los identificadores de llamada comerciales funcionan desde hace años gracias a sanciones disuasorias, deja claro el camino: sin multas contundentes, el spam seguirá sonando.

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